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McDonagh, Cine, Arte 7

Intenciones y consecuencias

Este filme sugiere comedia, sugiere thriller, pero se siente el peso de una tragedia que se va desarrollando con imaginación

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Tras sus dos primeros largometrajes (In Brugges, Seven Psychopaths), Martin McDonagh (Londres, 1970), parecía el resultado cinematográfico del cruce paniaguado de ADN entre Quentin Tarantino y Danny Boyle. Sus películas combinaban con habilidad el absurdo, la comedia y el thriller, sus personajes articulan de manera incomprensible, pero con mucha fluidez un lenguaje soez, dicharachero y repleto de alusiones a la cultura popular. Esos dos filmes eran entretenidos y bien hechos, pero se quedaban en la superficie. No había nada detrás de su facturación. Ahora, con Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, ha demostrado un estilo más original y un argumento más elaborado, con ramificaciones más profundas. Un filme que hace pensar.

Mildred es una mujer tremendamente amargada, no sin razón. Su marido la dejó por una adolescente de dieciocho años y su hija fue violada y asesinada varios meses atrás. La investigación policial ha llegado a un callejón sin salida y no hay la menor pista sobre el asesino. Manejando de regreso a la casa, un buen día se fija en unas vallas vacantes, frente a las cuales debe haber pasado cientos de veces en los últimos meses, ya que quedan casi frente a su casa, y se le ocurre una idea. Reúne dinero y las alquila por un año, para poner unos mensajes en los cuales se queja de la inoperancia de William Willoughby, el jefe de la policía local.

Siendo Ebbing un pequeño pueblo en donde todo el mundo se conoce y apenas hay secretos, las pasiones se desatan, virulentas y contagiosas, en todos los sentidos y los resultados no son necesariamente los que Mildred, vengativa y resentida, tenía en mente cuando concibió su idea.

El filme mantiene un ritmo relativa y deliberadamente lento. Sugiere comedia, sugiere thriller, pero se siente el peso de una tragedia que se va desarrollando con imaginación, tomando giros inesperados y evitando la predictibilidad. McDonagh trabaja con estereotipos, pero, en lugar de caer en clichés argumentales, los restructura y les concede una dimensión humana muy digerible. Los personajes no resultan ser lo que parecían ser. Todos son redimibles y condenables, llenos de contradicciones inexplicables. Esto, a su vez, los hace funcionar mejor dentro del universo absurdo que se va creando y da lugar a que las soluciones absurdas resulten ser las conclusiones lógicas.

McDonagh, que es además el guionista de la trama que dirige (al igual que hizo en sus dos filmes anteriores), mantiene con destreza el suspenso acerca de lo que va a suceder, crea un ambiente de angustia y tensión, sin perder la ironía y el sentido del humor. Lo que inicialmente parece que terminará en una broma, se va volviendo tenebroso. Hay momentos en los cuales parece que va a caer en lo políticamente correcto, pero una vez entrado en el tema, lo pone bocarriba y se burla de ello con sutileza. Ningún personaje es culpable ni inocente, pero esto no quiere decir lo ya muy conocido, que víctimas y victimarios, leones y corderos yacen juntos, sino que habitan sin mucha armonía dentro de nosotros mismos. El final abierto resuelve muy bien una trama que uno nunca sabe hacia dónde dará su próximo giro argumental.

Tiene algunas cosas gratuitas. El personaje del exesposo de Mildred y su novia, pudieron haber quedado en una mención. Su breve aparición se utiliza para acentuar los elementos de comedia, pero de manera convencional. Hay secuencias, como cuando Mildred apaga el fuego en las vallas, que adicionan un elemento melodramático innecesario que no concuerda con el tono general del filme. El personaje que interpreta Peter Dinklage, le resta coherencia a la trama.

Frances McDormand, en el papel de Mildred, regresa a un tipo de personaje que interpreta con fuerza icónica, como el que hizo en Fargo que la lanzó a la fama. Su capacidad histriónica es impresionante. Domina la imagen solamente con una mirada, una pequeña mueca o un gesto descuidado. Woody Harrelson, como Willoughby, un jefe de policía responsable, que, a pesar de su fachada grosera, es un hombre noble, se desenvuelve con soltura y en un papel diferente a los personajes controvertidos y maniqueos a los que nos tiene acostumbrado. Lucas Hedges, quien ya había despuntado como muy buen actor en Manchester by the Sea y en Lady Bird, resulta muy eficiente en su papel del hijo de Mildred, que se siente obligado a reprimir la expresión de su dolor, causado por muchas razones, no solamente el asesinato de la hermana. Es el lado cuerdo de la familia. Sam Rockwell hace muy bien las transiciones de lo cómico a lo trágico, resultando risible y a la vez amenazante, como Dixon, el policía incompetente y violento, que vive controlado por su madre.

La fotografía de Ben Davis (Londres, 1961), que trabajó con McDonagh en Seven Psychopaths y ha sido director de fotografía en Hannibal Rising, Layer Cake, The Debt y Guardians of the Galaxy, entre muchas otras, capta en toda su belleza el paisaje rural que rodea a Ebbing (aunque en realidad, está filmada en Carolina del Norte).

El filme ha sido nominado para seis Globos de Oro (Mejor película, mejor dirección, mejor guion, mejor actriz estelar, mejor actor secundario y mejor música), ganó el premio a la mejor película que concede el American Film Institute, el de la mejor película y mejor actriz para McDormand, mejor guion para McDonagh, mejor actor secundario para Woody Harrelson y los de mejor edición y música que otorga la asociación de cine independiente británica y muchos otros premios. Es probable que tenga múltiples nominaciones para el Oscar. Pero más allá de todos los laureles, es, sin duda, uno de los filmes más interesantes que se han exhibido este año.

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (EEUU/Gran Bretaña, 2017). Guion y dirección: Martin McDonagh. Director de fotografía: Ben Davis. Con: Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell y Lucas Hedges. De estreno amplio en todo Estados Unidos.


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