Actualizado: 29/11/2021 15:04
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Adalberto pone a gozar a La Habana

El más reciente disco de El Caballero del Son enfatiza su proyecto: la fusión de elementos de la trova con la exuberancia de lo bailable, el latin jazz y la salsa timbera.

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En 1979, la EGREM lanzó un álbum que causó conmoción en el ambiente sonero cubano: A Bayamo en coche / Son 14, producido por el pianista y concertista Frank Fernández bajo la dirección orquestal de un joven músico desconocido entonces para algunos.

Aquella grabación hizo que los bailadores se detuvieran, dejaran de "tirar los pasillos" de siempre y prestaran atención a algunos aires armónicos inusitados en la música bailable de la época. Ya Adalberto Cecilio Álvarez Zayas (La Habana, 1948; nació en la capital por accidente) se había dado a conocer como compositor y arreglista: algunas piezas suyas se escuchaban en la radio interpretadas por el Conjunto Rumbavana ( Realidad y Solución, Sobre un tema triste, Son de Adalberto…), dirigía un grupo sonero en Camagüey (Conjunto Avance) y daba clases en la Escuela Provincial de Música.

En noviembre de 1978, en un baile del popular barrio santiaguero de Santa Úrsula, presentó el Conjunto Son 14. Aquello fue apoteósico: la voz "aguardentosa" de Eduardo Tiburón Morales con sus graciosas improvisaciones, unida a los singulares elementos tímbricos de las percusiones, en diálogo con la estridente sección brass (trombones y trompetas), propició más de una algarabía en los exigentes bailadores orientales. Todo el mundo (musicólogos, locutores de radio, animadores de televisión, revistas especializadas, bailadores…) empezó a hablar de la nueva agrupación sonera.

Luego vinieron otras grabaciones, asesoradas y producidas por Frank Fernández, con la incorporación de Félix Baloy (sonero de timbre envidiable y extensión cantábile que recuerda al Benny) e invitados como Pancho Amat (tresero de virtuosismo ponderado que ha sabido fusionar muy bien algunas inflexiones de Arsenio Rodríguez con los elementos lúdicos del Niño Rivera). Son como son (EGREM, 1981) y Adalberto Álvarez presenta Son 14 (EGREM, 1983), entre otros álbumes, confirmaban a Son 14 como una importante agrupación sonera del Caribe. El pianista Papo Lucca no dudó en elogiarlos e incorporó algunas de sus piezas al repertorio de la Sonora Ponceña.

Después de cinco años al frente de Son 14, su creador decide formar una nueva orquesta. Nace Adalberto Álvarez y su son. Uno de los primeros trabajos fue un disco con Celina González, considerado hoy un clásico por las sugerentes orquestaciones de los viejos sones, guajiras y pregones de Celina y Reutilio, resuelto con un curioso ensemble donde se destacó la inclusión del pianista Frank Fernández. Celina con Frank y Adalberto (EGREM, 1987) fue otro suceso clave en la renovación de la música popular de los años ochenta.

Cadencia montunera

Gozando en La Habana (Bis Music, La Habana, 2008), producido por Artex, es el trabajo más reciente de Adalberto Álvarez y su Son. Esta vez disfrutamos diez composiciones bailables, entre sones, boleros, guarachas y timbas: ocho firmadas por Álvarez, una por el legendario sonero Benigno Echemendía y otra por el violinista Dagoberto González Piedra.

Hay que precisar que nuestra música bailable ha adolecido de algunos males en los últimos años. Quizá su talón de Aquiles más evidente sea la concepción del montuno / mambo, a veces chabacano y repetitivo, y otras imaginativo y juguetón (Arsenio Rodríguez, Faustino Oramas, José Luis Cortés, Juan Formell…).

Si algo sobresale en Gozando en La Habana es la lúdica cadencia montunera que se pasea por las pistas que lo conforman. El arreglo del clásico Camina y prende el fogón (Echemendía) ejemplifica esa rijosa manera que tiene este conjunto a la hora de montunear: los metales subrayan y proponen los apuntes rítmicos-melódicos, en consonancia con el bajo y la percusión, para que el cantante solista improvise con fraseo encabalgado sobre las tonalidades del piano (ejecutado con sabrosos ecos de Lilí Martínez y Peruchín por la hija del director, Dorgeris Álvarez), hasta lograr una colorida atmósfera polirrítmica.

En esta propuesta, el hijo ilustre de Camagüey desarrolla y define la sonoridad híbrida que lo ha caracterizado como arreglista y director: fusión de los elementos líricos de la trova tradicional (Corona, Garay, Ruiz, Vera, Delfín…) con la exuberancia de lo bailable (Arsenio Rodríguez, Chapottín, Lilí Martínez, Piñeiro…), desde la incorporación inteligente de figuraciones del latin jazz y recreaciones de salsa latina con vigores timberos.

Admite Álvarez: "Trato de retomar el baile de casino y de continuar mi concepto de timba son". Para bailar casino (2003) y Mi linda habanera (2005) respaldan esta declaración. Gozando en La Habana transita por los mimos senderos: "Amor de mentira", "La manía de Caridad" y "Si no vas a bailar" son tres sabrosonas guarachas que los líderes vocales saben colocar en los extremos hasta timbearlas con acertadas improvisaciones rumberas que propician el baile en hato del casino.

Los arreglistas logran una acertada "armadura casinera": gracia y elegancia en tumbaos donde se conjugan las propuestas armónicas-rítmicas. El ambiente que se consigue, de inclinada sandunga timbera, se debe a la acentuación silbante de los metales y a las majaderas "escapadas" de la joven pianista, que sabe digitar momentos de alucinante motivación bailable.

¿Escuchar o bailar?

"Si me fuera dado un deseo, pediría un pedacito en el alma de los bailadores", confiesa el fundador de Son 14.

Es interesante señalar la ejecución del bolero/son Hasta aquí llegó este amor, que remite al sonido Chapottín y concluye con montuno de elegante catadura. Aprende muchacho (D. González) nos traslada con nostalgia a la legendaria Aragón; las clásicas Cuestiones de amor, Son para un sonero, El son de Adalberto…, recreadas en popurrí de los ochenta y noventa, son un regalo que los bailadores agradecen.

La más reciente producción de Adalberto nos pone en la disyuntiva de escuchar o bailar: los sugerentes espacios rítmicos de las composiciones y el columpio desafiante de los colores orquestales hacen que los melómanos se deleiten y que los bailadores pisoneen las tablas hasta el cansancio.

El Caballero del Son, alias Adalberto Álvarez, sabe poner los tonos en lugares precisos. Corona la cadencia con sabores fuertemente arraigados monte adentro, que, sin embargo, goza en La Habana bailando casino.


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Videoclip 'Un pariente en el campo'

Adalberto Alvárez y su Son, Dir. Ian Padrón, CD 'Mi linda habanera', sello Bis Music.

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