Actualizado: 11/12/2019 10:35
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Desnoes, futuro Premio Nacional de Literatura

Las contradicciones del autor de 'Memorias del subdesarrollo'.

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Después de tanto criticar a Carpentier, Edmundo Desnoes ha caído en el exotismo. Él, que le reprochó al maestro de Los pasos perdidos que la celebración de "lo real maravilloso" contribuía a estetizar un continente caracterizado por la miseria y la violencia urbanas, se ha vuelto romántico.

De paso por Sevilla, en ocasión de una reedición de Memorias del subdesarrollo, ha señalado sobre su visita a Cuba en 2003: descubrí que "es la única ciudad del mundo que ha envejecido conmigo, a diferencia de otras ciudades mitológicas en las que han crecido nuevos órganos y que han sufrido cirugía plástica". "En Cuba he descubierto arrugas en los edificios y paredes desconchadas", pero "esto no me entristeció, pues las ruinas tienen su belleza", añadió.

Que La Habana apenas haya crecido en las últimas décadas y se encuentre en franco deterioro es ahora motivo de alegría. Supremo romanticismo esto de celebrar que la ciudad, librada a su (mala) suerte, semeje un organismo exento de las intervenciones de la tecnología.

La Habana es, en los ojos de Desnoes, más auténtica que París y que Nueva York. El aparente esplendor de estas urbes vendría a representar la decadencia del Occidente capitalista, mientras la ostensible decadencia de la capital cubana refleja en verdad la autenticidad perdida. Paradoja del tipo de las que gustan los castristas del diario electrónico Rebelión.

Ahora bien: La Habana habrá envejecido con Desnoes, pero él no con ella, o por lo menos no en ella: recordemos que en 1979 tomó el camino del exilio, sin asumir nunca una franca posición anticastrista, lo que le granjeó la enconada enemistad de Cabrera Infante y Reinaldo Arenas. Y con el viaje a Cuba hace tres años, donde recibió el aplauso de jóvenes admiradores de Memorias del subdesarrollo y la atención de una oficialidad deseosa de "recuperar" a los escritores del exilio, Desnoes se ha sensibilizado no sólo con las ruinas de la Habana Vieja, sino también con la otra vieja culpable de todo: la dictadura más longeva del planeta.

Regreso al tópico sesentista

En una entrevista con Europa Press, Desnoes afirma que "la revolución ha sobrevivido" a pesar de no contar ya con el apoyo de la Unión Soviética, y añade que "se ha vuelto a la división de clases, algo quizá inevitable para la supervivencia de la revolución". Nos preguntamos, no ya si alguna vez tal división fue realmente abolida, sino cómo pueden coexistir la revolución y las clases. Esta curiosa idea recuerda aquella de Andrés Sorel de que en Cuba hay que "desmilitarizar" la "sociedad civil".

Declaraciones semejantes hizo Desnoes durante su estancia en Cuba a comienzos de 2003 para la presentación de la reedición cubana de Memorias, la primera que se hacía en la Isla después la publicación de la obra en 1965.

El escritor afirmó, por ejemplo, en el contexto de una reflexión general sobre la inevitabilidad del fracaso en la vida, que "la misma revolución cubana es un proyecto tan grande y hermoso que está condenada a no poder realizarse en toda su plenitud" (Ciro Bianchi Ross: "Edmundo Desnoes: puntos de vista", La Gaceta de Cuba, mayo-junio, 2003).

Cuando se hace cada vez más evidente la miseria de lo que Rolando Sánchez Mejías ha llamado "eso que llaman revolución", su costado profundamente cómico, Desnoes regresa al tópico sesentista de la grandeza trágica y sublime de la revolución cubana. Ese es, desde luego, uno de los tópicos centrales de Memorias, que no por gusto coloca su historia en el contexto apocalíptico de la crisis de los misiles.


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