Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Alcohol, Cocteles, Cine

Alcohol y Cine

Un recorrido por temas, películas, actores, directores y escritores, con el acompañamiento de los tragos más diversos

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La única cantidad peligrosa de alcohol es cero
Homer J. Simpson

El vendedor de aspiradoras metido en problemas económicos James “Jim” Wormold (Alec Guinness) está disfrutando, en un bar de La Habana, de su bebida favorita, un daiquirí preparado con ron blanco, hielo picado, jugo de limón y algo de azúcar.

De pronto es abordado por un tipo bastante misterioso que se identifica como Hawthorne (Noel Coward). Ese hombre, que aparece como de la nada, cambiará la vida de Wormold y a su vez, la dinámica del espionaje inglés, aunque de espía tenga lo que tenemos todos nosotros de astronautas.

¿La reconocen? Claro que sí, se trata de la cinta de 1959 Our Man in Havana, filmada casi totalmente en Cuba —hasta Fidel Castro visitó el set de rodaje en la Plaza de la Catedral y se fotografió con los actores— sobre el guion de la novela del mismo nombre del escritor británico Graham Greene. La película, que fue nominada para un Golden Globe, pero no lo ganó, ha pasado a la historia de la cinematografía y casi nadie la ve hoy, pero el daiquirí no, sigue ahí, como el primer día. Por cierto, Hemingway, que le daba muy duro al daiquirí preparado por el barman Constante Ribalaigua, propietario del Floridita, le añadía una onza de marrasquino y un poco de jugo de toronja. Y “Papá”, no lo duden, sabía de eso.

El alcohol muy pocas veces hace que una película sea buena (los directores y actores alcohólicos son otro tema), pero una buena película sin algo de alcohol está, me parece a mí, como desamparada.

El duro Rick Blaine (Humphrey Bogart) jamás bebía con sus clientes. Era demasiado profesional como para hacer algo así, pero Ilsa Lund (Ingrid Bergman), “que pinta la cara de él con sus ojos”, según el crítico de cine Roger Ebert, lo saca de paso y le obliga a sentarse junto a ella. Estamos hablando, todos lo saben, de Casablanca (1942), el filme dirigido por Michael Curtiz, una producción barata que nadie esperaba se convirtiera en una de las más vistas y perdurables de la historia de la cinematografía. No existe una lista de las diez mejores películas de todos los tiempos en la que no aparezca, a veces hasta en el primer lugar.

¿Pero que bebían Ilse y Rick?

Pues bebían, entre otras muchas cosas, French 75, un viejo trago preparado con una y media onza de ginebra mezclada con jugo de limón, azúcar y champagne, del bueno, eh, hasta llenar completamente la copa. Le pusieron ese nombre los soldados británicos que combatieron en la Primera Guerra Mundial a causa del abundante champagne francés que encontraban escondido en los sótanos y el cañón galo M1897 de 75 milímetros. Un arma de artillería malísima pero que pasó a la historia por un trago muy, muy bueno. Linda historia, sí, pero no se engañen, fueron los ingleses los que nombraron el coctel, pero quienes lo hicieron realmente famoso fueron los traficantes de alcohol italianos y judíos durante la Ley Seca. Aunque pensándolo bien, qué más da. —¡Play it again, Sam!

Decía que una película sin alcohol está desamparada porque un buen trago es una forma de aplacar las malas vibraciones de la gente, siempre que no se intoxiquen demasiado, claro. Y mejorar las vibraciones del ambiente es una de las virtudes del buen cine. ¿O no?

Mencionamos más arriba al viejo Hemingway, un respetable curda de clase A, y que mejor entonces que recordar la cinta The Snows of Kilimanjaro (1952), basada en una de sus novelas cortas. El escritor fracasado Harry Street (Gregory Peck) se está muriendo de gangrena justo frente al fabuloso paisaje del monte Kilimanjaro (La casa de Dios le dicen los africanos al solitario volcán apagado), y es solícitamente atendido por su abnegada y aburrida esposa Helen (Susan Hayward). Pero el hombre, un cabrón, al fin y al cabo, como todos, no hace más que pensar en la fallecida Cynthia (Ava Gardner) mientras se medica todo el tiempo con Gimlet, una mezcla de onza y media de ginebra con media onza de licor de lima, que era lo mismo que bebía en París con la difunta. Que conste, yo también pensaría en Ava Gardner, perdón, en Cynthia, si estuviera en su caso, o hasta sin estarlo. Andando el tiempo, en el año 2002, Warren Schmidt (Jack Nicholson), en About Schmidt volvería a poner de moda el Gimlet, pero utilizando vodka en lugar de ginebra.

