Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Remolcador, Represión, La denuncia de hoy

Veinte años del crimen del remolcador 13 de Marzo

¿Cómo es posible que alguien justifique de algún modo la muerte de 41 personas, incluidos niños y mujeres?

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Van a cumplirse 20 años de esa madrugada del 13 de julio de 1994, en que los cubanos dormían agobiados por las penurias de uno de los años más fieros de lo que, Fidel Castro, en 1990, con ese cinismo, esa omnipotencia que lo caracterizan había denominado “Período Especial”, una curva desastrosa en la historia económica y política de la Isla, que se mantiene hasta hoy.

Bueno..., debemos hacer la salvedad de que esa madrugada fatal, no todos los cubanos dormían presa del agobio que genera la miseria: como ocurre desde que existe el castrismo, otros, ellos, los altos jefes, lo hacían plácidamente a costa del sojuzgamiento que aplicaban y aplican a su pueblo hace más de medio siglo.

Intentando huir de las penurias y la opresión generalizadas, la madrugada dicha, allá en el Puerto de La Habana, un grupo de 72 cubanos, que incluía hombres, mujeres y niños, trataba de alcanzar alta mar luego de haberse apoderado del remolcador 13 de Marzo, perteneciente a la Empresa de Servicios Marítimos del Ministerio de Transporte de Cuba.

Pero no llegaron lejos.

Solamente lograron avanzar siete millas.

Dos barcos de la misma empresa, también remolcadores, (en los que ya ven, claro, viajaban también cubanos) atacaron a los fugitivos valiéndose de mangueras de agua a presión, a la vez que cercaban y arremetían contra el 13 de Marzo.

Luego, varios de los sobrevivientes declararían que sus perseguidores, en su frenesí, ignoraron las súplicas que ellos les hacían llegar.

Es decir, no hubo piedad.

Finalmente, el 13 de Marzo se hundió llevándose hacia el fondo de aquel mar nocturno a 41 personas; entre ellas a 19 niños, uno de cinco meses de nacido, y otros de 2 y 3 años de edad.

Posteriormente, 41 de los fugitivos fueron rescatados a medias por guardacostas cubanos; digo “a medias” porque los supervivientes han hecho saber que estas embarcaciones, durante lo ocurrido, se hallaban, expectantes, en las inmediaciones y solo al final permitieron que los náufragos nadaran hacia ellas (que los náufragos nadaran hacia ellas, no viceversa).

Los que entonces vivíamos en Cuba nunca supimos la verdad de lo ocurrido. Los que aún viven allá, salvo la élite gobernante, o los gobernantes en la élite, amén de esos casos excepcionales de personas que, por una u otra razón, reciben la información que el régimen niega a los demás, todavía no lo saben.

Como es habitual en sucesos semejantes, la prensa cubana —toda oficialista, toda en la nómina del gobierno— mantuvo silencio, no obstante las insistentes denuncias de los medios internacionales.

Pero, al fin, el 5 de agosto de aquel mismo año, Fidel Castro, a sangre fría, en una rueda de prensa con los (sus) medios, exaltó la actuación de las naves atacantes, a las que atribuyó un “esfuerzo verdaderamente patriótico” puesto que, según Castro, estaban defendiendo “sus medios de trabajo” (el remolcador), que pretendían sustraerle.

Dijo: “¿Qué vamos a hacer con esos trabajadores que no querían que les robaran su barco, que hicieron un esfuerzo verdaderamente patriótico, pudiéramos decir, para que no les robaran el barco? ¿Qué les vamos a decir? ‘Oigan, dejen que se roben el barco, no se preocupen por el barco’”.

En la propia alocución, Fidel Castro dejó claro que el 13 de Marzo era un remolcador que “tenía hasta una vía de agua, en muy malas condiciones para hacer eso [huir del país, tomar alta mar]; fue una irresponsabilidad tremenda, ese remolcador se hundía solo aunque no hubiesen chocado con él”.

Las preguntas:

1) ¿Si el remolcador se hallaba en tan malas condiciones, si era “un medio de trabajo” de tan poco valor, para qué perseguirlo?, ¿para qué tratar de retomarlo mediante una acción tan riesgosa?

2) ¿Si “se hundía solo”, para qué perseguirlo? ¿Si “se hundía solo” por qué no avisarles a quienes lo habían sustraído, en lugar de abacorarlos?

3) ¿Si estaba en tan malas condiciones, si “se hundía solo”, por qué no escoltarlo, esperar la luz del día y, entonces, trasbordar a quienes viajaban en él y así salvarlos?

Ya sé lo que han pensado los lectores sobre lo expresado por Castro: ¿cómo será posible que alguien justifique de algún modo la muerte —una muerte en desventaja, y horrible— de 41 personas, incluidos niños y mujeres? ¿Algún “medio de trabajo” en esta tierra vale 41 muertes de personas inocentes, indefensas, inofensivas?

Creo que las respuestas a estas preguntas las podemos hallar en un libro que leí hace poco: “Fidel Castro es capaz de pisotear la rosa y degollar al zunzún, sin pensarlo dos veces, con tal de imponer su aberración”.

En la intervención de aquel 5 de agosto de 1994, Castro no hace mención de los chorros de agua con que atacaron, sin descanso, a los ocupantes del 13 de Marzo. Pero sí que “Llegaron las patrulleras Griffing, con muchos más recursos, muchos más salvavidas, mucha más experiencia, y sacaron a 25 personas del agua; entre remolcadores y patrulleras sacaron a 31 personas del agua”.

Asimismo, Fidel Castro repite entonces que todo no fue más que un “accidente”. Pero no hace referencia al Artículo 48, del Código Penal que rige en Cuba, en el cual se establece proceso legal por los delitos cometidos por imprudencia.

Ese mismo año, familiares de las víctimas se dirigieron a las autoridades cubanas para que aquellas fueran rescatadas del fondo del mar. La respuesta que recibieron: Cuba no contaba con los recursos tecnológicos imprescindibles para extraer el remolcador y por tanto a los cadáveres.

Ya ven. Así van las cosas.


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