Actualizado: 26/11/2021 14:39
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Elena Poniatowska o la ponzoña de la “izquierda” mexicana

La escritora y periodista mexicana pertenece al grupo de intelectuales que está de acuerdo con las dictaduras, a las que defiende, especialmente con la cubana

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Si entrecomillo el término izquierda en el título es porque en México existe otra izquierda compuesta por personas reflexivas, decentes, tendientes al comedimiento y al análisis y que, sobre todo, no están a favor de las dictaduras.

La escritora y periodista Elena Poniatowska pertenece al otro grupo, al que merece comillas, al que está de acuerdo con las dictaduras, a las que las defiende —ella misma es una defensora de la dictadura cubana—, al que tiene como bandera el rencor, la irreflexión, la intolerancia para todo aquel que no piense igual.

En 2007 la señora Poniatowska, invitada por la dictadura cubana, asistió a la Feria Internacional del Libro de La Habana y allí, “sin quitarse el polvo del camino” —apuntaba el que suscribe en un artículo publicado a raíz de este suceso— despachó para el diario izquierdista mexicano La Jornada una declaración en la que atestiguaba que se sentía muy feliz de estar en Cuba, en la Feria —adonde había ido a presentar uno de sus libros— y alabó al castrismo porque éste había enseñado a la población a “vivir con lo esencial”, un “logro”, según ella. En el artículo referido —porque al parecer ella, albergada gratuitamente en uno de los mejores hoteles de La Habana, no tenía una idea clara de dónde se hallaba ni de lo que decía— describí la “esencialidad” de la vida del isleño y la contrapuse con la sustanciosa “esencialidad” de la vida que llevaba en México la escritora azteca. Las declaraciones, sospechosamente urgentes, que la intelectual mexicana hacía llegar a La Jornada, indicaban “Algo así como el colonizador que alaba al nativo por esta condición (de vivir con lo esencial), o como el visitante a una exposición de ornitología que alabe al canario porque es parco en el consumo de alpiste”. Quienes leyeran las declaraciones de Poniatowska podrían ver en éstas “un viso de cinismo o, al menos, un insulto, venido de cierto inconsciente paternalista, para el pueblo cubano”, finalizaban mis líneas.

El pasado 13 de octubre, en una conferencia organizada por la Universidad Iberoamericana (UIA) en la ciudad de Puebla, Poniatowska, regocijada, deseó que en 25 años “todos podamos zapatear sobre la tumba del corrupto Mario Marín Torres” gobernador del estado de Puebla. Ella ya no lo verá, afirmó (entonces tendría 103 años), “pero espero que Mario Marín esté bajo tierra y que todos podamos ir a bailar, ir a zapatear en su tumba”. Lo de menos es ofrecer datos sobre quién es Mario Martín. Digamos que un gobernador estatal corrupto, denominador común de la clase política mexicana. Lo que quiero hacer notar es que esta izquierda entrecomillada azteca, hoy vencida por sus propios excesos, destila veneno y mala fe si tomamos en cuenta que una de sus más influyentes representantes es capaz de inducir a los jóvenes que la escuchan a semejante sacrilegio; impelida, claro, por la rabia que se apodera de los que no saben perder. Perder en buena lid, democráticamente, como no se podría perder o ganar en la Cuba que, cada vez que se presenta la ocasión, la señora Poniatowska toma como paradigma del bienestar, resultado, paradójicamente, de una dictadura que la sancionaría a no menos de 10 años de cárcel si ella convocara a que dentro de algunos años algunos debieran bailar, zapatear, sobre la tumba de un tirano. Estas expresiones de la intelectual mexicana dejan ver, asimismo, que la inquina irracional no es privilegio sólo de personas sin instrucción manipuladas por este o aquel caudillo diestro. La impotencia —que al fin y al cabo es la razón— es la que lleva a seres de poca monta a sembrar rencores y solicitar la impiedad.

No obstante el tanto daño que nos han hecho a los cubanos las personas como Elena Poniatowska, somos de la opinión de que, cuando llegue ese momento indefectible, a la tumba de la intelectual mexicana, lleven flores.



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