Un aparte. Ernest Hemingway, y eso no puede extrañarnos, inventó un trago. Él lo llamó Death in the Afternoon: Ponga un tercio de absenta en una copa larga y luego añada champagne hasta que se ponga opalescente. —esas son sus propias palabras—. Pero sus amigos, estamos tentados de decir “amigotes”, le llamaban el “Champagne de Hemingway”. Que sepamos, no ha salido en ninguna película. Pero sí salió en The Sun Also Raises (1957), dirigida por Henry King, el Jack Rose, un coctel que parecía gustarle mucho a Hemingway —una buena dosis de brandy, un poquito de granadina, algo de jugo de limón, nada de hielo y una cereza y un corte de manzana sin cáscara atravesados por un palillo— y que Jake Barnes (Tyrone Power) le ofrece, esperando algo en retorno, a Lady Brett Ashley (Ava Gardner).

Quedamos en que un poco de alcohol le da buena vibra a las películas ¿cierto? Pero la cosa no termina ahí. Los tragos pueden ser simples y directos —se supone que directos al alma, aunque en verdad es al hígado adonde suelen ir a parar— o por el contrario pueden complicarse. Veamos.

Blue Hawaii (1961) es un bodrio filmado para que Chad Gates (Elvis Presley) cante sus canciones. Chad tiene una novia que se llama Maile Duval (Joan Blackman), una suegra a la que le dicen Sarah (Angela Lansbury) y unos paisajes de película (esa es la idea, ¿no?). Pero lo más recordable de esta producción, además de las canciones, unas pocas, es el Mai Tai, un trago hecho con ron añejo, Curacao, sirope de ágave, sirope de almendras, jugo de limón, hielo y una rodaja de piña y una fresa, ambas ensartadas en el borde del vaso. ¿Quiere usted algo más complicado que eso?

Más no, pero menos complicado fue el Dry Martini —los, porque fueron muchos— que consumieron el periodista de investigación Jim Branch (Clark Gable) y la extraña testigo Sharon Norwood (Constance Bennett) en la producción After Office Hours, de 1935. Dos onzas y media de ginebra, media onza de vermouth seco, una copa fría y una aceituna, nada más. Si le cambias la aceituna por una cebollita en vinagre se llama entonces Gibson, y la verdad es que tengo que averiguar de dónde sale ese apellido. Pero sí sé que lo tomaba, con su cebollita y todo, Margo Channing (Bette Davis) en esa memorable producción que se tituló All About Eve (1950).

En realidad, el Dry Martini —si exceptuamos la cerveza, el vino, los cordiales y el whisky a pulso, que no vamos a tratar, serían interminables esas menciones, en este breve artículo— es el coctel con alcohol más consumido en la historia del cine. Vaya otro ejemplo entre decenas: El Joker (Jack Nicholson) lo bebe con fruición en Batman (1989). Y hay variantes, como el Vodka “Vesper” Martini, o Vodkatini, en el que se sustituye la ginebra por vodka, bebida que solicita el agente 007 (Daniel Craig) mientras se lo juega todo, incluso la vida, en Casino Royale (2006). —Agítalo, no lo revuelvas (Shaken, never stirred, please). —le dice, y queda para la historia, James Bond al barman. Pero, ¡oh, sorpresa! no fue el agente 007 el inventor del Vodkatini; ya lo habían metido antes en sus películas Stanley Kubrick, en Eyes Wide Shut (1999) y Sofía Coppola en Lost in Translation en el año 2003.

¿Y después? Pues sí, lo bebe como medicina —Si señor, como medicamento— Jasmine French (Cate Blanchet) en Blue Jasmine (2013), pero ella le añade una cascarita de limón y entonces lo nombran como Stoli Martini with a Twist. Por cierto, ¿se acuerdan de lo barato que era el Vodka Stolichnaya, el Stoli, en la Cuba de antes del Período Especial? Supongo que ya no lo será tanto.

Hay otras formas menos convencionales de preparar un martini: En Iron Man 2 (2010) Natalia Rushman, o Romanoff (Scarlett Johansson) le echa al preparado un chorrito de la salmuera de las aceitunas, por eso le llaman Dirty Martini, y en The Break-Up (2006) Brooke Meyers (Jennifer Aniston) lo bebe como Apple Martini o Appletini, al que se le añade un poquito de Apple Schnapps y media onza de Cointreau. El Dubonnet Cocktail, que toma Dorothy Michaels/Michael Dorsey (Dustin Hoffman) en Tootsie (1982) es en realidad un martini con onza y media de Dubonnet Rouge. Nada, pequeños detalles y variaciones que a veces hacen grande un amor, digo, un trago.

Pero podemos simplificar aún más las bebidas, que la velocidad cuenta… a veces. En The Big Sleep (1946), basada en la novela negra del mismo nombre de Raymond Chandler, Vivian Rutledge (Lauren Bacall) y el detective Philip Marlowe (Humphrey Bogart) solo beben, eso sí, abundantemente, Scotch Mist, que no es más que whisky con hielo y una tira de cáscara de limón para matar un poco, solo un poco, el olor a madera que se desprende del whisky. Un aroma que gusta a algunos y a otros no tanto pero que el duro de Marlowe parece disfrutar casi hasta el éxtasis. Por cierto, uno de los guionistas de esta más que clásica película es el Premio Nobel de Literatura William Fauklner, un experto catador, entre otras cosas, de buenos libros y de buen bourbon. Probablemente Faulkner fuera un borracho más sólido y perseverante que Hemingway, pero tenía menos ego y no era bueno promocionándose. Por eso perdió la batalla de la gloria etílica, que no la otra, la de la gran literatura.

