Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Historia, Racismo, Martí

“Como escribió un académico en los Estados Unidos”

Con la publicación de este artículo, y de acuerdo a lo expresado por ambos autores, CUBAENCUENTRO da por concluida esta polémica

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Como dije en mis dos artículos anteriores, Cabrera se propuso demostrar en su libro que Martí no era racista y que quienes dicen lo contrario están creando una escisión entre los negros y Martí en Cuba. Para demostrar su punto de vista Cabrera afirma, que Martí se apuntó a un concepto “cultural” de las razas cuando habló de los negros, lo cual considero errado, ya que esa forma de ver las diferencias no existía en su tiempo, y en último caso, los mismos planteamientos de Martí demuestran lo contrario. Además de esto, Cabrera cita realmente mal en su libro, demostrando de esta forma su falta de conocimiento de las reglas académicas y su desprecio por los que piensan diferente. Para que se tenga una idea mejor de lo que he venido diciendo, léanse estas referencias que él hace a mis ensayos. Dice Cabrera en la página 68 de su libro:

“Entre otros asuntos queremos probar si es cierto, como escribió un académico en los Estados Unidos, que el poeta marcó a los negros, para siempre, como elementos sospechosos dentro de la comunidad blanca”,

Después, en la página 145, vuelve a decir:

“El pensamiento de todos en ese instante era irracional y religioso lo cual desmiente que en la crónica sea atributo único de los negros como afirma un académico en los Estados Unidos

Finalmente, en la página 342, vuelve a plantear:

se le ha criticado a Martí no responder al ataque racista de The Manufacturer —en realidad breve— que contra los negros cubanos lanzó un corresponsal”.

¿En qué lugar de estos textos Cabrera cita mi nombre como debió de hacer? Como él no lo hace, tengo que decirlo yo. En el primer ejemplo, Cabrera se está refiriendo a mi ensayo del 2007, donde yo analizo el fragmento del 20 de agosto a través de la yuxtaposición de biología y cultura en su pensamiento. En la segunda mención, Cabrera se refería a la dicotomía que establecí en mi análisis de la crónica de Martí sobre el terremoto de Charleston, entre la visión ‘irracional’ de los negros, y la visión “racional” de los blancos. Los negros vieron el terremoto, digo allí, como una manifestación del espíritu divino y sobrenatural. Los blancos lo vieron como parte del orden de la naturaleza.

Esta dicotomía no solo la establecieron los periódicos que Martí leyó y utilizó para escribir su crónica, sino que la usó él mismo que nunca estuvo en Charleston. Por eso, no es cierto como dice Cabrera que “el pensamiento de todos [negros y blancos] en ese instante era irracional”. No. Martí y los periódicos que hablaron del terremoto muestran claramente que ambos grupos reaccionaron de forma diferente, y Martí específicamente ata esta reacción en el caso de los negros a lo que llamaba un “signo de propiedad que cada naturaleza pone a su hombre”, (el África de sus abuelos).

Finalmente, el tercer fragmento que cita Cabrera lo toma de mi artículo del 2008 “el miedo y la deuda en José Martí,” donde digo que a pesar de que Martí “saca a relucir todos los méritos y éxitos de los cubanos [blancos] tanto en los Estados Unidos como en el exterior, en su carta al periódico The Manufacturer, éste no hace ninguna referencia en la misma a los negros cubanos, quienes fueron los más humillados por el cronista anónimo”. Algo que por supuesto, Cabrera desestima de un simple plumazo y pasa la página.

No estoy de acuerdo por tanto con la forma en que Cabrera usó mis ensayos en su libro. Si Cabrera quiere pensar que mi protesta o mi reseña de su libro es simple “veneno”, “exhibicionismo,” “enfermedad” o “vulgar” ego, que lo piense. No creo que lo ofendí cuando señalé sus faltas, ni que debía callarme ante su poco profesionalismo y su falta de conocimiento de las reglas académicas. Quienes escriben sobre Martí o cualquier otro tema no son voces anónimas que se pueden ningunear con el nombre genérico de “un académico”. Si Cabrera no puede o no quiere seguir las reglas, entonces que diga que su libro es ficción y todos lo leeremos como una novela. Pero si dice que es un ensayo académico no puede ningunear así a quien le dé la gana y en cambio citar con respeto a otros académicos como Aline Helg, Ada Ferrer y Alejandro de la Fuente, por ser “autores de real estatura”.

