Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Cine, Arte 7

La asimilación y los demonios heredados

En esta película el director logra una puesta en escena que se revela en cada encuadre

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Más de una año le ha tomado a la cinta ganadora de la Palma de Oro en Cannes en 2015, llegar a estas orillas, pero la espera ha valido la pena. Se trata de Dheepan, una realización del cineasta francés Jacques Audiard. Uno de sus temas centrales, aunque no el único y a la larga quizá no el más importante, es la inmigración semilegal de los tercermundistas al Occidente, algo bien pertinente en los tiempos que corren.

La película comienza hacia el final de la Guerra Civil de Sri Lanka, que duró desde 1983 hasta 2009. En los inicios vemos a un hombre que parece harto de su participación en la matanza. Es uno de los tigres tamiles, una organización separatista que se opuso al gobierno de Sri Lanka y que se radicalizó a medida que avanzaba el proceso. A la postre se convirtieron en unos terroristas carniceros, alejados ya de lo que inició su causa. El hombre es Dheepan, quien le da título al filme, pero cuyo verdadero nombre es Sivadhasan, o sea, el título del filme está basado en una mascarada. Sivadhasan se asquea de la guerra, convenientemente, en el preciso momento en que su bando está ya a punto de ser derrotado.

Luego vemos, en un campo de refugiados, a una mujer muy joven que busca desesperadamente a una niña sin familia, hasta que al fin consigue una a la cual le mataron a los padres. Las dos se unen a Sivadhasan, que ya es Dheepan, ayudado por uno de los militares que administran el campamento de refugiados y se les suministran pasaportes. Ahora serán una familia: Dheepan, Yalini, “la esposa”, y Illayaal, “la hija”. Este truco le dará más posibilidades de recibir asilo en su país de destino.

Salen de noche en unos botes y se enteran que su destino es Francia. Audiard nos ahorra la travesía y ya los vemos en un miserable apartamento sobreviviendo con lo que Dheepan gana vendiendo ilegalmente fruslerías en las calles de París. Lo que sí nos deja ver Audiard es la entrevista de concesión de refugio, en la cual Dheepan es ayudado por el traductor singalés, que lo reconoce y es otro tigre tamil emigrado y le redondea la mentira para que el funcionario le crea.

Una vez obtenido el refugio y sus beneficios, la familia es asignada a una barriada de las afueras de Paris, que consiste en esos bloques cilíndricos prefabricados en los cuales el control lo ejercen pandillas de traficantes de drogas de origen tanto francés como árabe, africano y asiático. Dheepan es asignado a ser custodio de varios edificios.

Los miembros de la familia asumen sus roles. Dheepan hace su trabajo cruzando la cuerda floja de las intrigas y negociaciones de los delincuentes. Se mueve con cautela y sin hacerse notar. Yalini al cabo de un tiempo comienza a trabajar cuidando a un árabe que parece muy enfermo y Illayaal, tras un inicio dificultoso, se va asimilando en la escuela francesa y a su nueva cultura. Pasa de recibir clases especiales para extranjeros a clases regulares para niños franceses.

Tras ese personaje de individuo callado y cumplidor, se oculta alguien que no sabemos quién es. Dheepan llega a creerse la idea de la familia, llega a tener esporádicas relaciones sexuales con Yalini y se apega algo a Illayaal. De alguna manera todos compran su propio invento. Aunque el pasado viene en busca de Dheepan, lo cual lo pone en crisis.

A la casa del árabe llega Brahim, un delincuente acabado de liberar y que se encuentra en probatoria quien es líder de una de las facciones que controlan los trasiegos ilegales del edificio. Desde el apartamento conduce sus negocios y Yalini queda de alguna manera seducida por su presencia. Uno sabe que algo malo va a pasar, ya que desde el inicio hay demasiados indicadores ominosos. Pero, en realidad, nunca nos imaginamos lo que va a pasar.

