Actualizado: 25/01/2022 14:16
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Focas amaestradas

Represión y miedo: La atmósfera escatológica en que nadan los convocantes al VII Congreso de la UNEAC.

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La frase es de uno de los más mordaces intelectuales cubanos del pasado siglo. La metáfora de Raúl Roa caracterizaba a los comunistas isleños que antes de 1953 acataban las ordenanzas moscovitas del ligeramente autoritario georgiano Iósiv Stalin. Era exacta, aunque el travieso autor prefiriera, en sus últimos años, no establecer asociaciones tropicales engorrosas.

Y cae de anillo en el dedo gordo de ciertos intelectuales que aún acatan los dictámenes estalinistas del ligeramente apolillado Comandante oriental o de su apocado hermano. "Focas amaestradas" es la inevitable asociación con los que ahora convocan al VII Congreso de la destartalada, herrumbrosa UNEAC de El Vedado.

Porque sólo a través de la metáfora se explican ciertas evidencias. La primera es un sofisma. Es decir: un aparente argumento que defiende algo falso. Se trata de considerar a la UNEAC una ONG. ¿Acaso hay en Cuba organizaciones no gubernamentales, según los parámetros establecidos por la ONU?

Debo estar mal informado. No me enteré de que suprimieran los núcleos, el Comité del Partido que agrupa a los trabajadores y jubilados que militan. Tampoco de que ya no reciben matemáticos consejos desde el ala partidista del Palacio de la Exrevolución, de su Departamento de Cultura y del Ideológico, sobre todo cuando no leen bien La Gaceta o Unión, cuando no son lo suficientemente combativos en las asambleas de las asociaciones, en las periódicas reuniones para evaluar y hasta en las conversaciones cerveceras en El Hurón Azul…

Es un atentado a la inteligencia negar la implacable censura, y lo peor: contentarse con alusiones críticas, la mayoría de las veces costumbristas, arqueológicas o crípticas. Reprochan a los ampayas de un juego de pelota en Santiago de Cuba, a un triste merolico que vende peinetas plásticas en Manzanillo, al industrioso alambiquero que produce alcoholifán en Mantilla…

Y sí, incluyen variaciones a La muerte de un burócrata, críticas a los efectos y no a las causas. Nada contra el sistema: principal engendrador de leyes y disposiciones redactadas para ser violadas, para que cada cubano se sienta delincuente. Más el tópico de meterse con la cadena y no con el mono, como ocurriera cuando el desempolve de los comisarios pavonateros, estrictos soldados que cumplían estrictas órdenes.

La misma existencia de la bola —Sergio Corrieri será el presidente que elegiremos mediante voto secreto y directo— y del murmullo —Miguel Barnet codiciaba el cargo— evidencia la represión. No ya falta de transparencia informativa —como sucede en algunos países latinoamericanos—, sino miedo hasta en el inodoro. En esa atmósfera escatológica —hablar bajito— nadan los convocantes al congreso de la UNEAC.

Por cierto, como parte del ambiente ligeramente inhóspito no ruedan bolas sobre el destino de los "cuadros salientes". Ahí no hay especulaciones: la docilidad se paga, Roma desprecia e indemniza.

Los que vengan detrás necesitan contar con ese respaldo a la abyección. Usted tranquilo, la pijama pronto será sustituida por una tarjeta electrónica para "módulo de ropa". Y despreocúpese, la Oficina de Atención a Personalidades no le olvidará nunca, cuente con su cheque en chavitos aunque escriba peor que aquel grupo de lacayos de Antonio Pérez Herrero, aunque sea tan mal poeta como Carlos Aldana, cuyas metáforas proletarias —compradas en la Sony habanera— eran tan elogiadas en la UNEAC por su presidente de entonces.

Su 'dentro del juego'

En ese centro donde la mediocridad prima y hermana a los pinnípedos —así clasifican a las focas—, avergüenza observar que mantiene impertérrito su "dentro del juego", como si los poemas de Heberto Padilla —el mejor poeta cubano entre los nacidos alrededor de 1930— nunca se hubieran escrito. Como si de 1961 —cuando se fundara la entonces libre asociación— al 2007, no se sucedieran varias generaciones de presos de conciencia y de exiliados, no hubieran muerto el pensamiento binario y el marxismo-leninismo.

¿Identifican las focas a sus entrenadores? Dicen que hasta le cogen cariño a la subordinación de la cultura al Poder. Les gusta no decidir. Y no asombra, ya es tan natural como la guagua fantasma y las faltas de ortografía, el precio de la carne de puerco y de los discos, las farmacias sin medicinas de última generación y las hemerotecas anticuadas…

Los historiadores miembros de la Asociación de Escritores —para colocar un ejemplo reciente— deben haber disfrutado mucho la Mesa Redonda Informativa del pasado 24 de febrero. Allí habló Eliades Acosta, un "experto" que haría revolver en su tumba a Manuel Moreno Fraginals. Para horror de los demás participantes, entre ellos María del Carmen Barcia y Eusebio Leal, el flamígero "doctor" acaba de ser promovido a jefe del Departamento de Cultura del Comité Central del Partido, tras casi destruir la Biblioteca Nacional José Martí, según cuchichean algunos de sus empleados más antiguos y capaces.

Nada, que en los próximos meses ya tendrán que aplaudir o por lo menos asentir ante los sensatos —si no me creen traten de leerlo— y eruditos —sobre todo actualizados— aportes del cuadro cuadrado a la historiografía nacional. Nada, que la preclara inteligencia del dirigente derramará sus luces sobre escritores y artistas, en intervenciones eso sí: antológicas, de una posmodernidad estremecedora, de una flexibilidad digna del Dr. Francia, el cariñoso presidente paraguayo que Roa Bastos inmortalizara en la mejor novela sobre el tema del dictador latinoamericano.

Junto al recién estrenado intelectual, al lado de los convocantes y sus psiquiatras especializados en atender síndromes masoquistas, debe estar nada menos que otro miembro de la inteligencia, Esteban Lazo. Sus palabras serán el prólogo de la clausura, que deberá estar a cargo de Raúl Castro.

A las focas se les enseña a palmear. En los acuarios sus cuerpos fusiformes se prestan a malabarismos que sobre todo los menores de edad aplauden. Si los entrenadores saben cuándo darles pescado, las focas aprenden un sinfín de trucos, para delicia de la audiencia. El espectáculo que se avecina en 17 esquina a H —el último dueño de la casa dicen que se ahorcó en el vestíbulo— promete romper los récords establecidos…

Es lamentable: no podremos compartir las sesiones del VII Congreso de la UNEAC. Los boletos están muy caros. En la puerta de hierro exigen pagarlos con principios —creer en la democracia—, con mutismos —"El que calla otorga"— y con las esperanzas de una Cuba mejor… Tampoco estará el genuino espíritu de Raúl Roa, aquel lince de la intelectualidad cubana que hace más de medio siglo llamó a los comunistas —incluía a los compañeros de viaje— "focas amaestradas".