Actualizado: 20/10/2021 13:39
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Hermanos enemigos

Atelier Morales aborda en su última exposición un antagonismo que se amplifica en la historia del hombre y continúa hasta nuestros días con guerras, odios y rivalidades entre los pueblos del mundo.

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El primer asesinato de la historia fue el de un hermano a otro: Caín mató a Abel "porque sus obras eran malas y las de su hermano, justas", según el Antiguo Testamento. Esaú vendió a su hermano Jacob sus derechos de primogénito por un plato de lentejas. Los hermanos Eteocles y Polinices se quitaron uno al otro la vida por ocupar el trono de Tebas. Rómulo mató a su hermano Remus por discrepancias sobre donde construirían la ciudad de Roma.

En la historia y los mitos de la humanidad son recurrentes las rivalidades entre hermanos. Están reflejados en la Biblia, en la tragedia griega, en la mitología egipcia, en la antigua China o en la vieja Roma. La serie Hermanos Enemigos, de Atelier Morales, aborda con sugestiva fuerza dramática este ancestral antagonismo que se amplifica en la historia del hombre y continúa hasta nuestros días con guerras, odios y rivalidades entre los pueblos del mundo, como vascos, palestinos, israelíes, cubanos de dentro y fuera de la Isla, y tantos otros.

La moderna escisión cubana se origina con el primer gran éxodo hacia la Florida, a principios de la década de los años sesenta. Desde la conocida enemistad entre los hermanos Fidel y Juanita Castro, quienes distanciaron diametralmente sus posiciones políticas y sus afectos muy al comienzo de la toma del poder por Castro, este comportamiento discordante fue el de una sociedad entera que sufrió y sigue sufriendo sus terribles consecuencias. Miles de padres, hijos, hermanos, separados durante décadas no sólo por un estrecho marítimo, sino por diferencias ideológicas muchas veces gratuitas, odios impuestos, miedos arraigados, o por una irracional testarudez que los sumió en el aislamiento durante años.

Hermanos que nunca se escribieron, hijos y padres que no volvieron a verse, amigos que se olvidaron en la distancia. Vecinos, conciudadanos, compatriotas que se golpearon con saña asesina, con toda la furia y la agresividad de sus almas adiestradas por la intolerancia. Cubanos que, por encima de los lazos de origen, fraternidad o hermandad, asumieron el camino del enfrentamiento: apedreando a sus propios hermanos por el único crimen de pensar diferente. Hermanos, hijos de la misma tierra, que hoy continúan odiándose, reprimiéndose, ultrajándose.

En el mundo hay actualmente más de 20 países en guerra. La brutal capacidad de los hombres para odiarse, guerrear y aniquilarse entre sí es una condición inherente a la especie, desde los hijos de Eva y Adán. Y detrás de cada odio, cada oposición y de cada muerte hay siempre el mismo motivo: la ambición, en todas sus formas y matices.

Pero la irracional rivalidad entre los cubanos, la fabricada ira de esa muchedumbre que hoy es llamada a golpear y doblegar en una calle de La Habana a un compatriota indefenso, es tan triste como absurda. Porque todos los cubanos humildes, defensores y opositores, son lo mismo: compañeros de infortunio, víctimas de las mismas lejanías, aquejados por las mismas privaciones y carencias, y hermanados, en el fondo del corazón, por las mismas ansias.


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