Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Narrativa, Literatura

Corporate girl o La presentación

Es la primera vez que es ella y no su jefe quien explique el trabajo y los planes para el año próximo

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Se desabotona la blusa, poco a poco, respirando en cada botón. Del bolso saca el primer paquete de toallitas mojadas, inodoras. Despacio, siempre respirando con calma, esa es la clave, se limpia el cuello, el pecho, los hombros, las axilas, los codos y otra vez alrededor del cuello. Saca otro Kleenex y se estruja las orejas, hueco por hueco, línea por línea. La sensación de limpieza y frescor comienza a penetrar la piel. Nadie más está en el baño de la oficina a esa hora. Casi nadie más está en la oficina, solo la señora que limpia, ¿cuál es su nombre? y la recepcionista, Pamela. Tiene tiempo y casi la total seguridad de que nadie vendrá a interrumpir el matutino ritual. Respira suave, el aire entra por la nariz, sssss, el aire sale por la boca, uuussss, mientras termina de desabotonar la blusa. Se acerca al espejo y mirándose fijamente a los ojos balbucea “Todo saldrá bien, todo saldrá bien”. Ahora busca una servilleta seca y la pasa por las mismas esquinas de la cara para borrar cualquier resto de improbable olor en la piel, lo pasa bien por el cuello hasta el nacimiento de la espalda.

Va al lavabo, se enjabona los dedos y los desliza alrededor de la nariz con jabón inodoro para no correr el riesgo de un estornudo repentino, incontenible. Los estornudos son de las pocas cosas que aún no logra reprimir, junto con las gotas de orina que salen cada vez que la maldita alergia la traiciona. Abre la bolsa de maquillaje y usa el corregidor para amortiguar la sombra negra bajo los ojos, cada día más prolongada, sobre todo los fines de semana, cuando logra dormir ocho horas seguidas. Luego pasa una delicadísima, casi transparente capa de polvo por toda la piel, incluyendo los párpados. Un tono mínimo de sombra gris sobre ellos, la línea negra, casi invisible es lo más difícil, los dedos tiemblan y ella nunca ha sabido muy bien cómo maquillarse. El lápiz de labio es rosa claro, pero lo suficientemente rojizo para que defina correctamente la boca, uno de sus mejores rasgos, bordeando los dientes cuidados, perfectos en su naturalidad, blancos, escrupulosamente cepillados cuatro veces al día. Se pasa el hilo de cera por entre los dos dientes principales superiores. Repite para los dientes de abajo. Un finísimo chorro de aire penetra por la brecha reabierta de la dentadura. Casi orgásmico, piensa y sonríe como siempre que usa la frase. Orgásmicas acciones cotidianas. Así quiere nombrar un poema que tiene en mente hace semanas y no podido sentarse a hilvanar. Orgásmica ducha, orgásmica frescura de la piel bajo la camisa recién planchada, orgásmico sabor del café al amanecer. Vuelve a sonreír, forzadamente, con el rictus de la boca, cada vez más profundo, cada vez más visible.

Pasa el peine por el cabello bien estirado. No queda en pie ni uno de los rizos rojizos. La masa de cabello monótono se mueva al unísono, como una ola de arena hacia la izquierda zaz, hacia la derecha, zaz. El cabello debe estar perfectamente planchado, perfecto en su largo, perfecto en sus puntas, ni un solo residuo de la melena naturalmente alborotada del fin de semana.

Decide orinar nuevamente, aunque apenas sale un hilito. No toma agua desde anoche para evitar ir al baño durante la reunión. Abre la segunda bolsa y saca los zapatos. Negros con tacón cubano, ¿por qué le dirán así?, tacón perfecto de seis centímetros de altura y tres de ancho que terminan en un perfecto rectángulo de dos centímetros cuadrados. Nuevos, pero cómodos. El empeine al aire libre, solo protegido por la media traslúcida. Reajusta la tirita en el talón, por si acaso. Acomoda la falda negra y revisa la camisa rosa de cuello, no demasiado ajustada para moverse cómodamente. La cierra botón tras botón, de abajo a arriba, del último al primero, mientras respira suavemente para no sudarse. El aire entra por la nariz, sssss, el aire sale por la boca, uuussss. Ensaya a mover las manos, subirlas buscando el techo, improvisa un gesto hacia la derecha y solo un centímetro de tela se escapa del apretado cinturón de la falda. Perfecto. El discreto collarcito de perlas en su lugar, apenas mostrándose por el triángulo abierto del primer botón de la camisa. Impecable. Una última mirada al espejo y sonríe ante la imagen corporativamente perfecta. Recoge los bolsos y calmadamente camina los pocos metros hacia la sala de conferencias.

