Actualizado: 24/11/2017 16:37
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Poe, Literatura, Literatura Norteamericana, Medicina

Edgar Allan Poe. Breve historia clínica

Se han llegado a plantear más de veinte causas posibles de muerte en el caso de Poe

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Los puritanos de Nueva Inglaterra lo declararon indigno
y ebrio consuetudinario y tendieron a ocultar
y a devaluar su enorme obra literaria.
Bruno Estañol

Solo cuarenta años.

Sí, aunque nos cueste creerlo, el periodista, editor, poeta, cuentista, novelista y ensayista norteamericano Edgar Allan Poe, padre de la novela policiaca, del simbolismo, del denominado romanticismo oscuro y en cierta medida del gótico americano y de la ciencia ficción, una de las personalidades literarias más influyentes de los últimos dos siglos y de lo que va de este, apenas vivió cuarenta años, del 19 de enero de 1809 al 7 de octubre de 1849.

Y no nos extrañemos, amigo lector, la obra de Poe, ese maestro de la racionalización de lo irracional, retrata y anuncia la muerte en todas sus formas y manifestaciones: la muerte natural, la premeditada, la misteriosa, la accidental, la equívoca, la plácida, la truculenta, la imaginada, la soñada, la deseada, la rechazada. Era Poe un obseso de la muerte, no importa si amiga o enemiga, que anuncia y cumple temprano su destino. Un rasgo, desconozco si se ha señalado antes, que lo emparenta con otro muerto temprano, el cubano José Martí, quien, por cierto, dejó inconclusa la traducción al español del poema de Poe titulado Annabel Lee, pero esa es una historia que no corresponde a este lugar.

Lo sorprendente es que un hombre que comenzó realmente a hacer literatura a tiempo completo a los 27 años de edad (A los 18 publicó un pequeño libro de poemas, Tamerlane and Others Poems; y desde los 22 o 23 hacía algo de periodismo), y por tanto apenas tuvo trece años para desarrollarla, haya marcado de una manera tan profunda a tantos escritores, pintores, músicos y cineastas posteriores o incluso muy posteriores: Baudelaire y Rimbaud, Robert Louis Stevenson y H.P. Lovecraft, Conan Doyle y Mark Twain, Oscar Wilde y Julio Verne, Dostoievski y Valdimir Nabokov, Mallarme y Rubén Darío, Andrés Caicedo y Julián del Casal, Wilkie Collins y Agatha Christie, Cortázar y Jorge Luis Borges, Ray Bradbury y Stephen King, Manet y Matisse, D.W. Griffith y Roger Corman, Federico Fellini y Alfred Hitchcock, Lou Reed y David Bowie, Debussy y Ravel, y muchos, muchos más que abiertamente lo reconocen y agradecen o que no lo mencionan o lo esconden, da igual.

Tal y como lo expresó en un poema dedicado a Poe el argentino Jorge Luis Borges:

Quizás, del otro lado de la muerte, siga erigiendo solitario y fuerte, espléndidas y atroces maravillas.

Pero más sorprendente resulta saber que en esa corta vida Poe sufrió importantes quebrantos de salud y ciertas adicciones, incluyendo entre ellas el alcohol, el opio y el juego, además de la pérdida abrupta de varias mujeres a las que amaba ─también de forma adictiva─, incluyendo entre ellas la imagen de su madre (en realidad no la conoció pues murió cuando él tenía dos años) y a su extremadamente joven esposa, y además sobrina, Virginia Clemm, con la que se casó cuando ella tenía trece años de edad, hechos todos que conspiraron ─¿o acaso favorecieron?─ en contra de su productividad literaria.

Intentemos entonces, puede resultar interesante, establecer una breve historia clínica del hipotético «paciente Poe», sabiendo de antemano que el diagnóstico de los síntomas y signos clínicos en las penurias de salud del escritor se complica por el hecho de que tuvo enemigos muy agresivos, quizás el adjetivo adecuado sería envidiosos, que echaban a rodar bulos, exageraciones y tergiversaciones sobre las dificultades sociales y físicas del hombre, lo que ha traído confusiones de todo tipo en el intento de biografiar y patografiar a Poe.

Vaya una anécdota que ilustra nuestra afirmación. En una ocasión, una de tantas, se le acusó de haber plagiado al escritor alemán E.T.A. Hoffmann, quien había trabajado un poco antes que Poe el relato de terror: «El (relato de) horror viene de Alemania», le dijeron, y Poe, que no era muy bueno defendiéndose, pero sí era dueño de una sensibilidad exquisita, contestó: «el horror viene del alma».