El highball es una vieja y respetable mezcla de whisky escocés con soda y hielo. Jay Gatsby (Leonardo DiCaprio) lo toma todo el tiempo en The Great Gatsby, la versión de 2013 dirigida por Baz Luhrmann y basada en la novela del mismo título escrita en 1925 por Francis Scott Fitzgerald. El bueno de Fitzgerald, al igual que Faulkner y Hemingway, tuvo serios problemas con el alcohol, pero perdió la batalla, lamentablemente, mucho antes. Los cubanos que peinan canas quizás recuerden que el highball fue muy popular en Cuba hasta el principio de la década del 60. Lo bebían los ricos en los clubs mientras jugaban canasta y los pobres en las barras de las bodegas mientras jugaban al cubilete, pero los tipos duros, los duros de verdad, tomaban aguardiente. Es probable que el aguardiente, un destilado barato del jugo de caña, sea mejor para la salud que el highball, ¿quién sabe?

En el filme Avanti! (1972), Wendell Armbruster, Jr. (Jack Lemmon) le rinde homenaje a su recientemente fallecido padre con Whisky Sour —bourbon, nunca escocés, jugo de limón, un poco de azúcar, angostura, hielo y media clara de huevo, todo batido—, un trago añejo pues se conoce desde 1870 más o menos. Nina Barona (Rita Hayworth) engatusa a los hombres con su Rob Roy, una especie de Manhattan con scotch, nunca bourbon, vermouth dulce y un toque de naranja amarga servido en una copa de Martini. La Barona goza su Rob Roy en Angels Over Broadway, una cinta estrenada en 1940 con bastante éxito. Audrey Hepburn, en el inolvidable papel de Holly Golightly, en Breakfast at Tiffany’s (1961) sí que bebe bourbon, pero le añade cognac y ron añejo, todo mezclado con hielo y una cereza. A ese compuesto explosivo le denominan Mississippi Punch. La Hepburn, una chica que aparenta ser todo fragilidad, podía cargar dentro de ella el contenido de una granada de fragmentación. Otro que explota, pero que tiene poca relación con el cine, salvo porque lo beben, a veces, algunas estrellas del espectáculo, es el B-52: Kahlúa, Baileys, Grand Marnier, batir y darle fuego, así como lo oye. A la mezcla de Whisky Seagram’s 7 y 7 Up con hielo le llaman 7&7 y es lo que consume y brinda a sus amigos Tony Manero (John Travolta) en Saturday Night Fever, estrenada en 1977, una película de la que todavía se alimenta la fama de un Travolta ya bastante envejecido.

En el año 1988 el cineasta Garry Marshall dirigió un filme que parecía dirigido al fracaso por la mala crítica de prensa que tuvo. Pero como pasa algunas veces en la vida, esta película terminó ganando casi cien millones de dólares y convirtiéndose en una obra de culto. Fue Beaches, con Bette Midler y Barbara Hershey. Pues bien, las dos chicas beben, y mucho, por cierto, Stinger. Este coctel con nombre de misil antiaéreo es una mezcla de dos onzas de cognac y tres cuartos de onza de crema de menta. Una bomba, o si lo prefiere, un misil. Fanny Brice (Barbra Streisand) casi (o sin casi) se emborracha con Green Creme de Menthe Frappé en el filme de 1968 Funny Girl y en Romancing the Stone (1984) Joan Wilder (Kathleen Turner) le añade a la crema de menta, dos más, la crema de cacao y la de leche —Grasshopper le llaman— un coctel que, en sus primeros pasos, a finales del siglo XIX, fue de altos vuelos, pero luego se convirtió en una bebida típica de los prostíbulos de Nueva Orleans. ¿No dicen por ahí que todo lo que sube baja?

El tema musical de Days of Wine and Roses (1962) es todo un clásico (Henry Mancini y Johnny Mercer, los autores, ganaron el Oscar de ese año), y la película también lo es. La historia de un adicto al alcohol que arrastra a su mujer al vicio, y la subsiguiente batalla de ambos por vencer la adicción han convertido esta película, dirigida por Blake Edwards, en una referencia atemporal. Las impactantes actuaciones de Jack Lemmon y Lee Remick, el matrimonio Clay, fueron memorables. ¿Pero que bebían ambos? Pues bebían, para despistar a los mirones, Brandy Alexander, una mezcla de cognac, mucho cognac, crema de cacao y crema de leche servidos en un vaso frío con una pizca de nuez moscada. Muy nutritiva, ¿verdad? Por cierto, el joven y apocado Leonard Kraditor (Joaquin Phoenix) vuelve al Brandy Alexander en Two lovers, del 2008. En la onda de despistar, el Egg Nog, un preparado de leche de vaca, vainilla, azúcar, crema, canela y un huevo batido es lo perfecto, pero Jerry Warriner (Cary Grant), en The Awful Truth (1937) lo complementa con dos onzas de bourbon de Kentucky. En Guys and Dolls (1955) Sky (Un jovencísimo Marlon Brando) y Nathan (Frank Sinatra) se divierten en una fiesta tomando Milk Punch, una especie de batido de leche con coco y mucho, mucho ron añejo. Aunque no viene precisamente al caso, estos preparados con leche me recuerdan, pero con un poco, poquito, de Ron Bacardí añadido en lugar del bourbon, a los ponches que hacía mi madre cuando había catarro en la familia.

