Actualizado: 15/11/2018 8:55
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Literatura, Eliseo Alberto

La muerte entrometida, implacable y voraz

La literatura que produjo Eliseo Alberto es un convite al episodio del afecto

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Eliseo Alberto de Diego y García Marruz (1951–2011) vivió con la presunción de sus amigos. Cocinaba para ellos; y escribía para su tropa, como le gustaba apuntar. En el departamento de la colonia Del Valle —que compartía con su hija María José— de la capital mexicana, siempre pernoctaba un errante, siempre había lugares disponibles en la mesa redonda. “Tenedor, cuchillo y cuchara para el que venga. La ventaja de la sopa es que se le puede echar un poco más de agua, no se nota, y come el invitado subrepticio: por eso la hago espesa”, decía.

Y así, es la literatura que produjo: convite al episodio del afecto. En Informe contra mí mismo (Alfaguara, 1997) acentúa las devociones por la Isla, el amor voraz por la espuma del mar. “Es un libro sobre Cuba, que se escribe sólo una vez”, expresó. La eternidad por fin comienza un lunes (Ediciones del Equilibrista, 1992), la triste historia de amor entre la trapecista Anabelle y Asdrúbal el Mago; Caracol Beach (Premio Alfaguara 1998), la palabra clemencia abriga a Beto Milanés, un emigrante cubano, que busca desesperado a alguien que se atreva a matarlo; La fábula de José (Alfaguara,1999): “…el emigrante José González Alea se vio obligado a matar a un hombre en defensa del amor, que es una legítima manera de matar en defensa propia”; Esther en alguna parte (Espasa Calpe, 2005): “Lino Catalá quería tanto a Maruja Sánchez que le gustaba hasta verla envejecer”; El retablo del Conde Eros (Planeta, 2008) o la tragedia íntima del actor Julián Dalmau… Lichi nos entregó un cosmos de criaturas malolientes gozadores mercenarios papanatas asesinos ermitaños meretrices vivarachos mataperros vacilantes clericales buscavidas burlamuertes compañeros compatriotas que “van conmigo a todas partes”, comentaba entre los casquitos de guayaba y el queso crema de los almuerzos dominicales.

La muerte llega implacable y voraz / entrometida en los asuntos de todos los días / se lleva la luminiscencia a su paso / rompe los acuerdos / oscurece la ronda / calumnia la mínima felicidad que habíamos logrado // La muerte imprudente / fisgona / destruye todos los capítulos / desbrizna todas las posibilidades // ¿Por qué la muerte? / ¿Por qué su presencia en todos los cobijos? / ¿Por qué llevarse la vida de un hombre que daba vida? / ¿Por qué romper el coro de los amigos? / La procesión íntima de los domingos en la algarabía de las palabras / ¿Por qué, si todos aplaudíamos la posibilidad / esperábamos verlo como un niño otra vez / como siempre / otra vez como nunca / en los islotes que su noche / había edificado entre nosotros sus aliados? // ¿Por qué los tentáculos tocan los espacios en los que el brindis / es cosecha? / ¿Por qué? // Un hombre bueno en el sentido exacto que tiene la bondad / y la muerte se encarniza sobre sus párpados de niño / y la muerte nos los quita / ¿Castigo, este acto de arrancarnos lo que más amamos? // De dársena en dársena / de zaguanes en zaguanes / trajinamos los cubanos / hace más de 50 años / buscándonos // Lichi nos entregó su voz en medio de los estrépitos / confesó su miedo y describió el de nosotros / Lichi / desde el desconsuelo / supo convertir el dolor en utopía / siempre nos hizo saber que la vida alcanza a pedacitos / nos consolaba / repartió el pan / y la palabra cada lunes / en una eternidad de empalmes dialogantes // ¿Por qué la injusticia de la muerte? // Dios nunca ha sido hombre / por eso la muerte se ensaña / por eso el domingo pasado / de una sola largada / nos dejó más pobres y solos // Sin Lichi, la vida posiblemente, / ya no tenga el mismo sentido / ni la misma gracia / ni la misma savia / ni el mismo esplendor / ni los horarios serán similares / en las coordenadas de la Isla / pero él nos quería vivos / en el centro del festejo // A pesar de la muerte aquí estamos / alabando su último guiño / su última mirada en la hebra de un tejido en el que el amor / pronuncia espirales de todos los colores.


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