Actualizado: 06/12/2019 17:18
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Descubrir la nieve

La más reciente novela de Wendy Guerra enseña que descubrir la libertad pasa inevitablemente por sucesivos abandonos.

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En Cuba todo el mundo conoce a Wendy Guerra. No exagero. Durante algún tiempo condujo un segmento dedicado a los niños en una revista matutina transmitida por la televisión cubana. Fue un espacio que mucho agradecieron adultos y pequeños. Los primeros podían ofrecer a sus hijos una nueva motivación en el momento siempre difícil del amanecer, y los segundos marchaban al encuentro de la rutina escolar protegidos por el aura de la imaginación. En ese programa mostraba retratos y paisajes dibujados por los niños, presentaba un animado, repartía felicitaciones a los cumpleañeros. Al final, el plato fuerte: un cuento narrado por Wendy desde la gracia infantil.

Aunque su imagen de muchacha inquieta y frívola resulta muy familiar, somos pocos los cubanos enterados de que su novela Todos se van obtuvo el I Premio Bruguera Editorial y, todavía menos, los que hemos tenido la oportunidad de leerla. A pesar de que la autora, quien reside en Cuba, la ha presentado en España y México, todo parece indicar que aquí no se publicará.

El premio fue otorgado por Enrique Mendoza, quien definió la novela como "una conflictiva vivencia personal y social narrada sin prejuicios de ningún tipo". Escrita en forma de diario, la historia consta de dos partes definidas por la niñez y la adolescencia de Nieve Guerra, la protagonista, quien expresa su desamparo ante sucesivos abandonos. Uno de los mensajes implícitos de la trayectoria vital del personaje sería el referido a la necesaria voluntad de diálogo que debe prevalecer sobre todas las cosas cuando los padres se divorcian, por lo demás, fenómeno frecuentísimo en Cuba.

La realidad demuestra que no siempre sucede así y, como en el caso de Nieve, el hijo se convierte en el flanco vulnerable sobre el que arremete sin piedad la otra parte de la ex pareja. Si a eso se suma que Nieve debe asistir a una escuela carente de los incentivos que exige el esfuerzo de aprender y donde se insiste en la repetición de viejas consignas difícilmente creíbles, se obtendrá un resultado predecible.

'Cuando sea grande, nunca me quedaré callada'

Nieve Guerra, al igual que otros personajes de novelas cubanas recientes —las de Pedro Juan Gutiérrez o Ena Lucía Portela—, cada día se acostumbra más a que le suceda lo peor, y así cultiva una fría amoralidad de la que sólo podrá salvarla su dulce insolencia. A diferencia de los otros personajes, Nieve nombrará los desmanes de sus padres y de la revolución, no los sustrae del contexto social en que vive. Oculta su diario porque sabe que alimentar su individualidad no le traerá más que problemas con sus padres y su entorno.

Con el desarrollo de la trama, se ensancha más la soledad del personaje. Sólo confía su sentir a las páginas de un diario escrito en libretas escolares de pésimo papel, manchadas de lágrimas, del tizne de las lámparas de keroseno en las eternas noches de apagones. Allí escribe: "Cuando sea grande, nunca me quedaré callada".

La autora de esta novela propone un nuevo punto de vista. Mientras Nieve crece, comprende que no le interesa asumir el gregarismo en que han vivido sus padres: rechaza el olor de las colchonetas de los albergues, el pésimo sabor de la comida de las escuelas internas, el sistema de ordeno y mando de los entrenamientos militares que se impone a los adolescentes en nombre del amor a la patria.

Está harta de que le exijan el sacrificio cotidiano de anular su individualidad; sabe que el verdadero heroísmo de su tiempo no es vivir esperando una guerra que nunca llega y sólo sirve para que el poder justifique la mísera provisionalidad en que vive. Es llamar a las cosas por su nombre, narrar la miseria que nos amarga el día a día, es decir, que aquí también hay desesperanza y abandono.

Bienvenida sea esta novela de Wendy Guerra. Va de mano en mano, es leída con auténtico entusiasmo. En círculos íntimos, muchos intelectuales afirman su calidad; en público, posiblemente se sumen a la barrera de silencio que se le impondrá. En Cuba ya estamos habituados a que esto suceda con mucha frecuencia. La novela no será publicada, entonces no existe para la mayoría de sus lectores naturales.

Sin embargo, Todos se van es ya un hecho consumado. Una historia que habla de lo difícil que es descubrir la nieve viviendo en el trópico. Enseña que descubrir la libertad pasa inevitablemente por sucesivos abandonos.