Y para colmo, el «amigo» y autotitulado albacea de Poe, el mediocre y demostrado falsificador R.W. Griswold, se apropió de sus papeles y escribió, dos años después de la muerte del poeta, un prefacio para sus Obras completas y una biografía que han pasado a la historia como uno de los documentos más pérfidos y calumniosos que se hayan escrito sobre una personalidad literaria de primera categoría. La así llamada Memoria de Griswold trastocó la percepción pública de Edgard Allan Poe por más de un siglo y aún hoy se siguen repitiendo, sin una crítica seria, algunos de sus asertos.

La aclaración es importante porque muchas de las verdaderas o supuestas actitudes antisociales de Poe las conocemos a través del filtro de estas personas. No hay dudas de que el escritor tuvo problemas, rarezas de comportamiento, adicciones, enfermedades, incluso algunas actitudes que pueden haber bordeado la sociopatía, pero la magnitud cierta de estas manifestaciones hay que tomarlas con pinzas.

Dicho esto, repasemos la anamnesis más o menos confirmada de este genio artístico.

Poe, después de una niñez solitaria y desdichada a causa de la prematura muerte de sus padres, pero con la suerte de vivir una adolescencia desahogada gracias a sus parientes de adopción, Frances y John Allan, que le dieron educación, apellido y le ofrecieron un hogar, comenzó a beber a los diecisiete años de edad. Al mismo tiempo manifestaba cambios de humor que oscilaban entre la depresión y la euforia. El propio Poe los describía así en una misiva a un amigo:

Tengo cambios tan marcados, de la mayor depresión persistente puedo pasar a una exaltación o júbilo inmenso con una gran voracidad por trabajar.

Un cuadro bipolar bastante evidente que no podía ser diagnosticado en aquel tiempo porque aún no se había descrito. Su alcoholismo era esporádico, pero intenso. Los años que pasó en el ejército fueron muy buenos desde el punto de vista de su estabilidad mental pero su intento por estudiar en la universidad no terminó bien, entre otras cosas por las deudas de juego y la pelea (definitiva) con su padre adoptivo, disputa que lo dejó sin fondos y lo obligó a escribir algunos trabajos mercenarios.

Procede señalar que el alcoholismo de Poe era muy sui generis pues bastaban solo uno o dos tragos para que su personalidad y su conducta se deterioraran rápidamente. Hoy sabemos que en algunas personas existe un déficit congénito de una enzima hepática, el alcohol dehidrogenasa (ADH), que, al faltar, incrementa extraordinariamente los efectos tóxicos del alcohol. Es posible que Poe haya padecido esta condición ─teoría del investigador Arno Karlen─ por demás no muy común, pero no tenemos forma de saberlo con certeza. Como quiera que sea, recaía frecuentemente en la bebida a sabiendas de los desastrosos efectos que debería afrontar luego. Resulta muy significativo este fragmento autobiográfico del escritor:

Como ofensa, mis enemigos atribuyeron mi locura al alcohol en vez del abuso de alcohol a la locura.

¿Es posible que Poe confundiera con locura lo que no era más que una condición genética? Es perfectamente posible, pero la adicción estaba ahí. No obstante, sus problemas no terminan en el alcohol.

En el año 1999 el profesor de neurología C. Bazil (los neurólogos Weissberg, Zumbach e Ingram, en diferentes trabajos, concuerdan con este diagnóstico) postuló la posibilidad de que Poe fuera portador de una epilepsia del lóbulo temporal del cerebro desencadenada, o no, por el consumo de alcohol. Esta enfermedad neurológica explicaría los cuadros de confusión tan comunes en Poe, los automatismos psicomotores (extraños movimientos con las manos, muecas y ensoñaciones) que muchos de sus contemporáneos refieren haber visto en él (o narrados por él mismo) y la ausencia de convulsiones.

Este tipo de epilepsia, denominada epilepsia jacksoniana, no fue descrita hasta unos cuarenta años después de la muerte de Poe por el neurólogo John H. Jackson. En algunos pacientes con epilepsia jacksoniana se ha confirmado el desarrollo de psicosis larvadas (psicosis postictales), lo que pudiera explicar, de ser el caso, el deterioro de la psiquis de Poe en los últimos meses de su vida.

Un médico que atendió a la esposa de Poe y la enfermera María Luisa Shew (a la que Poe enamoraría sin éxito después de la muerte de su mujer), amiga del matrimonio, describen asimetrías faciales «y una rara debilidad en el rostro» del escritor, signos que pueden concordar con la epilepsia del lóbulo temporal. Es sugerente señalar que Poe, que no era médico, describe muy bien crisis epilépticas con alucinaciones en varios de sus cuentos. Se han señalado también, y no deben descartarse como causa de los problemas neurológicos del escritor, los pequeños traumatismos craneales repetidos en el curso de sus crisis de ebriedad y confusión, incluyendo, por supuesto, la mucho más seria que parece haberlo matado.

