Actualizado: 28/05/2020 19:58
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Cine, Cine brasileño, Arte 7

Glauber Rocha y Tarantino se encuentran en la tierra del sol

A pesar de que evitan pontificar, los directores de esta cinta no ocultan su agenda de denuncia política, que no por justa es menos ramplona

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El sertón, los cangaceiros y los jaguncos regresan al cine brasileño después de décadas de olvido. Esta vez de la mano de Kleber Mendonca y Juliano Dornelles, quienes ajustan la tierra y sus personajes a los toques de la modernidad, con algunas extrapolaciones de los personajes y sus significados.

Nelson Pereira dos Santos fue el primer director brasileño que trajo el sertón al cine, pero lo hizo inspirado en el neorrealismo italiano y sus filmes se centraban en la miseria de aquellos personajes que habitaban estas tierras baldías del nordeste de Brasil. En su cine, el sertón llegó a su cúspide en Vidas secas (1963).

Buscando romper con las narrativas tradicionales, Glauber Rocha (Brasil, 1939-1981), uno de los fundadores del Cinema Novo (Nuevo Cine Brasileño) retomó el sertón y le dio un protagonismo narrativo ya desvinculado del neorrealismo italiano y acercándolo al western y al cine de samuráis. Howard Hawks, John Ford y Kurosawa se mezclan en su obra con un color local y un tempo godardiano. Los cangaceiros eran los rebeldes y ladrones que como cowboys se paseaban por los pequeños pueblos de la región, aislados de todo contacto con el mundo exterior, y los jaguncos eran sus cazadores, samuráis de estas tierras que respondían a los intereses del poder. Dios y el diablo en la tierra del sol (1964) y Antonio das Mortes (1969) son sus filmes ya clásicos que epitomizan este periodo.

El sertón del Cinema Novo llegó a tener su versión spaguetti, al igual que los westerns. Se filmaron varios, entre ellos Viva cangaceiro (1970), dirigido por Giovanni Fago y cuyo protagonista fue Tomás Milián, el actor cubano que también fue prominente en muchos spaguetti westerns.

En Bacurau, se nos informa desde el inicio que el pueblo cuyo nombre da título al filme, se encuentra al oeste de Pernambuco y que la trama sucede unos años en un futuro no muy distante. Teresa regresa a Bacurau tras un tiempo en la ciudad. Viene a los funerales de su abuela y es probable que nunca más salga de ahí, porque se puede sacar al ser humano del sertón, pero no se puede sacar el sertón del ser humano. La situación es extraña. El pueblo parece asediado y las entradas al mismo están controladas. El chofer del camión de agua potable que la trae, no tiene la menor idea de lo que pasa.

Bacurau es el típico pueblo pequeño y apacible, en medio de un territorio agreste, con sus personajes ingenuos y estrafalarios, ajenos a lo que sucede en el resto del mundo. Las noticias llegan tarde o nunca llegan, pero a nadie le importa mucho. Como el tiempo no parece pasarle, el elemento de ciencia ficción es más bien un chiste. Sus habitantes, aparentemente, viven adaptados a su miseria y a sus tradiciones. Son además promiscuos y tolerantes. Todo el mundo se conoce, hay pocos secretos, pero muchos rumores. Es ese tipo de pueblo que aparece en tantos westerns y en las películas de Rocha. También ese tipo de pueblo que ha adoptado en su cine más reciente Quentin Tarantino.

La gente se encuentra insatisfecha con el alcalde Tony Junior, que les ha quitado las fuentes de agua y se ha esmerado en empobrecerlos. Este viene a hacer campaña electoral y es rechazado por los pobladores que ni salen de sus casas y lo insultan. Junior trae “donaciones” para que sean filmadas por sus publicistas. Pero otras cosas extrañas vienen pasando. Algunos drones siguen a los habitantes cuando salen un poco de los límites del pueblucho, llega una extraña pareja de motociclistas que van supuestamente de paso y se escuchan sonidos extraños.

Teresa se rencuentra con Pacote/Acacio y en medio de esto reanudan sus relaciones, pero muy pronto comienza lo que ya es obvio resulta un ataque contra el pueblo. Los pobladores se organizan para enfrentar a los desconocidos y con cierto titubeo reclutan la ayuda de un cangaceiro, Lungo/Lunga, que se había marchado hacia las afueras del pueblo, un matarife violento que es además un drag queen, quien recuerda mucho a los cowboys homosexuales de Django Kill… If You Live Shoot! Un spaguetti western de 1967 cuyo protagonista también es Tomás Milián.

Esta vez los jaguncos son americanos, dirigidos por un alemán, en lo cual me parece lo más flojo del filme, por obvio. Hacia el final sabremos quien los contrata.

Mendonca y Dornelles mantienen un tono de parodia muy a lo Tarantino, que se nota mucho en su composición de las escenas de violencia, que llevan al extremo, y hasta en los créditos del filme, típico de las películas B de los años cincuenta, a las cuales Tarantino también es aficionado. Pero no deja de haber influencia de los personajes y situaciones de Rocha.

A pesar de que evitan pontificar, los directores no ocultan su agenda de denuncia política, que no por justa es menos ramplona. Manejan el humor comedidamente y la trama se desarrolla ágil, con alusiones añadidas a los complejos raciales de los brasileños cosmopolitas.

Aunque habían trabajado juntos en Neighboring Sounds (2012) y en Aquarius (2016), en los cuales Mendonca actuó como director y guionista, mientras que Dornelles era el diseñador de producción, aquí comparten crédito como codirectores y coguionistas. Prefiero el estilo de estos filmes anteriores, en los cuales en cada plano existe una asechanza de algo indescriptible, un tono agorero muy sofisticado, que no creo se logra en Bacurau.

Bárbara Colen como Teresa y Sonia Braga como Domingas, el médico del pueblo, quienes habían trabajado en Aquarius están muy bien en sus respectivos papeles. Braga le da gran fuerza dramática a un personaje nada sexy como los que está acostumbrada a hacer. Udo Kier se destaca con gran sentido del humor en su breve papel como el mercenario alemán. El resto del elenco asumen sus papeles con el protagonismo adecuado. La dirección de actores está muy bien controlada por Mendonca.

El guion está repleto de diálogos irónicos y de un excelente humor negro. Fluye muy bien y parece lograr un lenguaje colectivo que prácticamente se funde con el paisaje. La fotografía de Pedro Sotero, quien había trabajado con los directores en sus dos largometrajes anteriores, utiliza muy bien la luminosidad del paisaje semidesértico y convierte la fotografía en un personaje más, que aporta un sutil elemento de ligero carácter ominoso.

Bacurau (Brasil/Francia, 2019). Guion y dirección: Kleber Mendonca Filho y Juliano Dornelles.

Director de fotografía: Pedro Sotero. Con: Sonia Braga, Bárbara Colen, Udo Kier, Thomas Aquino y Silvero Pereira. Disponible en streaming como parte de la iniciativa de los cines alternativos de ofrecer estrenos por internet. Esta es en conjunción con Kino Lorber.


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