Actualizado: 14/11/2019 12:33
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Joker, Cine, Arte 7

Entre la realidad y el delirio

El comentario social de Joker se centra en la creciente disparidad económica y la desaparición de la clase media, pero esto no es el punto crucial del filme

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Es casi imposible narrar la trama de Joker sin revelar mucho. Arthur Fleck trabaja como payaso por contrato. Su seguridad laboral es frágil, para colmo, no es un buen payaso y como además tiene uno o varios trastornos mentales, su juicio sobre la realidad es también endeble y confuso. Vive con su madre, otra trastornada que adora a Murray Franklin, un anfitrión de un programa nocturno al estilo de The Tonight Show y un personaje que es una caricaturización de Johnny Carson. Arthur también se siente atraído por una vecina, una madre soltera muy joven.

La situación política es caótica. La madre sueña conque el millonario Thomas Wayne se postule para la alcaldía de la Ciudad Gótica (Gotham City), porque piensa que es quien único puede resolver todos los problemas. Ella una vez trabajó para él. Arthur visita a una trabajadora social en una oficina repelente, a través de ella consigue las medicinas que necesita para sus enfermedades psiquiátricas, es la única y tenue red de protección que tiene para no caer en el abismo existencial.

En la secuencia inicial, Fleck disfrazado de payaso, despliega una pancarta y sus talentos de comediante promoviendo una tienda en liquidación. Un grupo de jóvenes afroamericanos le quitan la pancarta y se echan a correr, él les cae atrás y estos le propinan una pateadura alevosa. Este es el principio de su descenso. Más adelante se entera que debido a recortes gubernamentales, no seguirá recibiendo los servicios sociales de los cuales disponía. Las medicinas no le serán asequibles.

Arthur va perdiendo el sentido de la realidad y entonces una noche en el metro, tres jóvenes obviamente ejecutivos, probablemente de medio nivel, acosan a una muchacha, esta se va y a Arthur le da un ataque de risa, que supuestamente es el resultado de una condición neurológica. Los jóvenes lo rodean amenazadoramente y Arthur saca su pistola y termina matándolos a todos.

Hasta aquí, está todo lo que linealmente cabe en el dominio de lo real. Desde este momento la película se mueve entre la realidad y las alucinaciones y delirios de Fleck y se vuelve difícil dilucidar si estamos viendo hechos reales o inmersos en lo profundo de los sueños, deseos, interpretaciones y frustraciones de Fleck. Esto es, precisamente, lo mejor del filme.

Confieso que fui asustado a ver Joker, no fue hasta que dos amigos, en cuyas opiniones confío, me dijeron que les había gustado. La filmografía del director, Todd Phillips, Road Trip (2000), el remake de Starsky and Hutch (2004) y las tres The Hangover, me dejaban mucho que desear. Pero en esta película Phillips se revela como un cineasta total. Dirige con firmeza, tomándose su tiempo, amenazando más que mostrando, con el horror emboscando cada plano, manipulando magistralmente los encuadres, la iluminación, la edición y la trama. Las referencias contextuales no son meras influencias, son apropiaciones artísticas. Se ve obviamente que toma de Taxi Driver, The King of Comedy, V for Vendetta y hasta de Death Wish, su Ciudad Gótica es el Nueva York de Scorsese en sus primeros filmes, un cuadro de finales de los setenta y principios de los ochenta, cuando el caos, las ratas, los cines porno y el principio del sida regían las calles, antes de su higienización y posterior disneyficación. Pero las contradicciones sociales son muy contemporáneas.

El comentario social de Joker se centra en la creciente disparidad económica y la desaparición de la clase media, pero esto no es el punto crucial del filme. Toca también, y con mas sutileza, las falsas generalizaciones, los desboques de las masas enardecidas y la corrupción de los medios de comunicación. Lo principal, sin embargo, es la creación de un personaje original, a partir de lo que se ha hecho y presentado anteriormente de Arthur Fleck. Phillips ha creado el Joker definitivo y Joaquín Phoenix lo ha actuado como algo irrepetible.

César Romero, Jack Nicholson, Heath Ledger y Jared Leto lo han encarnado en el cine (Mark Hamill puso su voz por muchos años para los animados). Cada cual le ha dado un carácter distintivo al personaje, el cual siempre se caracteriza por un cruel sentido del humor. El Joker de Phoenix es diferente. Es un loco sin sentido del humor, no emparenta con los otros. Tiene un poco del personaje de Gwynplaine, interpretado por el extraordinario Conrad Veidt en el filme The Man Who Laughs (1928), de Paul Leni, comparten su lado lúgubre, pero este Joker está totalmente desquiciado, es difícil adivinarlo como el personaje que hace bromas crueles. La violencia imperante lo ha devastado. Este Arthur Fleck es un personaje en si mismo, más allá de sus relaciones contextuales e intertextuales. Solo se relaciona con Bruce Wayne cuando este es un niño y porque piensa que es su medio hermano.

Joaquín Phoenix es un actor que habita en sus personajes. Como Arthur Fleck explota desplegando una gama de emociones que van de la serenidad, al delirio, al horror, al afeminamiento y a la autocompasión, sin tener ningún problema con las transiciones dramáticas. Todo ello con naturalidad, sin alarde. Sale en casi todos los planos de la cinta. El resto de los actores están muy bien, pero quedan en un distante segundo lugar. Destacan Robert de Niro como Murray Franklin, Frances Conroy como Penny Fleck y Zazie Beetz como la vecina oscuro objeto del deseo de Arthur.

Joker es puro cine, lo que hace que el guion del propio Phillips, que es lo más flojo del filme porque a veces se vuelve innecesariamente explicativo, no importe mucho, porque la imagen nos asalta cada segundo, nos muestra ese mundo alucinado y alucinante en el cual se mueve Arthur, en el cual el miedo, la envidia social, el resentimiento y el odio gratuito se mueven libremente entre la realidad y el delirio. Esta película es casi una obra maestra.

La fotografía de Lawrence Sher, quien trabajó con Phillips en los tres The Hangover, es impecable y resulta orgánica a la visualización del universo de Fleck que el director quiere ofrecer. La selección musical es excelente, sobre todo el uso que le dan a That’s Life en la interpretación de Sinatra, Como dato curioso, oí en la banda sonora White Room por Cream, el mismo día que moría Ginger Baker, su baterista.

Ganadora del León de Oro en el Festival de Venecia de este año, donde ganó aprobación unánime, desde entonces las críticas a Joker no han sido generosas, ha sido desechada como una broma mal hecha. Es una bipolaridad que me asombra, porque esto es cine del mejor, usando lo mejor del cine convencional, lleno de innovaciones de estilo y sin caer en recursos manidos ni monsergas pedagógicas. Parece que los críticos americanos, imbuidos de contenidismo, no pueden apreciar las sutilezas del guion, los limita la corrección política.

Joker (EEUU/Canadá, 2019). Director: Todd Phillips. Guion: Todd Phillips y Scott Silver, basado en los personajes creados por Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson. Director de fotografía: Lawrence Sher. Con: Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Frances Conroy, Zazie Beetz y Brett Cullen. De estreno amplio en todas las ciudades de Estados Unidos.


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