Cambiemos de tema. La mafia italonorteamericana, hasta ese momento una organización provinciana, se hizo grande gracias a la Ley Seca, o sea, gracias al alcohol. Desde ese punto de vista casi todas las películas de gangsters y prácticamente todas las relacionadas con la historia de la mafia nos están contando, de paso, la historia del casero, de los destilados ilegales de ginebra y del contrabando de melazas y alcoholes. Pero como todo eso ya lo sabemos, aquí estamos particularizando un poco más.

Y si de particularizar se trata, pues recordemos entonces que el tonto de Fredo (John Cazale, un magnífico actor casi olvidado por el error de morirse demasiado pronto) enseñó a su hermano Michael Corleone (Al Pacino), en la segunda parte del El Padrino (1974), a añadirle media banana al daiquirí antes de batirlo. —¿Cómo se dice en español daiquirí con banana? —le pregunta con candor Fredo a Michael. Y este le responde con su hablar tranquilo y un poco susurrante. —Banana Daiquiri, Fredo. Ominosa y fría respuesta que presagia un fatídico final… para Fredo. En Up close and personal (1996) la joven reportera televisiva Tally Atwater (Michelle Pfeiffer) volverá a retomar el Banana Daiquiri cuando viaje a La Florida, quizás como un pequeño homenaje a Don Corleone, o no, solo por el placer de beber algo diferente.

A Marlon Brando —esto es una curiosidad— le inventaron un coctel, el Godfather: Dos onzas de scotch y dos onzas de Amaretto con cubitos de hielo, pero nadie, que sepamos, lo ha metido en ninguna película.

La denominada Matanza de San Valentín se produjo, como no, por el control de la distribución ilegal del alcohol en Chicago. Los seis muertos —Iban a ser siete pero el capo Bugs Moran libró por los pelos, total, para morirse un poco después— pensaron que Al Capone, dueño de ese negocio, era tonto del culo —como dicen los españoles—, pero se equivocaron, que el señor Capone no se andaba con chiquitas a la hora de proteger sus derechos. Dos tipejos, que supuestamente lograron escapar a esa matanza, Joe (Tony Curtis) y Jerry (Jack Lemmon), se encuentran con Sugar Cane Kowalczky (Marylin Monroe) para vivir juntos una de las aventuras más perfectas e hilarantes de la historia del cine: Some like it hot (“Algunos prefieren quemarse”, 1959), dirigida por el gran Billy Wilder. El coctel Manhattan que ella prepara en una bolsa de agua caliente, que no había a mano otro recipiente —2 líneas de whisky, una de vermouth rojo, unas gotas de angostura, hielo y una cereza si tiene donde ponerla— es antológico. ¡Grande, y bella, que era esta mujer! Comentamos que existe el Cuban Manhattan, elaborado con ron añejo, pero no hemos encontrado ni una sola película en el que lo utilicen.

Con vermouth se hacen infinidad de deliciosos cocteles. Phil Connors (Bill Murray), en el filme Groundhog Day (1993) lo toma dulce y mezclado con jugo de limón y hielo, así de simple, pero el nombre del coctel no lo es; se llama Sweet Vermouth on the Rocks with a Twist. En 1934 se estrenó The Thin Man, y en ella Nick Charles (William Powell) mezcla el vermouth seco con el vermouth dulce añadiéndole un toque largo de ginebra, trago duro al que le llaman Bronx. Raoul Duke (Johnny Depp) en Fear and Loathing in Las Vegas (1998) revive un viejo coctel de alrededor del año 1915 que se inventó para celebrar los cien años de la colonia de Singapur, y como es natural, le pusieron Singapore Sling. Este potingue, porque parece un preparado de alquimista, lleva casi lo que usted quiera: ginebra, brandy, Cointreau, Benedictine, granadina, jugo de piña, jugo de limón, mescal, angostura, marrasquino, hielo, una rueda de piña, una cereza y… vermouth opcional.

