Actualizado: 23/07/2019 15:01
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Música

¡Del flamenco, por supuesto!

“Rumba de la isla”, de Pedrito Martínez, es un CD de Calle 54 Records-Sony Music

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Allá para fines de los 50, cuando el “Grupo de Guaguancó Matancero”, rebautizado por el público como “Los Muñequitos de Matanzas”, disfrutaba de un enorma favor popular, sus dos cantantes, Esteban Lantrí y Hortensio Alfonso, más conocidos por los ilustres nombres de “Saldiguera” y “Virulilla”, fueron entrevistados como parte de un corto televisivo que bregaba con el guaguancó. El locutor les pregunta de donde proviene la forma peculiar que tienen de cantar el guaguancó: inmediatamente uno de ellos le responde con cierto malestar, como si la pregunta fuese ociosa: ¡Del flamenco, por supuesto! Tan sencillo como esto. No en balde algunas de sus primeras grabaciones fueron de números españoles populares, que tenían su buena dosis de lo flamenco: “La bien pagá” y “Tani”.

Y la “diana” o introducción del guaguancó, donde el cantante hace filigranas con la voz, terminando muchas veces con la palabra “oído” cumple la misma función que la introducción parecida del flamenco, hasta que la guitarra le une su acompañamiento. Y es que ambos son cantos que nacieron con trovadores callejeros, que así avisan a los deambulantes cuando lo hacen en plazas y calles, para detenerlos en su marcha; o cuando lo hacen en tabernas, para silenciar el ruido de conversaciones y copas.

Este parentesco se ha reanudado en ciertas ocasiones, quizás la más famosa el consagrado dueto del pianista Bebo Valdés y el cantaor El Cigala, y los responsables de ese junte, Fernando Trueba y Nat Chediak, han logrado hacer ahora algo parecido, pero al contrario; si aquella reunión estuvo dedicada a Miguel Matamoros y otros compositores latinos, ahora le toca el turno a un legendario intérprete del Cante Jondo: Camarón de la Isla, y básicamente a los compositores españoles cuyas creaciones hizo famosas.

Se invierten los términos y Pedrito Martínez, con una sólida formación en las esencias del guaguancó, tal parece el biznieto del famoso “Virulilla”; no es empresa fácil porque no se trata de un cubano tratando de cantar flamenco, sino de llevar números del flamenco, al idioma del guaguancó, al igual que en su caso, El Cigala no pretendió cantar como un sonero cubano, sino llevó melodías del trópico a su aire flamenco.

Y si al Cigala le pusieron un acompañamiento que no era el ortodoxo del flamenco, con el piano de Bebo y otros instrumentos, aquí pasa igual: no están los tambores típicos del guaguancó, sino un grupo estelar de solistas, como son el Niño Josele, de lo mejor entre los guitarristas del flamenco; el Piraña, lo máximo en el cajón, ese instrumento que se toca sentado sobre él, y que no es ajeno a cajones parecidos usados en Cuba en menesteres de la rumba; y del otro lado del charco, Román Díaz, padrino de religión del cantante, y maestro de los tambores batá, el cajón, y la cuchara; Alfredo de la Fé, el excéntrico violinista cubano que supo abrirle un espacio importante al violín en la salsa, hace lo mismo aquí, añadiéndole un toque exquisito a los temas interpretados; John Benítez en el bajo acústico y eléctrico, se las ingenia para dar el ritmo básico a estas difíciles interpretaciones desde el punto de vista ritmático; y las voces de Román, el propio Pedrito, Abraham Rodríguez y un sutil toque femenino, Xiomara “La Voz” Laugart, se unen para hacer los imprescindibles coros del guaguancó.

Pedrito, como no tiene una segunda voz que le conteste, como tenía Virulilla, a veces dialoga con el coro, y en otras sostiene musicales conversaciones, con los solistas, sea la guitarra de Josele, el violín de Alfredo, el contrabajo de Johnny y hasta el cajón de Piraña. Usa además sabiamente, un viejo truco de los soneros cubanos: la intertextualidad, o sea, incuir en un tema determinado, un fragmento de otra canción; así lo hace con “Solo vivo pá quererte” en que incluye un fragmento de “Gitana”una canción de Rafael Hernández y de “Magdalena”una canción brasilera; En “Volando voy” después que De la Fé trae con su violín una cuantas notas de “Stormy weather”, John anuncia en el bajo la bella melodía de Rafael Hernández, “Amanece”, que la sigue De la Fé en el violín, y que toma sagazmente Pedrito y la mezcla con el tema central de la canción, Volando voy,hasta terminar con una rumba a todo dar.

Así siguen haciendo sutiles picardías musicales, como los disparates geográficos al comienzo de “Quiero quitarme esta pena”. Como además de cantar, Pedrito domina varios de los instrumentos de la percusión cubana, sabe hacer exóticos cambios en los patrones rítmicos, hasta terminar, cambiando de palo pá rumba, con Pedrito improvisando, citando hasta al rey Salomón… En “Gitana te quiero” canta Pedrito y le sigue De la Fé con un lírico solo; vuelve Pedrito, ya en lenguaje de montuno, y toma prestado nuevamente de Los Muñequitos de Matanzas, la melodía de “María la tenerepa”, inmediatamente seguido con la exquisita guitarra de Josele; son fuertes contrastes, sutilmente empalmados.

Lo mismo sucede con el último número, escrito por Pedrito y Román Díaz, y dedicado a Camarón de la Isla: “un montuno con respeto” dice la letra, que se inicia con la música tradicional de un himno ñáñigo.Y para terminar con garbo, una buena rumba, que se canta con esta letra: “La Habana es Cádiz con su salero; Cádiz es La Habana con sus rumberos” lo cual es una paráfrasis de una famosa composición de Joaquín Nin-Culmell.

Es la exquisita elegancia con se mezclan los elementos musicales en este delicioso y exótico coctel, lo que lo hacen único, hasta la elegancia y originalidad del diseño, a cargo del estudio Mariscal, cosa a la cual nos tiene acostumbrado la casa disquera Calle 54.


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