Actualizado: 22/10/2020 10:32
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Cine, Ferrara, Arte 7

Confesión y catarsis

Lo mejor de este filme es la forma en que están filmadas las reuniones de Alcohólicos Anónimos y, por supuesto, la extraordinaria actuación de Willem Dafoe

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En el año 2014, el director maldito Abel Ferrara (Nueva York, 1951), apuntó su cámara y su interés en la figura de otro director maldito, Pier Paolo Pasolini. Centró su trama en el último día de la vida del cineasta. El interesante pero fallido filme, realizado con financiamiento europeo, demoró cinco años en encontrar un distribuidor en Estados Unidos. Durante ese tiempo, Ferrara continuó viviendo en Italia y filmando Tommaso, su obra más reciente, que esta vez, en medio de la pandemia, ha encontrado, nuevamente a través de Kino Lorber, rápida, aunque limitada, distribución en su país natal.

Esta vez, Ferrara apunta la cámara hacia sí mismo. Tommaso, su alter ego muy cercano, es un director de cine, que vive en Roma con su muy joven esposa y su pequeña hija (ambas interpretadas por la esposa y la hija de Ferrara), que está escribiendo el guion de su próxima película pero que se encuentra a la espera de obtener financiamiento. Se sigue la cotidianidad de Tommaso, sus intentos de continuar con su guion, sus días con su familia, sus caminatas por Roma, sus idas a los mercados y a la pastelería, su taller de actuación y sus clases de italiano.

Docilidad y domesticidad son dos palabras con las cuales es difícil identificar un filme de Ferrara. Uno sabe que algo está por pasar, y, aunque no mucho, finalmente comienzan a salir los demonios y los temores del autor. Sus catárticas visitas a unas reuniones de Alcohólicos Anónimos para expatriados angloparlantes, su inseguridad por estar casado con una mujer moldava y mucho más joven que él (para demostrar sus distancias etarias y culturales, la muestra muy interesada en el programa Ucrania tiene talento), sus sueños que son más bien pesadillas y su agónica monotonía.

Hace exactamente once meses salió la crítica de Pasolini en esta misma publicación. Escribí entonces que Ferrara “…fue Tarantino antes que Tarantino …tiene el filo apocalíptico del primer Scorsese y el desparpajo de sus personajes similar a los de Tarantino, pero le falta el humor de este último…”, y aquí se repite esto último. Cuando muestra su garra artística lo hace sin la menor dosis de ironía con un fatalismo rayano que convierte en predecible todo lo que viene a continuación.

Las distintas partes de este mosaico cinematográfico no se conectan. Ferrara pierde su propio hilo, insiste en autoanalizarse y en ser sincero, pero solo explota sin mucho rumbo. De nuevo busca expresar su desasosiego en imágenes de otros, como sus guiños a Tarkovski, presentando una escena de The Sacrifice y a Scorsese, al reproducir casi una secuencia de The Last Temptation of Christ con Willem Dafoe incluido. Pero en el momento en que la película quiere mostrarse más emotiva, se vuelve fría e intrascendente.

Lo mejor de este filme es la forma en que filma las reuniones de Alcohólicos Anónimos y por supuesto, la extraordinaria actuación de Willem Dafoe, quien trabaja por quinta vez con Ferrara y se ha convertido en su sosias cinematográfico. Dafoe es uno de los pocos actores que pueden manejar con éxito las transiciones dramáticas entre la exageración y la sutileza expresiva. Tiene un domino del lenguaje corporal muy superior a la mayoría de los actores. Ha sabido traer lo mejor de su experiencia en el teatro a la realidad del cine, sin que se note.

La fotografía del checo Peter Zeitlinger, un veterano que ha trabajado frecuentemente con Werner Herzog, incluso en el remake que Herzog hizo de The Bad Lieutenant, la joya de Ferrara, se mueve por las calles de una Roma medio desierta, en pleno verano, con una belleza que va de lo espectral a lo cotidiano y que otorga al filme una coherencia y una presencia artística que el guion no le concede.

Hace ya un tiempo que Ferrara no recupera la forma que mostró en King of New York, (1990), o en The Funeral (1996), o por supuesto en su mejor filme, The Bad Lieutenant (1992). Su estilo y sus temáticas han sido apropiadas por otros y han quedado fuera de moda, parece que se ha perdido en el camino. Pero siempre resulta un director interesante, cuyas cualidades se muestran al menos en algo de lo que hace, aunque es inevitable que uno espere más de él. Sin embargo, esta película no pasa de ser una complicada sesión de psicoterapia filmada, el confesional de un director en decadencia que apenas conserva el atractivo de lo decadente.

Tommaso (Italia/Gran Bretaña/Grecia/EEUU, 2019). Guion y dirección: Abel Ferrara. Director de fotografía: Peter Zeitlinger. Con: Willem Dafoe, Cristina Chiriac y Stella Mastrantonio.

De estreno virtual en la iniciativa de los cines independientes, desde el 5 de junio, en colaboración con Kino Lorber.


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