Abandonemos por un rato la mafia, pero sin alejarnos de la sangre. A la Reina María I de Inglaterra, de nombre María Tudor (1516-1558) se le conoció también como María la Sanguinaria. Le pusieron ese nombrete por las escabechinas de herejes que llevaba a cabo con más frecuencia y saña de la necesaria. Pero en inglés ese feo mote se dice Bloody Mary. En realidad, no estamos tan seguros de que el conocidísimo coctel del mismo nombre —vodka, jugo de tomate, jugo de limón, salsa de Worcestershire, salsa de Tabasco, pimienta negra, sal, un poco de hielo y todo batido con cuchara— se llame así por ella. Es muy probable que le pusieran ese nombre a esta bebida en el Club 21 de New York, o incluso en el Harry’s Bar de París (ambos se lo han disputado por decenios) como un homenaje a la belleza y el sex-appeal de la actriz Mary Pickford, que estaba muy de moda en los años 20. ¡Ah, y que se sepa, la Pickford nunca mató a nadie, y menos por hereje!

Pero lo cierto es que Pedro Almodóvar utiliza el Bloody Mary en su película Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) para aliviarle una tremenda resaca a Rosy DePalma. Parece que Almodóvar se basa en aquello de combatir el fuego con el fuego. Y Fletch (Chevy Chase), el millonario que busca desesperadamente que lo asesinen, también le rinde pleitesía al Bloody Mary en la película Fletch, estrenada en 1985.

La sangría —un buen vino rojo, brandy (o ron), jugos de naranja y limón, un poco de azúcar y soda— más cercana a nosotros por lo que tenemos de españoles, tiene una firme defensora en Elle Woods (Reese Witherspoon), la extrovertida chica de Legally Blonde 2, del año 2003. El Zurracapote es la sangría del País Vasco —mucho más fuerte— pero no la hemos visto nunca en el cine. Con vino rojo, pero utilizando Sloe Ginebra (una ginebra de color rojo que se obtiene de las endrinas) en lugar del brandy, se prepara el Mulled Wine, un coctel que nos enseñó a degustar Amelie Poulain (Audrey Tautou) en Amelie (2001). Es muy posible que este coctel, el Mulled Wine, sea el de más historia de todos los que hemos mencionado en este artículo, porque los romanos tomaban algo muy parecido, solo que caliente y con especias, en los inviernos particularmente fríos o cuando las legiones se preparaban para hacer picadillo con los bárbaros. El Negus, Oporto con agua caliente y especias aparece en varios libros clásicos, pero no lo he encontrado en ninguna película.

Si de aparecer en películas se trata, el Old Fashioned (contrariamente a lo que indica su nombre este coctel está muy lejos de pasar de moda) es uno de los asiduos. El original, que data de 1862, se prepara con bourbon (whisky americano), un poquito de Angostura, unas gotas de jugo de naranja, un chorrito de soda, un toque de sirope de azúcar y hielo. Don Draper (Jon Hamm) se pasaba todo el tiempo bebiéndolo en la serie Mad Men, el director Stanley Kramer pone a sus actores a tomarlo en It’s a Mad Mad Mad Mad World (1963) y por poner un ejemplo más entre muchos, Jacob Palmer (Ryan Gosling), el seductor personaje de Crazy Stupid Love (2011) también lo consume generosamente. Hablando de clásicos y cosas de antes; el actor John Gielgud, en el papel del serio y puntilloso mayordomo Beddoes, en el filme Murder on the Orient Express (1974), sirve un huevo escalfado al que le añade vodka (o whisky escocés), salsa de Tabasco y salsa Worcestershire. Los británicos le llaman a eso Amber Moon. Aunque ahora nos parezca un poco extraña, esta forma de comer un huevo en el desayuno fue muy común entre los nobles ingleses desde tiempos inmemoriales, exceptuando, claro está, la salsa de Tabasco, que es de invención más reciente.

Cuando la simpática actriz, y más tarde diplomática norteamericana, Shirley Temple era una niña, inventaron para ella —¡promoción, divina promoción!— un coctel sin alcohol al que le pusieron su nombre. Era una mezcla boba de Ginger Ale, jugo de naranja y un poquito de granadina. Eso fue en 1930, pero hoy, los que lo toman, que no son muchos, le añaden Whisky, o Vodka o algo por el estilo. ¡Que para abstemios no estamos! ¿O me equivoco? Pero si quiere parecerlo, pues prepárese un Horse’s Neck, un vaso alto con Ginger Ale, hielo en cubos, un toquecito de Angostura y una buena dosis (encubierta) de Cognac o Brandy. Así lo tomaba Mabel Normand en Caught in a Cabaret allá por 1914. —¿Y si quiero beber alcohol a cara descubierta? —No se preocupe, prepárese un Mint Julep, los mexicanos le llaman Julepe de menta, ese viejísimo trago del sur de los Estados Unidos que no es más que una buena cantidad de Bourbon con hielo y hojas de menta aplastadas con el dedo gordo dentro de un recipiente metálico. Así lo toma, con orgullo de viejo bebedor, The Captain (Robert Duvall) en Thank You for Smoking del 2005.

