Actualizado: 09/12/2019 13:16
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Muriendo antes de nacer

El próximo congreso de la UNEAC: cero ambigüedades y la reiteración de la zurcida política de los compromisos.

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Senel Paz no sabe si aplaudir o escupir sobre su destino.

Es uno de los seis vicesegundos de una comisión que organiza un congreso de escritores y artistas que deberá exorcizar, si procura un mínimo de credibilidad, un pasado del cual el escritor de 57 años fue una de sus numerosas víctimas.

"Yo acepté formar parte del equipo para preparar el congreso, pero no tengo ninguna vocación de dirigente", avanzó recientemente en Europa.

Por el momento, tiene los reflectores sobre él y su frase "soy un animal de las sombras", con la que recalca su estilo discreto, apenas si le acomoda para mantenerse en esa intimidad de madriguera.

Tal vez de todos los vice que darán cuerpo al séptimo congreso de la Unión Nacional de Escritores y Artistas, programado para el año próximo, sea el único que puede defender con más éxito una causa que para muchos está perdida: crear con libertad sin ser castigado por el axioma con que desde 1961 el sistema mantiene a raya a los intelectuales.

Ese año, reunido con un grupo de importantes artistas y escritores en la Biblioteca Nacional, el primer ministro Fidel Castro puso las reglas de juego: "Dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada".

Desde entonces es un mandamiento. Sus profanadores lo han pagado caro: cárcel, exilio, ostracismo.

Paz, autor del cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, que lo lanzó a la fama al servir de libreto para la película Fresa y Chocolate (1993), se muestra dispuesto al desbloqueo y no quiere presentarse como un resentido incurable.

"Esta etapa hay que estudiarla con mayor profundidad y no verla simplemente como un trauma eterno, como algo frustrante", dijo en una entrevista a la prensa digital cubana.

Semanas después defendió la actual administración cultural y consideró superada aquella época terrible.

Al presentar en abril pasado en Lisboa su última novela, En el cielo con diamantes, en la que narra una era de conflictividad, represión y censura durante los años setenta, explicó que aunque las ideas dogmáticas no desaparecen del todo, las autoridades culturales de la Isla defienden "una mentalidad abierta" y existe una nueva generación de intelectuales que no padece las mismas limitaciones.

"Para la gente de mi generación era casi paralizante si no coincidíamos con la línea oficial de la cultura, pero ese dirigismo ya no existe", enfatizó el autor de Un rey en el jardín, título de su primera novela.

Suenan las alarmas

Pero si tal política, en sus formas más rígidas, ha tenido que ser atemperada, no pasa lo mismo con sus máximos responsables.

Eso lo sabe al dedillo Reynaldo González, prolífero crítico y novelista también marcado por la severidad de los dogmas y el control del aparato ideológico.

El autor de Al cielo sometidos tocó las alarmas.


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