A la larga, cuando su familia corre peligro, a Dheepan se le sale el tigre interior y se convierte en una fuerza letal de características ramboescas. Esta es una parte que si bien está bien realizada, es lo más flojo del filme pues no empalma bien con el estilo anterior, aunque es reveladora.

Seguir contando sería arruinar la trama al espectador. La película manipula muy bien la intriga y se mueve entre el thriller y el drama existencial. La han tratado de comparar con Mediterranea, un drama que se concentra en el proceso de la inmigración africana a Europa, pero Dheepan es eso y mucho más. Es una historia que se mueve entre varios niveles. Es cuento de exilio y asimilación, es también el contraste entre los nuevos ambientes y los atavismos que se arrastran al emigrar y es también un argumento sobre lo poco que conocemos al prójimo. No es un filme que inspira, sino que llama a meditar. No hay soluciones, y al final nos deja con la duda de lo que se oculta detrás de cada personaje y sus circunstancias.

Jesuthasan Antonythasan solamente había participado en un filme antes de este. El personaje tiene mucho de él pues fue un tigre tamil y siempre estuvo ansioso de contar su historia. Audiard saca lo mejor de él y lo hace actuar con la soltura de un veterano, a pesar de ser un papel de gran exigencia dramática y que requiere que para ello se exprese sin exageraciones. Kalieaswari Srinivasan debuta como Yalini y demuestra una gran presencia escénica con gran naturalidad. Se desliza en su personaje con agilidad histriónica. Muy convincente también está Claudine Vinasithamby en su papel de Illayaal. Es una actriz muy expresiva con un promisorio debut. El único profesional es Vincent Rottiers (Renoir, Mood Indigo) como Brahim, y está muy bien en su papel, con una presencia fuerte, que genera miedo sin necesidad de hacer un gesto.

Jacques Audiard (A Prophet, Rust and Bone, The Beat That My Heart Skipped) es uno de los mejores directores franceses del momento. Aquí solo solidifica su ya bien ganada reputación, justamente coronada con el premio en Cannes. No solamente dirige a los actores magistralmente sino que urde una trama (el guion es también suyo) que mueve con claridad y sin necesidad de explicaciones ni contextualizaciones. Logra una puesta en escena que se revela en cada encuadre. Los personajes tienen una gran densidad que aporta mucho a la trama.

Eponine Momenceau debuta como director de fotografía y realiza un trabajo impecable, creando imágenes que acentúan con sutileza el dramatismo de las situaciones.

La película sale oportunamente en un momento en la cual los movimientos migratorios están recibiendo el rechazo de parte del occidente, lleno de temores, muchos de ellos justificados, ante la posible infiltración de terroristas. Audiard tiene la honestidad de presentar el tema con crudeza. No justifica ni condena. Muchos saldrán horrorizados. Para los que hemos sido partícipes de un movimiento migratorio semejante (en mi caso el Mariel), lo que vemos es muy real y conocido.

Pero el filme de Audiard va más lejos. Se mueve ente las aspiraciones humanas, la realización de ilusiones, la adopción de la mentira como forma real de vida y la transformación que ello puede implicar. También presenta y cuestiona los límites de la asimilación y la fuerza del legado cultural, genético e histórico de cada cual, así como su influencia en el individuo actual a modo de instinto ancestral. Inquiere sobre lo que cuesta imponerse sobre un pasado que uno quiere olvidar y superar. Hasta cuánto resulta posible mantener el autoengaño como instrumento de la lucha por la metamorfosis individual. Macaras y espejos, imágenes y reflejos, persona e identidad.

Dheepan (Francia, 2015). Dirección: Jacques Audiard. Guion: Jacques Audiard, Thomas Bidegain y Noé Debré. Director de fotografía: Eponine Momenceau. Con: Jesuthasan Antonythasan, Kalieaswari Srinivasan, Vincent Rottiers y Claudine Vinasithamby. De estreno limitado en algunas de las mayores ciudades de Estados Unidos.


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