Actualizado: 19/10/2018 10:27
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El amor a los cincuenta años

Claire Denis mantiene su estilo y sus premisas estéticas, pero esta vez no se ajustan al argumento y el resultado es un filme poco logrado y poco creíble

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Claire Denis (Paris 1946), es uno de los más importantes realizadores franceses de los últimos treinta años, desde que irrumpió en 1988 con Chocolat, un filme muy personal, en la cual una mujer regresa al Africa Occidental a recordar motivos de su infancia, tema al cual regresará más tarde en White Material (2009), ya que Denis pasó su infancia y juventud entre Camerún, Senegal, Burkina Faso y Djibouti, pero se interesa en una gran variedad de temas que parecen inagotables, como lo demuestran Nenette and Boni (1996), Beau Travail (1999), Trouble Every Day (2001) y 35 Shots of Rhum (2009),todas películas excelentes y originales en su forma narrativa. Solo con estos filmes tiene garantizado su ingreso en el Panteón del cine francés.

En el año 2013 filmó Bastards un filme interesante que no está a la altura de los anteriormente mencionados. Como es la guionista de todas sus obras, es tan responsable de sus éxitos como de sus fracasos. Con su más reciente entrega, la fatalmente traducida al inglés como Let the Sunshine In, y cuyo título original es Un Beau Soleil Intérieur, lo cual en español sería algo así como Un bello sol interior, para no elaborar mucho y que aunque también me parece muy malo, tiene su explicación en el filme, continúa una tendencia de declive en su obra.

Juliette Binoche interpreta a Isabelle, una pintora cincuentona, divorciada, con una hija de diez años a la cual apenas vemos en la película, que anda en busca del verdadero amor. Desde el primer plano del filme, su búsqueda se centra en encuentros sexuales generalmente insatisfactorios, que la llevan de un amante actual con el cual se pelea, a su antiguo esposo, a un desconocido que se encuentra en un bar, a un hombre que rechaza sus avances y a un actor con una actitud paternalista, sin que pueda encontrar nada más allá de un placer efímero. El problema es que el personaje no queda bien elaborado y nada de lo que sucede parece tener sentido.

Binoche es una actriz que desde que comenzó en un rol protagónico en The Unbearable Lightness of Being (1988), se destaca por su personalidad fuerte que invade los personajes que interpreta. Es una excelente actriz, camaleónica, de amplio rango histriónico, pero resulta imposible disociar su atracción personal de los personajes y tiene que ser muy cuidadosa en escoger los roles que interpreta. Y no es que esté mal en su papel de Isabelle, todo lo contrario, lo que pasa es que hay una gran contradicción entre su presencia y la ligereza impetuosa con las cuales toma sus decisiones el personaje. Algo no encaja y convierte la narrativa en un argumento artificial y traído por los pelos.

El estilo elíptico conque Denis desarrolla sus filmes tampoco ayuda, porque no se consigue ni un dramatismo efectivo ni un distanciamiento iluminador. La película carece de ritmo y a veces parecen una serie de episodios desconectados, con un personaje que los une. Eso hace que el tono subliminal acusatorio sobre la insatisfacción sexual de la mujer ante el egocentrismo machista en la intimidad, suene a veces a arenga barata.

Denis es muy medida en la forma en que presenta los aspectos sentimentales de sus personajes, sin embargo, en este filme se deja arrastrar por la cursilería. El colmo de la ridiculez es una secuencia disfrazada de buen gusto en la cual Isabelle se encuentra a un personaje típico del cine francés, ese tipo de hombre medio desencajado de aspecto y ropaje nihilista, mientras baila sola al compás de “At Last”, entonada extraordinariamente por Etta James, mientras la cámara da vueltas a su alrededor y coincide cuando se encuentran los ojos de ambos con el momento en que se escucha “my lonely days are over” (se acabaron mis días de soledad). Otra vuelta de tuerca increíblemente cursi es la secuencia final del filme, en la cual aparece un personaje interpretado por Gérard Depardieu, en una brevísima actuación, que no tiene ninguna relación con el resto del filme y que de repente se vuelve significativo. Esto se salva un poco por la irónica y original presentación de los créditos finales.

La fotografía de la excelente Agnes Godard, con quien Denis ha trabajado en casi todas sus películas desde Chocolat, es eficiente y se ajusta a los pocos cambios anímicos del argumento. Xavie Beauvois está muy bien en su papel del banquero egocéntrico con quien Isabelle comienza la película en la cama. Es el único otro papel de peso en el filme, que descansa en la actuación de Binoche. El filme está inspirado, no basado, en un ensayo de Roland Barthes. Denis mantiene su estilo y sus premisas estéticas, pero esta vez no se ajustan al argumento y el resultado es un filme poco logrado y poco creíble. Un filme con intenciones de meditaciones profundas que no atraviesa la epidermis.

Let the Sunshine In (Francia/Bélgica, 2017) Dirección: Claire Denis. Guion: Claire Denis y Cristine Angot. Director de fotografía: Agnes Godard. Con: Juliette Binoche, Xavier Beauvois, Philippe Katerine y Josiane Balasko. De estreno limitado en algunas ciudades de Estados Unidos y disponible OnDemand.


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