Irónicamente, ni estos autores que él cita correctamente han escrito jamás un libro sobre José Martí, ni ninguno ellos se atreverían a hacer lo que él hace. Y téngase en cuenta que no creo que estas sean las únicas veces que Cabrera hace referencia a mis escritos en su libro, o que tergiversa mis palabras o que la bibliografía que revisa sea insuficiente. Después de todo Cabrera cita 6 ensayos míos en la bibliografía y solamente me he detenido en las ideas que aparecen en 2 de ellos. Tampoco, mis textos son los únicos que él somete a este tipo de tratamiento despectivo. Otro ejemplo es cuando afirma: “al retomar en la República posible la frase —utilizada por algún crítico para contraponer a Martí y Serra---” (304). ¿Quién es ese otro crítico? Nunca lo dice y al igual que ocurre con ejemplos que he dado de mis ensayos, no hay en la página ninguna que nos lo señale. Pero según él no menciona nombres para economizar las citas y no hacer el libro más extenso. Antes había dicho que no citaba nombres de autores que él criticaba.

Para mi esta forma de citar demuestra su poco profesionalismo, y que quienes piensan diverso a él no tienen ningún valor. Esto ya de por sí, derrota el propósito de su libro ya que no se puede ser un autor imparcial con prejuicios como estos. Claro que Cabrera menciona a los que critican a Martí, pero siempre lo hace para pasarle la mano, para tratar de justificarlo, y entenderlo. No puede ignorar estas críticas porque justamente el propósito de su libro es rebatirlas por eso aun cuando dice que “recuerdo sus estereotipos sobre género y homosexualidad en ‘Nuestra América’” (329), ignora intencionalmente la bibliografía sobre este tema y los críticos que han criticado a Martí por su homofobia, de nuevo, borrando de esta forma los autores que lo han señalado antes que él. Quien lo dude y tenga estómago para leerse 400 páginas de chapucerías, repeticiones, contradicciones, y teoría mal digerida que lea su libro y lo compruebe.

En cuanto a la tesis del libro, repito, no creo tampoco que Martí haya utilizado el concepto de “herencia cultural” para hablar de los negros porque ni “la raza de que precede” cada ser humano, como él dice en un fragmento que cité anteriormente, ni “la herencia,” que desarrollarán los negros, ni la “sangre” son “metáforas” para hablar de la “cultura”. Martí nunca utilizó el concepto de cultura según lo entendemos hoy, y aun, si hubiera creído que el hombre “adelanta” y la fuerza de lo biológico disminuye con el tiempo, todavía así, hay que considerar su visión como ETNOCENTRICA, que es otra forma de racismo, que pone sus esperanzas en el tiempo, en la civilización occidental, y el poder blanco para que el negro deje atrás cualquier vestigio de lo que él llamaba el “África salvaje”.

Por eso, al tratar de defender a Martí de los cargos que se le han hecho, Cabrera no ve que para Martí la raza cuenta, que la herencia es un concepto con el que hay que contar, y que la única forma que los negros y los indígenas podían abandonar su estado de inferioridad, era adoptando la cultura del otro (blanco como él), con lo cual Martí asume una postura racista, que NECESARIAMENTE implicaba una negación del tiempo que compartía con ellos. De ahí que establezca diferencias de “grados” entre una y otra raza, y jerarquice cada grupo social de acuerdo a su estado civilizatorio. Por eso decía que la “superioridad” de los blancos sobre los negros era una cuestión de tiempo. En su libro Cabrera coincide con que Martí ve las razas desarrollándose de forma “unilineal” y menciona a Johannes Fabian al comentar el fragmento del 20 de agosto, para rebatir mi idea sobre la negación del tiempo en sus crónicas, pero de nuevo, no menciona la página de dónde sacó las referencias al libro de Fabian, y ni siquiera este libro aparece en la bibliografía. ¿Lo leyó realmente? ¿Lo sacó de mi ensayo o no lo menciona en la bibliografía para ahorrarse espacio? (68).

Creo que a estas alturas Cabrera debería reconocer sus errores y no dar tantas excusas. ¿Se ha escrito mucho sobre Martí? ¡Por supuesto! Pero eso no es una excusa para ignorar lo que han escrito otros sobre este tema o ningunear a unos críticos porque estamos en desacuerdo con ellos. Si él admira a Martí y quiere defenderlo contra quienes lo critican, pues que lo haga, pero que no espere que nosotros hagamos lo mismo. La Academia no es un lugar adonde se viene a rezar el credo nacionalista, ni a censurar un pensamiento que puede hacer cambiar de parecer a un grupo social determinado. Mucho menos si se nos quiere censurar invocando el “peligro más grave”. La Academia es un espacio de discusión, de respeto y reevaluación de todo lo que conocemos, y no nos vamos a intimidar porque alguien azuce un viejo fantasma contra nosotros. No tengo que decir tampoco que me creo que poseedor de la verdad. Ni Cabrera ni yo poseemos la verdad, ni hemos establecido la palabra definitiva sobre nada. La verdad cambia todos los días con nuevos descubrimientos e ideas, y nuestro trabajo es agregar un grano de arena en esa discusión. No tengo, por tanto, nada más que decir sobre su libro, y dejo a los otros lectores que den su opinión.


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Tumba de José Martí en el Cementerio de Santa Ifigenia, Santiago de Cuba.

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