Todo sigue en calma en un febrero brutalmente frío. Las cortinas están abiertas pero el color opaco de las ventanas convierte en penumbra cualquier quimérico rayo de sol. Abre nuevamente el portátil y pasa la vista una vez más sobre la presentación. Todo está bien. Es la versión correcta, terminada la noche anterior, solo diez diapositivas, gráficos perfectos, letras perfectas, de acuerdo con las PAUTAS CORPORATIVAS PARA EL DESARROLLO DE LA MARCA. Diez diapositivas que deberán dudar 15 minutos, los últimos cinco para preguntas. Vuelve a pasar la vista por las diapositivas, una por una, todo correcto. Trata de recordar las muchas palabras clave. PROJECT. STRATEGIC.ROI. BUSINESS DRIVEN, RESULT ORIENTED, CORPORATE SOCIAL RESPONSABLITY, CASH FLOW, AFTERMARKET. Pone un bolígrafo entre los dientes, horizontalmente, aprieta la mandíbula y trata de articular en inglés sin acento. El bolígrafo en la boca hace difícil la pronunciación, pero ayuda, un viejo truco que ha resultado muy útil, sobre todo en una lengua extraña. Practica dos oraciones, como la enseñara el viejo maestro de locución hace ya veinte años. Seca la saliva del bolígrafo y la gota que cayó en la agenda. Repasa nuevamente las posibles preguntas y repite la respuestas de frente a la pantalla, mirando fijo, parada firme, pero reclinando la pierna izquierda para parecer natural, fijando el iris en un punto concreto. Si, OK. Todo saldrá OK.

Las sillas están dispuestas correctamente en un óvalo innegablemente corporativo. Serán apenas unas diez personas pero no sabe cuántos se conectaran al vídeo-conferencia, en las oficinas de Ohio y Sídney. Como quiera que sea, los más importantes estarán frente a ella, mirándola. Perdón: examinándola. Es la primera vez que presenta uno de sus power points, entre los cientos que ha hecho en los últimos meses. Ha visto otros centenares de presentaciones en las últimas semanas, la mayoría aburridas e inentendibles para ella, otras bien hechas, pero igualmente incomprensibles. Es la primera vez que es ella y no su jefe quien explique el trabajo y los planes para el año próximo. STRATEGIC VISION, así se dice oficialmente, así debe decirlo, corporativamente traducido. Hoy deciden si le renuevan el contrato por otros seis meses, pero quizás sea una falsa, una presentación más.

Mira las caras blancas bien afeitadas y se pregunta qué harán esos rostros y esos ojos vacíos cuando no están evaluando presentaciones. En el mejor de los casos le renuevan el contrato y hasta le agregan la palabra MANAGER finalmente al título. El aumento de salario está descartado. “Like everybody else we have been forced to make adjustments to our resources capability in order to meet profit targets”, oyó decir al vicepresidente hace dos semanas, como para neutralizar cualquier idea de mejora salarial entre los empleados. PROFIT TARGETS, esa combinación de palabras es fácil de pronunciar, la añadirá a su DICCIONARIO PERSONAL PARA HACERLES CREER QUE ENTIENDO LA JERGA. Quizás tenga suerte, después de todo necesitan alguna manager en la dirección, ya no saben cómo responder las exigencias de Igualdad de Oportunidades de la Comisión Nacional de Evaluación de la industria. ROOLL OUT, ROAD MAP, VISION, MISSION, STAKEHOLDERS, MARKET PLACE, QUALITY, RELATIOSNHIP BUILDING, las palabras salen automáticamente de tanta repetición. Se sienta y trata de repasar casi de memoria el contenido. Una vez más.

