Actualizado: 08/03/2021 9:57
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Amenábar, Cine, Arte 7

Aparta de mi este cáliz

El director de esta película ha lastrado un buen tópico y un buen guion por sus preferencias al efectismo barato

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La trama del filme Mientras dure la guerra comienza en julio de 1936, a inicios del fracasado intento de golpe de Estado que los militares sublevados realizan contra la República Española. Los golpistas toman el ayuntamiento de Salamanca y se llevan preso al alcalde socialista. Mientras tanto, el presidente de la República, Manuel Azaña, destituye a Miguel de Unamuno como rector de la Universidad de Salamanca. Franco avanza con sus tropas por el sur y se reúne en Cáceres con José Millán-Astray, el creador de la Legión Española, quien vuelve de su exilio argentino para sumarse con sus fieles a la sublevación militar.

A Cáceres llegan unos enviados nazis que exigen que, muerto el general Sanjurjo, primer líder de la rebelión, se escoja a otro hombre que ocupe su lugar, porque sin una figura de cabeza, la rebelión no será apoyada por Hitler. Millán-Astray ve una oportunidad para encumbrar al general Francisco Franco, a quien ve como alguien débil y manipulable. La Junta de Defensa Nacional de Burgos, organismo creado tras el fallido golpe para controlar el poder en las zonas ocupadas por los militares sublevados, no apoya la idea y desconfían de Franco. Tras muchas manipulaciones e intrigas palaciegas, aceptan esto incluyendo una condición que dice que el nombramiento será “mientras dure la guerra” y de ahí el título de la película.

Tras tomar Salamanca, Unamuno es restituido en su cargo de rector vitalicio por los militares. Al principio calla y otorga. No le gustan los militares que anteriormente ha criticado, pero también critica los crímenes de los anarquistas y los comunistas, que indiscriminadamente asesinaban a monjas y a sacerdotes y quemaban conventos. La participación de Unamuno en algunas maquinaciones de los sublevados, hasta septiembre de ese mismo 1936, son el otro lado y quizá el más importante, del argumento.

Puede decirse que Unamuno fue la consciencia de la Generación del 98. Fue un hombre de convicciones fuertes y variables. Marxista, cristiano, ateo, pero siempre guiado por sus convencimientos intelectuales, vivió sus contradicciones y las asumió con entereza. Siempre se expuso a la crítica y a la discusión. Nunca tuvo miedo a dudar y a expresar esas dudas.

El filme, por una parte, trata de ahondar en la situación de un hombre de gran prestigio, un filósofo y escritor mundialmente reconocido, que se ve envuelto en los laberintos del poder y es manipulado y utilizado a conveniencia, hasta que muchos hechos vuelven a sacarlo de su letargo. El aprisionamiento de sus amigos, el pastor protestante Atilano Coco y el joven socialista Salvador Vila, así como el apoyo a la monarquía de los militares (Unamuno era un republicano convencido), lo llevan a reconsiderar su posición.

Por otro lado, la obra trata de enfocar de una manera objetiva, el conflicto español que todavía mantiene llagas en ese pueblo. Un tema que en España es casi imposible de discutir sin desatar animosidades y apasionamientos extremos.

Pero este filme se queda a medio camino de todos sus objetivos. Con un excelente guion del director Alejandro Amenábar y del cubano Alejandro Hernández (Habana Blues, Caníbal, El autor), la forma en que se dirige, lo va llevando por esquemas gastados del cine comercial y opta por la gravedad, la altisonancia y el efectismo.

Amenábar (Santiago de Chile, 1972), fue por un tiempo la gran promesa del cine español, con su ópera prima Tesis (1996), a la que siguió Abre los ojos (1997) y luego The Others (2001). Parecía ir en un ascenso imparable. Era un innovador en el género que trabajaba. Pero ya con Mar adentro (2004) y luego con Agora (2009) comenzó a mostrar una tendencia a utilizar los peores recursos del cine melodramático, que lastraba sus bien concebidas obras y que culminó con la francamente mala Regression (2015).

Aquí, ha mantenido esa tendencia y ha lastrado un buen tópico y un buen guion por sus preferencias como director al efectismo barato. Incluso convierte en caricatura a muchos de sus personajes, principalmente a José Millán-Astray, que parece un villano de telenovela, lo cual es además una lástima, porque al reducir al personaje casi una pancarta ridícula, desperdicia lo que pudo ser una muy buena actuación de Eduard Fernández.

La excelente actuación de Karra Elejalde (Embarazados, La pequeña Suiza) se echa en hombros el filme y lo salva del desastre. Elejalde se ha metido en la piel y en la cabeza de Unamuno y ha creado un personaje inolvidable. También Santi Prego (Los hombres de Paco), realiza una muy buena labor encarnando a Franco, un personaje que, dado el tono del filme, pudo también haber caído en la caricatura. La fotografía de Alex Catalán (El hombre de las mil caras), es muy buena, adaptando las tonalidades adecuadas para los planos íntimos a diferencia de los planos generales.

Amenábar, al menos, no cae en el didactismo ni en el paternalismo artístico. Para entender el filme conviene conocer un poco de la historia de la Guerra Civil española, pero quien desconozca los hechos no se sentirá perdido y puede disfrutar las mejores partes del argumento. El conflicto español sacó lo mejor y lo peor de muchos intelectuales, incluyendo al gran poeta peruano César Vallejo, quien le dedicó lo que probablemente fue su peor libro, de puro realismo socialista, llevándolo a parafrasear a Jesucristo para su titulo España, aparta de mi este cáliz. Pero esa frase la vive Unamuno durante los tres meses que se muestran en el filme.

Mientras dure la guerra (España/Argentina, 2019). Dirección: Alejandro Amenábar. Guion: Alejandro Amenábar y Alejandro Hernández. Director de fotografía: Alex Catalán. Con: Karra Elejalde, Santi Prego, Inma Cuevas y Eduard Fernández. Disponible en DVD.


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