Actualizado: 20/08/2019 5:32
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Cine, Cine británico, Arte 7

Erotismo ideológico

El director de este filme respeta todos los cánones y convenciones del género de espionaje y logra mantener el interés, pero no arriesga nada artísticamente y constantemente cae en un maniqueísmo barato

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El cine británico tiene una larga tradición de obras sobre espionaje, intrigas palaciegas, suspense político y batallas ideológicas. Incluye una gran variedad de personajes y de estilos, algunos están llenos de humor, otras son obras serias, comedidas. Es un cine distinguible, que ha establecido sus convenciones y que, en el peor de los casos, es interesante y está realizado impecablemente.

Red Joan se inscribe dentro de esa tradición. En el año 1992, miembros de los servicios secretos entran en casa de Joan Stanley, una anciana de 82 años, porque tras la huida al Occidente de un antiguo miembro de la inteligencia soviética, éste entrega una serie de documentos en los cuales se revela la participación de Joan en la filtración de secretos nucleares a la Unión Soviética tras haber finalizado la Segunda Guerra Mundial.

Joan es una joven de clase media que entra a estudiar ciencias naturales y física, en la universidad de Cambridge, en 1938. Allí conoce a Sonya y a Leo Galich, dos inmigrantes judíos de origen ruso que llegaron a Inglaterra tras sufrir persecución en Alemania. Son primos. Leo es un vociferante militante de la Komintern. Joan lo conoce mientras echa un fiero discurso en defensa de la República española. Por supuesto, se enamora de su retórica y de su figura.

Joan es demasiado naive y se deja seducir sexualmente por Leo, que mientras la besa la llama “camarada” (¡Qué románticos son los internacionalistas defensores de la clase a la cual no pertenecen!). Leo es un furibundo paladín de la Unión Soviética y un ardiente negador de los crímenes de Stalin. Pasa parte de la guerra en Moscú. A finales del conflicto bélico, ya graduada, Joan comienza a trabajar en las instalaciones gubernamentales dedicadas a desarrollar la bomba atómica. Es asistente del director, Max Davis, de quien también se enamora. En este caso, el sexo desarrolla su pasión por la ciencia.

Los americanos se adelantan y las bombas de Hiroshima y Nagasaki derrumban la moral calvinista de Joan, quien se horroriza ante el espectáculo. De nuevo seducida por Leo y con la complicidad de Sonya, decide pasar los secretos científicos de los ingleses, a los rusos, porque según ella, está convencida de que la única forma de evitar una catástrofe nuclear es proporcionar que todas las grandes potencias tengan la bomba. La película continúa con una trama más o menos interesante, pero no contaré más. La anciana Joan, que ha mantenido su secreto ante su hijo, ahora un abogado, y ante el mundo, una vez descubierta, insiste en su visión pacifista y enternecedora.

La historia está basada en la vida de Melita Norwood, quien desde su reclutamiento en 1937 pasó secretos nucleares a los soviéticos y no fue descubierta hasta 1992, pero debido a su edad, el gobierno británico decidió no procesarla. Norwood era una comunista fiel, quien al ser capturada expresó su convicción de que espió para “evitar la derrota de un nuevo sistema que había logrado, a un alto costo, proporcionar a los ciudadanos ordinarios, comida y tarifas que podían costear, así como buena educación y un excelente servicio de salud” y remató diciendo que su deseo siempre fue que “Rusia se mantuviera adelantada con respecto a Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos”.

Sin embargo, a pesar del título, Joan niega ser comunista. El personaje no tiene una psicología coherente. El director se toma el trabajo de poner en primer plano una tacita de té con la foto que Korda le hizo al Ché, como para definir sus ideas políticas, pero parece que Juanita la Roja no pasa de rosado pálido. ¿O es que Joan, que ha mentido por tanto tiempo, miente también sobre sus convicciones? Joan de anciana se presenta como una viejita que inspira lástima, con algún sentimiento de culpa, pero que actuó como actuó, porque parecía entregarse sexualmente para tener aceptación y elevar su autoestima. Nada de esto se resuelve dramáticamente.

Trevor Nunn (Inglaterra, 1940), es un destacado director de teatro que dirigió la Royal Shakespeare Company de 1968 a 1986. Ha recibido innumerables premios y reconocimientos por su labor en el teatro. En el cine comenzó bien con Hedda (1975), que le valió una nominación al Oscar a Glenda Jackson, pero desde entonces, ha trabajado mayormente en televisión y este filme recuerda un poco una telenovela. Es un excelente director de actores y no se le nota que viene del teatro (aunque es obvio que se aprovecha de la experiencia), pero es que no hay filme británico que no esté impecablemente actuado.

Su dirección aquí respeta todos los cánones y convenciones del género de espionaje y logra mantener el interés, pero no arriesga nada artísticamente y constantemente cae en un maniqueísmo barato. Todos los funcionarios del gobierno y los policías son seres fríos y sin sentido del humor ni de la compasión. Completamente unidimensionales y caricaturescos. Los únicos que tienen cierta diversidad emocional son las víctimas. Como queriendo decir que el placer es un derecho de los oprimidos. Sus simpatías están con Joan, la pobrecita víctima sexual y luego de la inmisericorde justicia británica.

Judi Dench tiene crédito principal, pero su actuación es secundaria. Joan de anciana es un personaje sin riqueza de carácter, una vieja mentirosa y testaruda que se siente inocente. Pero siempre se agradece la presencia de esta gran actriz. Sophie Cookson (Kingsman: The Golden Circle) se destaca en el verdadero papel estelar como la joven Joan, a pesar de que el personaje está construido demasiado convencionalmente. Stephen Campbell Moore como Max Davis y Tom Hughes como Leo Galich aprovechan la ambigüedad de sus personajes y se desempeñan con eficacia y economía de recursos expresando las diferentes facetas de los mismos.

El guion de Lindsay Shapero, basado en la novela homónima de Jennie Rooney es esquemático y demasiado serio. La fotografía de Zac Nicholson (The Death of Stalin) no traiciona el tono del filme, más bien lo apuntala y a ratos parece un poco de postalita.

El filme resulta un tema desaprovechado, construido de forma paniaguada, para complacer a un público nada exigente y sin inmiscuirse en los asuntos que apenas esboza. Sus caracterizaciones son pueriles y su final es almibarado.

Red Joan (Gran Bretaña, 2018). Dirección: Trevor Nunn. Guion: Lindsay Shapero basado en la obra homónima de Jennie Rooney. Director de fotografía: Zac Nicholson. Con: Sophie Cookson, Judi Dench, Tom Hughes y Stephen Campbell Moore. De estreno limitado en casi todas las ciudades importantes de Estados Unidos.


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