Ha perdido la noción del tiempo que lleva hablando y no se atreve a mirar el reloj que por demás se le quedó atrapado en el puño de la camisa. Una de las muchas gotas de sudor corre por las vértebras inferiores y llega a las nalgas; siente la marca húmeda debajo de cada axila. Levanta el brazo y hace un gesto hacia la derecha, como lo ensayó esta mañana. El reverso de la mano se queda en el aire por unos segundos, suficiente para notar las pecas que siguen saliendo en esa mano. Quiere revisar si hay nuevas pecas en la mano izquierda pero no se atreve, el gesto hacia la izquierda no le queda tan natural. OUTCOMES, VALUE ADDED, TEAMWORK, LEAD GENERATION se oye repetir automáticamente. Ojalá las preguntas sean sobre las publicaciones, el número de lectores, el perfil editorial y no sobre inversiones y presupuesto. De eso no sabe nada, no tiene idea, lo repite pero no entiende por más que intente. Las usa y asiente cuando las oye, como un “connoiseur”. Su trabajo es decir esas palabras y coordinar el trabajo de los creativos. Siempre sonríe cuando piensa en la primera vez que se lo dijeron que sería responsable del equipo de diseñadores, para ellos, “los creativos”. Hasta entonces ella se pensaba creativa y a veces hasta recuerda cuando de niña aseguraba, sin pensarlo dos veces, que sería escritora. Hace unos meses, cuando la presentaron al equipo, supo su categoría laboral: RESOURCE. Ahora es apenas eso, un recurso. Vuelve a sonreír y repite mecánicamente: VISION, GOALS, MARKETSHARE, STAKEHOLDERS. SYNERGY. ¿Habrá logrado poner las palabras en el orden correcto? Recorre la audiencia con la vista, sin fijarla demasiado en nadie, da unos pasos hacia el frente, como aprendió en el tutorial de presentaciones que le recomendó un conocido en LinkedIn. No logra leer nada en las miradas vacías. Pone el dedo en el teclado y la última diapositiva aparece gigantesca en pantalla. THANKS / GRACIAS ¿?

Recorre la vista una vez más por la habitación. Se fija en la expresión del vicepresidente para notar alguna señal, pero lo ve vacío, no lee nada en los ojos azules que sobresalen, como faros de automóvil en su rapada cabeza. La mujer de Recursos Humanos que le entregó el contrato y le mostró la oficina el primer día, aprovecha para echarse una galleta a su boca. “¿Preguntas?”, dice de la manera más natural que puede y por primera vez trata de sonreír. “No”, “No”, “¿Alguna pregunta?”, dice el presidente. “¿Alguna pregunta, Ohio, Sídney?” “No, No, thanks” se oyen las metálicas respuestas.

El párpado del ojo izquierdo comienza a temblar, incontrolable. Sabe que nadie lo puede notar pero esta vez es más fuerte que de costumbre. La reunión se disuelve, y ella comienza a recoger sus papeles, a zafar los cables del portátil. Sonríe por última vez al vacío y dice Hasta luego. “Thanks for your presentation” oye decir al vicepresidente, esta vez con un guiño en sus azules, automovilísticos ojos.

Conecta el ordenador y llena un vaso de agua. Lo traga de un golpe. Otro vaso más. Ahora el sudor es más rápido y abundante. Vuelve a la mesa, no lejos de la ventana. Trata de ver cómo va el día: oscuro, ¿cómo iba a ir? No tiene claro cuánta más grisura agregan los cristales. Acomoda la silla cerca del borde de la mesa, estira los hombros hacia atrás, coloca el ratón del ordenador en la posición correcta. Se descalza los zapatos. Uuuufff, no son tan cómodos como pensaba. Apoya los pies en el piso y siente la punzante textura de la alfombra. Abre el Outlook y mira la larga lista de emails llegados después de ayer a las 11.00 pm. Respira suavemente, el aire entra por la nariz, sssss, el aire sale por la boca, uuussss. El reloj del borde derecho de la pantalla del ordenador asegura que es mediodía. Vuelve a estirar los hombros y va al icono de Power Point con la última versión de la presentación. Abre el documento y comienza a hacer los primeros cambios. PR STRATEGY EVALUATION 2013. Reacomoda la silla y estira la espalda mientras respira aliviada: en apenas diez horas estará de vuelta en casa.


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