En los últimos meses de su vida el cuadro confusional que Poe presentaba a veces, se hace más frecuente, se agrava y algunos de sus contemporáneos refieren haber presenciado en él fabulaciones y pensamientos expresados que rayan en lo delirante en el curso de conversaciones y discusiones. En los períodos de exaltación o bajo los efectos del alcohol, Poe se volvía muy locuaz, exuberante, logorreico a veces, y ese síntoma parece exacerbarse en esta etapa final.

Hablemos del controvertido final físico de Poe.

La muerte de Edgard Allan Poe es uno de los episodios trágicos más comentados de la literatura moderna. De hecho, se han postulado unas veinte versiones diferentes (hemos encontrado 22) de las causas y los hechos relacionados con esa muerte, pero por lo menos todas concuerdan en el lugar de su fallecimiento, el Hospital George Washington College, en Baltimore, Maryland.

Tratemos de reconstruir los hechos. 1849 fue un año particularmente complicado (¿es que acaso todos los anteriores no lo fueron?) para Poe: se le había metido en la cabeza, una vez más, fundar una revista literaria pero no contaba con fondos económicos para llevar adelante tamaña empresa; estaba enamorado con empecinamiento de un viejo amor de adolescencia (Sarah Elmira Royster) pero al mismo tiempo se había enredado con Helen Whitman y probablemente también con Annie Richmond, situaciones sentimentales que él llevaba con poca habilidad, lo que le causaba una gran ansiedad. Supuestamente estaba intentando dejar de beber (sus difíciles novias se lo exigían), lo que puede haberlo puesto aún más nervioso e irritable.

Ahora los acontecimientos finales.

Hay varios testigos de que Poe sufrió una crisis confusional en el tren en que viajaba de camino a Filadelfia para dar una conferencia (el editor John Sartain fue uno de esos testigos), pero no pudo hacerlo, no podía controlar adecuadamente sus pensamientos, y decidió regresar a Nueva York.

Aquí es donde todo se confunde, pues donde apareció realmente Poe fue en Baltimore, ciudad en la que se le encontró varios días después vagando por las calles, o en una taberna (La taberna existía, se llamaba Gunner’s Hall y estaba en el 44 East Lombard St.). No hay un acuerdo definitivo en eso. Lo cierto es que vestía una ropa raída y un sombrero de paja que no eran de él y se encontraba en condiciones astrosas e incoherentes. Algunos conocidos lo rescatan y es llevado al hospital. El señor Soundgrass, conocido de Poe y uno de los que lo conducen al centro de salud (el periodista de Baltimore Joseph P. Walker fue otro), alega que el escritor se encontraba en pésimas condiciones físicas ─daba pena verlo, dice─ pero todavía consciente.

El doctor Moran, médico que lo recibe en el centro hospitalario, enfoca el cuadro como un delirium tremens (una intoxicación alcohólica) pero al mismo tiempo escribe que no tenía aliento etílico y que se niega a beber alcohol (estamos en 1849 y los facultativos pensaron también, con lógica, en una crisis de deprivación). En unas horas cae en coma y muere dos días y medio después. Se cerró el caso como una crisis hepática debido al alcoholismo consuetudinario y una «inflamación cerebral», un término muy común en aquella época para referirse a los óbitos de causas no bien definidas, pero generalmente relacionadas con la ebriedad y las peleas de taberna.

No se practicó una autopsia, lo que nos deja ciegos acerca del estado orgánico (sobre todo el hígado y el cerebro) del poeta.

Lo cierto es que Poe no estaba borracho al momento del ingreso hospitalario y así consta en la referencia escrita por el doctor Moran. Señala muy claramente que el paciente no presentaba aliento etílico ni olor a alcohol en las ropas. ¿Qué situación trágica lo llevó hasta allí y subsiguientemente a la muerte? Repasemos sucintamente algunas de las muchas hipótesis que se han barajado una y otra vez.