La señora Karen Stone (Vivien Leigh) ha perdido a su marido de un infarto del corazón justo al principio de la cinta The Roman Spring of Mrs. Stone (1962). Una verdadera tragedia para la pobre mujer que amaba entrañablemente al difunto. Pero la desconsolada dama encuentra, mientras corre con los trámites del velatorio y traslado del cadáver, cierto consuelo en el gigoló Paolo y en los múltiples vasos de Negroni que toma junto a él para aliviar la terrible carga de la pena. Pero no, no fue este filme el que puso de moda el Negroni, una mezcla de Ginebra, Campari y Vermouth rojo a partes iguales con hielo y una tira de cáscara de naranja. El Negroni ya era un aperitivo muy cotizado desde la década de los 20, sobre todo en Italia, y lo sigue siendo. Aperitiva también puede ser la Mimosa, un coctel de Champagne al que se le añade un poco de jugo de naranja y algún licor. Una bebida fría que todo indica fue creada en el bar del Ritz de París por el barman Frank Meler alrededor de 1920. En Rat Race (2001) Vera Baker (Whoopi Goldberg) la disfruta con verdadero placer, y se le nota. El Bellini es un coctel bonito, agradable a la vista; se hace con Prosecco (Champagne italiano) y jugo de melocotón, sin hielo y en copa larga. ¿Se acuerda de Muerte en Venecia (1971), la formidable producción de Luchino Visconti? Pues en ella Silvana Mangano, Dirk Bogarde y casi todo el resto del elenco la degustan con pasión. Pero si quiere endurecer el Champagne, haga entonces como M. Gustave (Ralph Fiennes) en The Grand Budapest Hotel (2014) y prepárese una Champagne Cup, que no es más que una Mimosa, pero cargada de Brandy. Por cierto, este Champagne Cup lo tomaban los zares rusos desde principios del siglo XIX, y sin añadirle Vodka porque esos caballeros eran demasiado afrancesados para eso. ¡Mire usted que detalle!

A la ingenua joven Lisa Reisert (Rachel McAdams) casi le cuesta la vida un vaso de Bay Breeze, que no es más que un coctel helado de Vodka con jugos de piña y cramberry mezclados. Ese susto de muerte lo vimos, y lo sufrimos, en la película Red Eye (2005), pero algo así puede pasarle a cualquiera en la vida real. El Sea Breeze es casi lo mismo, pero cambiando el jugo de piña por jugo de toronja, y lo toma con mucho gusto Kate (Meg Ryan) en French Kiss, filme de 1995. Beth (Juliette Lewis), la joven enamorada de Hysterical Blindness (2002) deja la cerveza por un trago más glamoroso, el Sex on the Beach, que no es más que Vodka en buena cantidad, pero “rebajadito” con jugos de naranja, cramberry, pera y algún otro que se le ocurra, y por supuesto, con bastante hielo. Ese tremendo tipo y tremendo personaje que es The Dude (Jeff Bridges) en The Big Lebowski (1998) se toma sus Vodkas añadiédole crema de leche y licor de café con hielo. Ese coctel —el de Dude siempre tiene más Vodka que otra cosa— se llama White Russian. Ordell Robbie (Samuel L. Jackson), más honesto en su personaje de Jackie Brown (1997), se toma sus Vodkas abiertamente, aunque les da un toque de jugo de naranja y hielo, o sea, se inventa sus propios, y muy cargados, Screwdriver.

Uno de los cocteles más viejos, más clásicos, de esas cosas buenas que se pierden en el tiempo y que muchos disputan luego su autoría, es el Tom Collins. Es sencillo: dos onzas de Ginebra, jugo de limón, un poco de azúcar, agua de soda, una rodaja de limón sin exprimir y si la tiene, una cherry marrasquino. Ejemplos cinematográficos de su empleo tenemos unos cuántos, pero conformémonos con Meet the Parents (2000) y el señor Jack Byrnes (Robert De Niro) haciendo de cómico mientras paladea sus abundantes Tom Collins. Aunque no es el tema de este pequeño ensayo, vale la pena recomendar un repaso de la historia de las interminables disputas acerca de la paternidad de este refrescante trago y como el orgullo nacional se mezcla, como en un llamativo coctel, con las bebidas.

El Rum Collins, igual que el anterior, pero con Ron blanco en lugar de Ginebra, es un viejo conocido de los cubanos, pero no solo de ellos. El agente 007, el original, Sean Connery, en Thunderball (1965) lo toma con mucho placer mientras cumple una misión en el Caribe. Con Ron blanco se hace el Zombie, un coctel que tiene de todo, otros tres tipos de Ron, jugo de limón y de piña, licor de apricot, azúcar y casi todo lo que a usted se le ocurra. ¿Quién bebe eso? Pues lo bebe Rachel Lewis (Claire Danes) en To Gillian on Her 37th Birthday, estrenada en 1996. En Cocktail (1988), Brian Flanagan (Tom Cruise) pasea por innumerables bebidas, incluso el Daiquirí, pero le dedica un tiempo al Turquoise Blue, un coctel con Ron blanco, al que le añade Tripleseco, Curacao Azul, jugos de piña, limón y hielo. El resultado es un coctel muy bonito de color azul pero complicado de preparar. El Aqua Velva también es azul, por el Curazao Azul, y también es complicado, porque lleva muchas cosas y hasta un paragüitas, sino que lo diga Robert Graysmith (Jake Gyllenhaal) mientras persigue al Asesino del Zodiaco en Zodiac (2007). Ron a pico de botella lo encontramos, entre otras muchas cintas, en Pirates of the Caribbean (2003, 2006, 2007, 2011, 2017 y sigue), donde el Capitán Jack Sparrow (Johnny Depp) y la “pobre” Elizabeth Swann (Keira Knightley) lo beben constantemente mientras forcejean… mentalmente.

