Actualizado: 15/02/2019 14:21
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Artes Plásticas

Cuba y sus paseos por las ferias

El arbitrio de las instituciones entre los creadores y el mercado: prácticas desacertadas y desconocimiento de las reglas de negociación.

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Las históricas relaciones del campo artístico de la Isla con el mercado de arte internacional, se han caracterizado durante la última década por una persecución infructuosa y una carrera a destiempo en la que sólo unos pocos creadores han llegado a la línea de meta con posiciones decorosas. Más lamentable aún ha resultado la postura de arbitraje que en ese juego comercial han tratado de asumir las instituciones artísticas insulares, con un casi general desconocimiento de las reglas de negociación y una actitud que ha redundado en prácticas desacertadas y poco especializadas.

Sin embargo, el hecho —nada casual en tiempos de crisis— de mirar a Occidente y reconocer la importante dimensión económica del arte contemporáneo, implica en sí una toma de conciencia institucional en medio del pataleo desesperado de las galerías y sus irregulares mecanismos de comercialización y promoción en foros internacionales.

Justamente el gesto de despertar del letargo comercial experimentado hasta mediados de la década de los noventa por parte de la institución cultural cubana, se verificó en el hecho de deslindar la comercialización del arte contemporáneo del Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC), fundado en 1978). Respecto a esta institución y su función centralizadora de la actividad comercial en el sector artístico, Darys Vázquez y Lissette Monzón expondrían en su trabajo de diploma El mercado del arte en los márgenes de la ideología y la realidad (Facultad de Artes y Letras, Universidad de La Habana, 2001):

"El Fondo Cubano de Bienes Culturales deberá ser entendido más como un centro de amplias implicaciones culturales que como una empresa comercializadora, lo cual denota el alto grado de su función centralizadora y estatal en lugar de una lógica propiamente comercial (…) Se ha intentado desestimar la impronta comercializadora del período en los ámbitos nacional e internacional por varias razones, entre las que podemos destacar: la escasa autonomía de las instituciones, léase galerías comerciales asociadas al FCBC; el peso de la gestión promocional por encima de la comercial y la poca especialización del Fondo como la mayor empresa comercializadora —y a partir de 1986 la única— de todos los bienes culturales del país…".

'La cruda lección'

En 2001, la creación de Génesis Galerías de Arte como empresa comercializadora de las artes plásticas, marcaría la escisión del FCBC de galerías como Habana, La Casona o La Acacia, apostando por una labor especializada de promoción y gestión comercial del arte cubano contemporáneo. Esto reactivaría la participación de las galerías en ferias artísticas internacionales como ARCO o Art París. La primera se convirtió en una cita anual impostergable para el arte cubano, mientras foros como Art Basel constituyen aún una ilusión para la plástica nacional.

Así las cosas, una feria como ARCO —que este jueves inaugura su edición de 2007—, sin ser un espacio de visibilidad transparente y real de la producción artística insular, por el trasfondo manipulado que las representaciones de las galerías cubanas pueden poseer, y las connotaciones de un certamen de naturaleza económica, se ha convertido al menos en una ínfima muestra de las repercusiones que el trato con el mercado del arte ha tenido en la plástica de la Isla.

En su introducción al catálogo de la muestra Cuba: una Isla mental. Paseo por el Malecón (Torrevieja, 2006), el crítico de arte Kevin Power apunta algunas de las condicionantes que la inserción vertiginosa del joven arte cubano en el mercado internacional ha representado para los artistas a partir de la 5ª Bienal de La Habana, en 1994. A saber, la emergencia de un mercado para el arte cubano contemporáneo en una situación de anormalidad socioeconómica y política que lo haría muy inestable:

"…el mercado (…) eligió centrarse en Cuba porque la isla era como una reliquia ideológica y problemática del auge del pasado socialista en el globo, y en menor grado también debido a la crisis de los balseros, que la convirtió en una importante performance trágica que atrajo la atención del mundo entero. El turismo había devuelto a la isla a sus raíces jineteras (…) y de forma feliz e histérica se abandonó al dólar (…) Todo aquello fue, en cierto modo, una sorpresa para ambas partes implicadas —para el mercado del arte encontrar una generación de artistas en Cuba de la que no tenía conocimiento y cuya obra era seductoramente madura y astuta, y para los artistas una manera de acceder al dinero procedente de dicho mercado".


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