  • ¿Fue Poe asesinado para robarle? Poe no tenía un centavo y probablemente no llevaba nada de valor encima. Su invalidez económica era ampliamente conocida. No presentaba heridas penetrantes de importancia si hemos de creerle al doctor Moran.
  • ¿Fue drogado por los cazadores de votos ─había elecciones en Baltimore por esos días y cosas así ocurrían con frecuencia─ y luego abandonado en una taberna (the cooping theory)? Se ha discutido mucho sobre esto y no tengo elementos para afirmarlo o negarlo. Puede haber ocurrido y es una de las teorías más en boga para explicar los hechos.
  • ¿Fue realmente un coma hepático? El doctor Moran parece haber sido un médico bien entrenado y no refiere en su examen del enfermo íctero (ictericia) ni el aliento típico de estos enfermos (fetor hepático).
  • ¿Sufrió una caída o un golpe contundente de índole criminal en la cabeza y desarrolló una hemorragia subaracnoidea? Es un diagnóstico que me parece muy probable y explica el progresivo deterioro del estado del paciente terminando en el coma profundo y la muerte. En mi opinión, es el cuadro que más se acerca a la sintomatología (narrada) del paciente.
  • ¿Fue el deterioro acelerado de su condición epiléptica lo que lo mató? Es posible, teniendo en cuenta que en aquel tiempo no existía tal diagnóstico y mucho menos un tratamiento adecuado. Hoy, que una epilepsia jacksoniana termine en la muerte es muy raro, insólito, pero no ocurría lo mismo en aquel tiempo.
  • ¿Apoplejía? Poe todavía caminaba cuando fue rescatado y no se señaló en el examen del doctor Moran ningún signo de focalización. Nos parece sumamente improbable tal acontecimiento.
  • ¿Un tumor cerebral? Las neoplasias del cerebro a veces producen síntomas muy erráticos, pero es difícil que expliquen los cuadros neurológicos de Poe durante tanto tiempo. Aquí se extraña la ausencia de una autopsia.
  • ¿Suicidio? Ocurrió un oscuro incidente, un año antes, relacionado aparentemente con una sobredosis de láudano (legal en ese tiempo). Pero esta vez la sintomatología no se corresponde y el desenlace mucho menos.
  • ¿Estaba Poe tuberculoso y lo ocultaba? Podría ser, pero no se han referido síntomas y signos de tal enfermedad, aunque su esposa sí murió tuberculosa. La forma de ocurrir el óbito no se corresponde con esta enfermedad.
  • ¿Una pneumonía (pulmonía)? Hay un sinfín de cosas que este diagnóstico no toma en cuenta. La sintomatología tampoco se corresponde (Ausencia de tos, fiebre, esputos, falta de aire).
  • ¿Crisis hipoglucémica? No se corresponde la sintomatología y nunca se ha probado que Poe fuera diabético.
  • ¿Sífilis? Aunque puede haberla padecido, ocasiones de contagio tuvo, la sífilis terciaria presenta otros signos neurológicos muy diferentes.
  • ¿Envenenamiento por metales pesados, sobre todo mercurio? Es una hipótesis interesante, pero existe un informe, de una muestra de pelo tomada muchos años después, que parece negar el hecho.
  • ¿Cólera? Nadie ha referido diarreas entre los signos que presentaba Poe.
  • ¿Lo mordió un perro callejero y murió de rabia? Los síntomas no se corresponden y no se describieron lesiones de este tipo.
  • ¿Intoxicación por monóxido de carbono? Nos parece una teoría absurda.

Por este camino se han llegado a plantear, como ya mencionamos, más de veinte causas posibles de muerte, algunas incluso traídas por los pelos o inequívocamente ridículas.

Hay que resignarse al hecho de que nunca sabremos la verdad, pero sea lo que haya sido, se apagó ese día siete de octubre una de las mentes literarias más importantes de la historia. Una mente superior desde el punto de vista de la creación literaria que debido a sus debilidades de otra índole debe cargar, además, con una verdadera leyenda negra.

Jorge Luis Borges, que estudió a Poe como pocos, escribió refiriéndose a las horas finales del escritor:

En el delirio repitió las palabras que había puesto en boca de un marinero que murió, en uno de sus primeros relatos, en el confín del Polo Sur. En 1849, el marinero y él murieron a un tiempo. Esas palabras fueron: This is the knell of death.

Es una bella frase, Borges era un maestro en eso, pero no parece corresponderse con la realidad.

Muerto Poe, y con la pena de no haber desentrañado las causas físicas de su fallecimiento, cerremos este breve ensayo con el dictamen del poeta francés Charles Baudelaire, casi con toda seguridad el hombre que introdujo a Edgard Allan Poe y le hizo conocido en Europa, antes incluso que en la propia Norteamérica:

Hay en la historia de la literatura destinos de hombres que llevan la palabra fatalidad escrita en caracteres misteriosos en los pliegues sinuosos de la frente, tal fue el caso de Poe, el más original, el más sensible y el más infortunado de los poetas.

Un digno epitafio.


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