Si al jugo de naranja con Ron blanco le añadimos Vodka —!eso es fuerte!— tenemos el Orange Whip, y entonces habremos conocido el trago perpetuo de Burton Mercer (John Candy) en The Blues Brothers (1980). Al Mojito, un trago típicamente cubano, James Bond, el de Pierce Brosnan en Die Another Day (2002) le añade sirope de ágave, con lo que lo hace un coctel un poco mexicano, pero eso es propio del cine holywoodense. En 1946 la cinta It’s a Wonderful Life, mediante su personaje Clarence the Angel (Henry Travers) nos da a conocer un coctel llamado Flaming Rum Punch, que tiene… bueno, ¿qué no tiene? Ron blanco, Cognac, cidra de manzana, jugos de limón y naranja, dientes de ajo (sí, créame, dientes de ajo), azúcar, canela, nuez moscada y agua caliente. ¿Parece un buen trago para una noche de invierno, o para tratar el reumatismo, no es verdad?

Por el contrario, el Cosmopolitan —Vodka, Tripleseco, jugo de limón, jugo de cramberry, hielo y una tira de cáscara de naranja servido en una copa ancha de Martini— es un trago relativamente nuevo, de por ahí por los años 80 del siglo XX. Su paternidad se la disputan por lo menos cuatro cantineros internacionales y vaya usted a saber quién dice la verdad, o si todos la dicen, que eso pasa. El Cosmopolitan era el coctel casi obligado de las cuatro muchachas protagonistas de Sex and the City (2008), sobre todo de la simpática Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker). La Virgin Piña Colada no es más que una variante, con crema de coco añadida, de la Piña Colada clásica. Stuntman Mike (Kurt Russell) nos la enseña a hacer en Death Proof del 2007. Por cierto, la Piña Colada, un delicioso coctel que cada vez gana más popularidad, y cuya paternidad se la disputan las islas de Cuba y Puerto Rico, merece un artículo aparte.

El elegante caballero e ingenioso detective Hercules Poirot (Peter Ustinov) no podía ser considerado un gran bebedor, pero de vez en cuando tiraba su canita al aire. En Evil Under the Sun (1982), mientras trata de encontrar un valioso brillante robado, se toma sus White Lady, un fino coctel de Ginebra, Tripleseco, jugo de limón y hielo servido en una copa de Martini. Jim Morrison (Un Val Kilmer joven, en plenitud de facultades) se refugia de sus muchos problemas con la ley bebiendo, a partes iguales, cerveza y un coctel conocido como Ramos Fizz —The Doors, 1991—. Este trago, Ginebra con jugo de limón, azúcar, vainilla, clara de huevo y flores del naranjo, tiene una curiosa historia; lo inventó, en 1888, un cantinero de ascendencia latina, Henry C. Ramos, en el Imperial Cabinet Saloon de Nueva Orleans, una barra que existió hasta no hace mucho tiempo. En The Apartment (1960), Fran Kubelik (Shirley MacLaine) engatusa a Bud Baxter (Jack Lemmon) con un batido de clara de huevos con azúcar, Ron Añejo y Brandy al que denominan Tom and Jerry. El Tom and Jerry es de esas bebidas, en este caso relacionada con las Navidades, con historias que merecen artículos independientes.

Debo decir que hay cocteles de ciencia ficción; no son muy abundantes, pero los hay. El Pan Galactic Gargle Blaster —!Vaya nombrecito, okey!— lo prepara y toma Zaphod Beeblebrox (Sam Rockwell) en The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy (2005). Pero al final el trago resulta ser un poco decepcionante porque uno espera algo muy novedoso, muy raro y lo que encontramos es Bourbon con jugo de naranja, peach schnapps, Curacao y hielo. Sabroso, pero nada del otro mundo.

Tomar té frío no nos hace pensar en el alcoholismo, pero si a ese té le añadimos media onza de Tequila, media de Ginebra, media de Vodka, media de Ron blanco, media de Tripleseco, jugo de limón, algo de azúcar y un poco de cola entonces la cosa cambia completamente. Pues eso es lo que se bebe como si nada la delicada y amable señorita Cecile Caldwell (Selma Blair) en Cruel Intentions (1999). ¿Qué cómo se llama ese material inflamable? Le dicen Long Island Iced Tea. Hay otras formas de beber té frío sin complicar tanto las cosas. El Arnold Palmer (fue un golfista famoso y tomaba su trago durante todo el largooo juego de 18 hoyos) no es más que té con hielo, azúcar, un poco de agua carbonatada, jugo de limón y…, pues claro, el trago de su preferencia: Whisky, Bourbon, Brandy, Ginebra o incluso Tequila. Lo toma Allen Gamble (Will Ferrell) en la cinta The Other Guys del 2010. ¿Qué prefería Arnold Palmer? Creo que Whisky, pero no estoy muy seguro.

