Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Scorsese, Cine, Arte 7

Apostolado, apostasía y el silencio de Dios

Scorsese traduce el libro de Shusaku Endo al cine sin hacer un trabajo excesivamente literario, pero sin perder letra y espíritu de la novela

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Mucho antes de convertirse en el legendario cineasta que hoy en día conocemos, Martin Scorsese consideró seriamente el sacerdocio. De crianza católica, los problemas de la fe lo atormentaron por muchos años. Todavía es un tema de gran interés para él, lo cual ha reflejado en sus filmes The Last Temptation of Christ (1988) y Kundun (1997).

Hace más de veinte años cayó en manos de Scorsese, Silence, la extraordinaria novela de Shusaku Endo. Este escritor era otra alma atormentada por los problemas de la fe. Japonés y católico, una contradicción ambulante, Endo (1923-1996), es un novelista fuera de serie, frecuentemente comparado con Graham Greene, un narrador puro que expresa en sus novelas las vicisitudes de su infancia como minoría curiosa, católico en un país en el cual esa religión es casi inexistente. Scorsese, quien es también admirador casi fanático de Masaki Kobayashi (Harakiri, Kwaidan) y de Yasujiro Ozu (Tokyo Story), cuenta que leyó la novela y no podía dejar de pensar en cómo filmarla en planos similares a los usados por estos dos directores clásicos del cine japonés.

Luego que San Francisco Javier, el fundador de las misiones jesuitas en Japón, comenzara su misión evangelizadora en ese país en el siglo XVI, cuando la nación estaba completamente aislada del resto del mundo, el shogunato abrió sus puertas en el siglo XVII a la introducción del catolicismo. Unos cuantos jesuitas establecieron misiones exitosas y se convirtieron en leyenda para otros sacerdotes y para los fieles japoneses A mediados del siglo XVII, tras la Rebelión de los Shimbara y el asedio colonial de Holanda, Portugal, España e Inglaterra, la clase dominante vio en las misiones un instrumento de las ambiciones imperiales de estas naciones y comenzó una furiosa persecución tanto a los clérigos como a sus fieles seguidores.

Silence, la novela de Endo, se centra argumentalmente, en la misión que dos padres jesuitas deciden realizar para confirmar los rumores de que el padre Ferreira, quien fuera una vez su mentor y era una leyenda del apostolado jesuita en Japón, había abdicado de su fe y llevaba una vida ajena a Cristo. Por supuesto, dada la época, las noticias eran cuestionables y llegaban con lentitud. Los padres Rodrigues y Garupe, en contra del consejo de un padre superior, deciden ir a investigar por cuenta y riesgo. Para ello parten de Macao en una peligrosa travesía en la cual llegarán a lugares remotos y abandonados, en los cuales tienen que descansar y confiar en la bondad ajena, a pesar de ser varias veces traicionados por personajes más que dudosos. La novela está escrita en forma de cartas y de informes de comerciantes de la época.

Scorsese hace un extraordinario trabajo al llevar la obra literaria a la pantalla. Aunque respeta argumentalmente la novela, centra su pesquisa en las contradicciones de la fe, en lo difícil de interpretar el silencio de Dios ante el dolor humano, entre la coyuntura de obrar y conducirse de acuerdo a las leyes divinas, o tener consideración por las miserias humanas. Enfrentar al enemigo con la verdad en la mano en pos de la redención espiritual o mentir piadosamente para extender de alguna manera la existencia terrenal de los fieles. Los padres se debaten dolorosamente sobre el tema, pero Dios no responde.

Mediante una amplia diversidad de planos, usando el campo/contracampo y los planos generales, de una manera bien pensada, Scorsese traduce la obra al cine sin hacer un trabajo excesivamente literario, pero sin perder letra y espíritu de la novela. Es, en realidad, puro cine, con mucho del estilo de Kobayashi, Ozu y Kurosawa y obviamente impregnado del sentido atormentado de la duda existencial que se observa en el cine de Bresson. Su defecto es que al final, cede a los imperativos del entretenimiento y concentra la línea dramática en un argumento tratado con ciertos trucos de cine comercial un poco pedestres, golpes de efecto dramáticos que no juegan con el ritmo anterior del filme.

Andrew Garfield (Hacksaw Ridge, The Social Network, The Amazing Spider Man), es un actor que disfruta los papeles verborreicos. Se destaca por lo bien que enuncia largas parrafadas, lo cual a veces lo hace un poco cargante. En el papel de Rodrigues, que lleva el peso argumental del filme y que es la espina dorsal histriónica del mismo, tiene la oportunidad de involucrarse en largas parrafadas, pero también se ve obligado al gesto dramático visual y en realidad, resuelve muy bien su personaje, no se deja arrastrar por ninguno de los extremos y su actuación es excelente. Adam Driver como el ingenuo Garupe, también lleva a cabo un destacado desempeño, en un personaje que se asemeja mucho a otros ya hechos por él, como el que realizara en Paterson. Son dos jóvenes actores que ya presentan una trayectoria sólida.

Issei Ogata (Yi Yi, Hero, Tony Takitani), en el papel del inquisidor japonés, despliega un poder dramático extraordinario, con una comicidad bien dosificada e irónica, que le saca el máximo a su personaje y a ratos, se convierte en el protagonista más interesante del filme, con sus sarcásticas discusiones religiosas y filosóficas con el padre Rodrigues, manteniendo la ambigüedad respecto a sus posiciones.

El guion, escrito por Scorsese, en colaboración con Jay Cocks, con quien ya había trabajado en Gangs of New York y en The Age of Innocence, es toda una clase maestra de cómo llevar buena literatura al cine sin limitarse a la palabra escrita. La fotografía del mexicano Rodrigo Prieto (The Wolf of Wall Street, Brokeback Mountain), crea una gran impresión visual de lo que parece ser, visualmente, un filme japonés. Sin la labor de Prieto el filme no tuviera el hechizo poético que logra la mayor parte del tiempo.

Scorsese ha logrado, con éxito artístico, abordar un tema traumático para él, planteando las interrogantes sin proponer soluciones fáciles. Se mueve entre varias contradicciones, como quién es el verdadero santo, el negador, como San Pedro, o el fiel fanático como San Pablo, la conciencia individual por encima del destino de los otros, o la postura externa, la máscara que esconde la paz o la fidelidad interior. Dios calla, pero está en todas partes.

Silence (EEUU/Taiwan/México, 2016). Dirección: Martin Scorsese. Guion: Jay Cocks y Martin Scorsese, basado en la novela homónima de Shishaku Endo. Director de fotografía: Rodrigo Prieto. Con: Andrew Garfield, Adam Driver, Issei Ogata y Liam Neeson. De estreno limitado en las ciudades más importantes de Estados Unidos.


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