Actualizado: 23/09/2022 21:11
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Código, Familias, Referendo

¿Votar o no votar en el próximo referendo?

Un plebiscito para aprobar o rechazar de manera popular un código de familia, más que unir a la sociedad civil, nuevamente la divide

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El poco creíble plebiscito que organiza la tiranía, refrendará el Código de las Familias. Casualmente, ya apareció publicado en la Gaceta Oficial, con el número de ley 156/22. La dictadura comunista lo presenta como una disyuntiva, a una sociedad agotada, como nunca, por la incertidumbre, falta de perspectiva, y la dantesca represión contra el pensamiento liberal. Pero, además, por la poca credibilidad de los tribunales, y mucho más de la organización electoral.

Las opciones políticas de la cubanía están limitadas por el “corralito” establecido, pues una rebelión popular seria condenada por la comunidad internacional, tan políticamente correcta, independiente de sus intereses depredadores sobre nuestro país.

Pienso en los mexicanos enarbolando la Doctrina Estrada, para no inmiscuirse en la matanza de civiles. La Organización de Estados Americanos, condenando al gobierno surgido de la insurrección popular como hizo contra Honduras en 2009. O la posición del Grupo de Lima, ante la masacre en Venezuela en 2017. Y ahora mismo, con los desmanes de la familia Ortega en Nicaragua.

A lo anterior, se suma la atomización de la sociedad civil. Esa división impide tomar decisiones ejecutivas consensuadas, aprobada por una clara mayoría, establecer estrategias de trabajo, y claramente una hoja de ruta para la democratización. Porque ninguna de las dos posiciones es buena “per se”. Con un liderazgo consensuado cualquiera de ellas nos daría la victoria. Por eso un plebiscito para aprobar o rechazar de manera popular un código de familia, más que unir a la sociedad civil, nuevamente la divide.

El no voto, es una posición razonable, fuerte y lógica. Le asisten razones de peso. La ley ya fue publicada en la Gaceta oficial, el pasado 17 de agosto, y deberá entrar en vigor el 17 de noviembre (90 días después de publicada). Más allá de las urnas, la Ley 156/22, Código de las Familias, ya está aprobada. Como dice la colega Miriam Celaya “debiéramos dejar de ser idiotas de una vez, para despertar al irrebatible hecho de que toda coreografía democrática de ‘participación ciudadana’ en esta isla es una colosal tomadura de pelo”.

Germán Gonzáles, un economista activo en las redes, recuerda que dos millones de cubanos, residentes en el exterior están excluidos del voto plebiscitario. Otra razón para no participar en él.

A estos dos elementos de análisis se suman otros muchos. Solo citaré tres: 1- La parcialidad de la Comisión Nacional Electoral (son miembros del partido comunista y se subordinan). 2- No hay observadores electorales independientes. 3- Los mecanismos de presión y represión sobre muchos ciudadanos, entre ellos militares profesionales y conscriptos (ejército, policía, y civiles de esas instituciones, (más de un millón de votantes). La opción del no voto está plenamente justificada.

En nuestra patria hay un déficit de ciudadanía (civismo), liderazgo político, cultura política, y ética pública. Pero esas no son suficientes razones para no ir a votar. Si chilenos, españoles, surcoreanos y tantas otras sociedades transitivas, se hubieran guiado así, según la Celaya, y apoyada con entusiasmo desde Miami por Mario J. Pentón, todavía vivirían bajo la espada militar.

Y les comento a ambos, votar el 25-S, no es el final del proceso transitivo. Solo el principio de un grupo de tareas impuestas a los transformadores. Eso va desde el trabajo con las bases, el entrenamiento en el dialogo, hasta el surgimiento de un nuevo liderazgo pragmático y reciclable.

Votar el 25-S, no es ir a una concentración progubernamental, como argumentan algunos colegas. Es apropiarse de un derecho, que “ellos”, la tiranía, manipula, conculca, y quebranta, sino te organizas, proyectas y lanzas a la batalla de las elecciones. Un paralelo pudiera ser el de aquellos aspirantes a restaurar la Constitución de 1940, pero desinteresados en participar en cualquier proceso porque no se repone, pero a la vez no se repone pues ellos no toman la sartén por el mango. Eso se llama en teoría de la negociación “juego de suma uno”. Gana uno, la tiranía. Porque el otro, la oposición, no participa.

Si queremos construir la democracia de, la ley a la ley, donde predominen gobernabilidad y gradualidad, donde ampliemos nuestra base social y liderazgo, y difundamos nuestro mensaje libertario, puerta a puerta, debemos ver el problema de otra manera.

Cuarenta y cinco años (1975-2020) de abstención electoral de la sociedad civil cubana, no dio ningún resultado.

Convocar y participar en el plebiscito del 25-S, votando NO, creará el escenario propicio para el establecimiento de alianzas y acuerdos entre las diferentes líneas prodemocráticas. Permitirá el establecimiento de estrategias de trabajo a largo plazo. Y será un entrenamiento práctico, del proceso de toma de decisiones para los líderes democráticos de la oposición y la sociedad civil.

¿Qué otras oportunidades se nos abren, si votamos NO, el 25-S? Veamos… Nos insertaremos realmente en el espacio propositivo nacional, con ideas y fórmulas diferentes al discurso oficialista. Tendremos la oportunidad de crear pilares, para el surgimiento de nuevos tipos de movilizaciones contra el estado totalitario. Aplicaremos otra forma de trabajo, ajena a ciertas prácticas viciosas y negacionistas. Y daremos una señal fuerte a la sociedad, y a los reformistas dentro del estamento del poder

Además, promover la participación en el 25-S, permite identificar y formar agentes de cambio a nivel comunitario para trabajar en nuevas tareas políticas. Esto se logrará, solo si previamente se hizo un trabajo con los diferentes actores de la ciudadanía. Y contribuyan a una nueva formación del criterio electoral. Y si se utilizaron previamente para la difusión del mensaje de manera estructurada el uso de las redes sociales y otros medios de comunicación y convocatoria.

Coda

La suerte está echada. Veremos que nos depara este ejercicio político. De cualquier manera, 200.000 cubanos habrán huido de nuestra patria en el último año.


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