Actualizado: 20/11/2017 9:27
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Automóviles, Cambios

¡Ya podemos comprar carros!

Muchas de las medidas gubernamentales, en los últimos años, se dirigen a fomentar espacios de consumo para la clase media emergente

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La reciente disposición que autoriza a comprar autos en Cuba, es positiva. Durante decenios los dirigentes cubanos basaron en buena medida su dominación en fragmentar todo: la sociedad, los mercados, la actividad pública, la memoria. De manera que la totalidad sólo se realizaba en el top autoritario que ellos representaban. Y en consecuencia, todo lo que sea desenmarañar la madeja autoritaria del país, es beneficioso para la sociedad.

Obviamente que la medida tiene sus aristas conflictivas.

La primera se refiere a sus implicaciones ambientales y urbanas, particularmente en Cuba, donde existe un déficit brutal de transporte público, y donde, en consecuencia, el auto privado es percibido como necesidad. En una ciudad como La Habana, por ejemplo, un incremento ligero del parque vehicular va a incidir en embotellamientos, déficit de estacionamientos, insuficiencia de gasolineras y otros problemas propios de una ciudad cuya infraestructura es básicamente la que tenía hace 60 años.

En tal contexto habrá que decidir qué hacer con vías como la Quinta Avenida, esplendorosa arquitectónicamente, pero constreñida en términos viales a dos modestos carriles por cada senda. O que edificios derrumbar en la ciudad para hacer parqueos. Si a ello sumamos que muchos de esto autos serán de uso, habría que aceptar que van a sumar sus tubos de escapes a los de sus homólogos soviéticos, para seguir incrementando los niveles de contaminación de una ciudad que ya tiene tramos irrespirables.

Obviamente, este panorama hubiera sido diferente si los recursos que se dilapidaron en los caprichos del “máximo líder”, en las guerras extracontinentales, en cavar túneles inútiles y en perseguir medallas de oro en las Olimpiadas, se hubieran invertido en un sistema racional de transporte urbano como los que tienen —con mayores o menores deficiencias— la mayoría de las grandes ciudades latinoamericanas. Pero ya esto es historia.

Lo que no es historia, sino futuro, es el propósito de estas aperturas de la “actualización” del General/Presidente. Si observamos las acciones de auspicio más resonantes adoptadas por el gobierno en los últimos años, no es difícil observar que una parte muy grande de ellas se dirigen a fomentar espacios de consumo para la clase media emergente. Lo cual va dirigido a satisfacer a los sectores beneficiados con la apertura (imprescindible si se quiere que esos sectores sigan funcionando como actores económicos) pero también a consolidar una base social para el futuro capitalismo cubano.

La liberalización de la venta de autos —como antes de las viviendas, o del acceso a hoteles y celulares, entre otras— no son acciones dirigidas a la población que permanece al margen de la movilidad social y fuera del mercado dolarizado de consumo. Son medidas en beneficio de los sectores que han logrado dar algunos pasos para engrosar la legión de los que los tecnócratas llaman “los ganadores”. Y que en esencia se nutre de tres fuentes: negocios privados exitosos (que en Cuba siempre significa aquiescencia política), corrupción pública y recepción de remesas.

En un futuro no lejano veremos nuevos pasos en esta dirección. Una, por ejemplo, pudiera ser la provisión de servicios de cable/TV a precios altos y con paquetes de canales políticamente inocuos. Otra, la provisión de internet en las propias casas, tal y como sugirió recientemente un economista en una charla a altos oficiales del MININT y que curiosamente fue filmada por los equipos del Ministerio del Interior, y colgada sin objeciones en YouTube.

Tan interesante como ello es que el economista también invitó a los oficiales del MININT a realizar en esta área su trabajo de control, “exitoso” le llamó. Un síntoma interesante que pudiera indicar el surgimiento de una clase media conservadora que apoyará o no se opondrá al gobierno mientras se regodea en la magia del consumismo. Al menos por el tiempo suficiente para completar esta nueva transición hacia el capitalismo tercermundista que planifican militares y tecnócratas.


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Un automóvil en venta en Cuba.

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