Actualizado: 07/12/2022 17:02
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La 'Cuba del Norte'

90 Millas, el último disco de Gloria Estefan, editado por Burgundi Records.

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Gloria Estefan es quizás la única artista cubanoamericana que ha logrado hacer el crossover cultural, o sea, siendo una cubana emigrada, ha sido capaz de triunfar en el mercado norteamericano cantando ritmos latinos en inglés. Cuando era solista de Miami Sound Machine, esta banda consiguió convertirse en una de las más populares de Estados Unidos a partir de un pop melódico, incluyendo también algunos temas "disco".

En su momento, esto significó una ruptura con respecto a otras formaciones "típicas" y solistas como el dúo Hansel y Raúl, y Willy Chirino, entre otros, los cuales cultivaban básicamente la salsa y diversos géneros propios de la música cubana.

Su primer gran éxito en el mercado norteamericano fue Conga (1985), el cual ocupó el primer lugar de las listas de éxitos de música pop, latina y de discoteca, gracias a que en su interpretación la Estefan pudo desdoblarse en una cubana sandunguera, mientras en un inglés impecable relataba cómo se bailaba la conga.

Sin embargo, en 1993 vendría el mayor éxito comercial de Gloria Estefan, quien después de experimentar con temas híbridos y con música pop, regresa musicalmente a la tierra de sus sueños. Cuajado de sones, boleros y danzones, Mi Tierra es un serio esfuerzo por rescatar la memoria musical cubana, incorporando al legendario contrabajista Cachao, al virtuoso flautista dominicano Néstor Torres y al colombiano Estéfano, autor del tema que da título al disco.

Seguir pensando en Cuba es "como amar a alguien que nunca has conocido", dijo una vez Gloria Estefan, quien con Mi Tierra alcanzó elevadísimas cotas de popularidad, no sólo en el mercado norteamericano, donde ya era una figura establecida, sino incluso en España, donde su disco rompió récords de venta y varios de sus temas permanecieron en el "top ten" de todas las emisoras de radio durante más de un año luego de su salida al mercado.

Por otra parte, el arrollador éxito alcanzado sirvió para consolidar el prestigio internacional de Miami como plaza hacedora de milagros musicales, en este caso bajo la acertada visión de Emilio Estefan, artífice de la brillante carrera de su esposa. Sin embargo, 90 Millas no ha corrido tal suerte; digamos que más bien ha pasado sin penas ni glorias. ¿Por qué?

El disco equivocado en el momento equivocado

Diversos factores pueden explicar el escaso calado que en el gusto popular ha tenido esta producción musical, que como aquella de 1993 ha agrupado esta vez a músicos formidables, como Carlos Santana, Juanito Márquez, Luis Enrique, Papo Lucca, los hermanos Ricardo y Alberto Gaitán, Paquito D'Rivera, Arturo Sandoval, José Feliciano y Johnny Pacheco, entre otros con un extraordinario talento y una trayectoria artística muy sólida. ¿Qué ha fallado esta vez?

En primer lugar, la salida de Mi Tierra, en 1993, se inscribió en una época de boom de la música cubana y la salsa a nivel mundial. El decenio lo abrió el dominicano Juan Luis Guerra con sus merengues y bachatas y se cerró con los sones, pregones y danzones del Buena Vista Social Club. Hitos destacados a lo largo de esa década prodigiosa fueron precisamente el superventas de la Estefan y los espléndidos CD titulados Cachao Master Sessions, entre otros, concebidos ambos por músicos cubanos de Miami.

Sin embargo, 90 Millas sale al mercado en un contexto donde la "onda latina" se ha desembarazado de su carga tradicional, salsera y merenguera, para recodificarse en clave de rap, hip-hop y sobre todo reguetón, a tal punto que consagrados cultores de la salsa, como Tito Nieves y Víctor Manuelle, han incluido en sus discos temas de reguetón con el afán de satisfacer a un público cada vez más fatigado de la típica salsa y ávido por entregarse a nuevas experiencias sonoras y bailables.

Otra explicación podría residir en que Mi Tierra es un disco con una enorme capacidad para emocionar, debido fundamentalmente al sentimiento que brota de la letra de todas sus canciones, en las cuales los músicos y la diva cubanoamericana pusieron alma, corazón y vida en cada interpretación. Por el contrario, 90 Millas no emociona, no conmueve al escucharlo, y no es por falta de entrega profesional y talento de la excelente nómina de músicos que intervienen en él, pues esto es algo de lo que van sobrados.

Quizás sea porque a principios de los noventa existía una especial sensibilidad hacia el tema político cubano —tras la caída del comunismo en Europa oriental, todos pensaban que Cuba sería el siguiente eslabón en caer—. Temas como Mi Tierra y otros de aquel memorable disco conectaron rápida e íntimamente con un sentimiento generalizado que añoraba intensamente volver a la Isla detenida en el tiempo y que, a la vez, nostalgiaba con los sones, guarachas y boleros de los años cincuenta, cantados ahora por Gloria, la cual, sin proponérselo explícitamente en el disco, alentaba el cambio en Cuba.

Esas características subjetivas que determinaban el mercado de la música cubana a principios de los noventa y que Mi Tierra supo explotar muy bien, no son las que predominan hoy, cuando el tema cubano, con la pesada inercia propia de un régimen totalitario de casi medio siglo de duración y la extremadamente larga agonía del dictador, ha terminado por extenuar a todos —al menos aquí en Europa— y atemperar de momento el filón comercial que representó Cuba y su música, Cuba y su cultura, en los noventa.

No obstante, el hecho de que en cierto modo sea el disco equivocado en el momento equivocado, no le resta méritos, pues en el mismo se asocian tradición y modernidad. El CD, como otros facturados en la Cuba del Norte, realiza un recorrido por diversos géneros de la música cubana tradicional, sólo que esta vez muchos de los temas exhiben unos arreglos que responden a las nuevas tendencias predominantes en la música popular de la cuenca del Caribe.

El primer surco, Me Odio, que es una guajira con una base de hip-hop, y el tema que da título al disco, en ritmo afro, constituyen los temas que aportan mayor emoción y brillantez al escucharlos.

En resumen, es una obra —como todas las de la factoría de Emilio Estefan— con un nivel de calidad musical elevadísimo, de factura impecable, y que mima todos y cada uno de los detalles de la producción, por lo cual resulta muy grata de escuchar. Aunque seguro que algún día, cuando Gloria cante en el Parque Central de La Habana en una Cuba libre, el primer tema por el cual la gente clamará será Mi Tierra.


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