Y ya que nos encontramos con el Tequila hablemos un poco de él. En Leaving Las Vegas (1995), el suicida Ben Sanderson (Nicolas Cage) se encuentra con la prostituta Sera (Elisabeth Shue) y como era de esperar pasan unas cuántas cosas, pero entre las que pasan ocurre que Sera, un alma noble y enamorada, se baña con una botella entera de Tequila para que Ben pueda tomársela, lamérsela, no sé, directamente de su cuerpo. Eso es, sin dudas, un buen comienzo para que Ben abandone este feo mundo. El coctel Margarita —Tequila blanco, Tripleseco, jugo de lima y néctar de ágave con hielo y una pizca de sal— es ya un clásico. El aspirante a actor, incluso a actor porno si hace falta, Eddie Adams/Dirk Diggler (Mark Wahlberg) nos descubre en Boogie Nights (1997) que una nueva vida puede comenzar con una Margarita.

El Midnight Margarita cambia el Tequila blanco por Tequila añejo, cargándole de paso con media onza de licor de rapsberry. En Practical Magic (1998), Sally Owens (Sandra Bullock) nos demuestra que este coctel puede, muy bien, llegar a tener poderes mágicos. En el Arizona Biltmore Hotel de la ciudad de Phoenix los cantineros inventaron, alrededor del año 1940, el Tequila Sunrise, que resulta ser una sencilla y muy sabrosa mezcla de Tequila de buena clase, si es reposado mejor, jugo de naranja y granadina servida en un vaso de Highball con una cereza. Dale “Mac” McKussic (Mel Gibson), metido en serios problemas con la ley —Tequila Sunrise (1988)— busca alivio en el susodicho coctel. ¿Pero por qué el coctel Margarita se llama Margarita? Umm, existe una leyenda que le atribuye a un cantinero de Tijuana, enamorado de una belleza pelinegra de nombre Margarita Carmen Cansino, haber creado y dedicado este coctel a ella, su gran amor, en el año 1938. La leyenda, aunque nunca ha sido probada del todo, puede ser cierta. Pero, en la vida casi siempre hay un pero. De ser cierta, esta joven belleza de nombre Margarita fue muy ingrata con su amante, el inventor de tragos, porque en cuánto pudo se fue huyendo, se cambió el nombre y se hizo tan famosa que olvidó no solo al cantinero sino a todos los que la conocieron en sus años de adolescencia. Hoy todos conocemos a esa belleza pelinegra como Rita Hayworth.

Para terminar, que ya me siento bastante mareado con tanto alcohol, recordemos de nuevo a ese viejo licor de las hadas, la Absenta. Esta bebida, un macerado de hierbas y mucho alcohol, tuvo su época de oro en el siglo XIX, antes de la llegada del cinematógrafo. Fue el trago favorito, y la maldición, de pintores y poetas, pero llegó al cine muy disminuido. No obstante, se le recuerda con cariño. En 1992 Francis Ford Copolla llevó a la pantalla Dracula, con Winona Ryder en el papel de Mina Harker, la muchachita ladrona que es inducida por el Conde Dracula (Gary Oldman) a beber Absenta… el afrodisiaco del yo.

El James Bond —¡Nunca falta este hombre cuando se trata de cocteles y de mujeres!— de Roger Moore en Live and Let Die (1973) bebe un extraño compuesto de absenta, rye whisky, azúcar y toques de Peychaud amargo al que llaman Sazerac. Sin dudas no es una bebida común, ¿pero es que acaso James Bond es un tipo común? Y en otra película que nos crispó a todos hace unos cuantos años, A Clockwork Orange (“La Naranja Mecánica” 1971), dirigida por el maestro Stanley Kubrick, Alex DeLarge (Malcolm McDowell) se zampa, entre otras cosas, un Moloko Plus, un compuesto de Absenta, licor de Anisette, licor de crema, azúcar y un poco de leche. Visto así pues no hay de qué preocuparse, el problema es que además se le añade a esta “lechita” LSD, mescalina, opio, mariguana macerada y tres o cuatro drogas fuertes más. ¡Puf!

Terminemos aquí con esta borrachera de los sentidos. Brindemos, para despedirnos, con lo que usted quiera…

¡Y a su salud!

NOTA: Estoy en deuda, entre otros muchos artículos y crónicas, con el interesante libro Cocktails of the Movies de los jóvenes investigadores Will Francis y Stacey Marsh. Bibliografía más extensa a solicitud de los lectores.


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