Actualizado: 29/11/2021 15:04
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La nueva contracultura urbana

El disco 'Alamar Express': Imagen de un barrio habanero, crónica del desastre.

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No es azaroso que el principal foco de contracultura urbana en la Cuba contemporánea se encuentre justo en Alamar. Con la depresiva monotonía y la escasa amabilidad de sus edificios, ese curioso reparto —construido en la década del setenta al este de la Habana— reproduce mediocremente la arquitectura de los países socialistas de Europa, la cual constituye a la vez una degeneración del estilo funcionalista de la Bauhaus.

Ciudad habitacional concebida como la casa (nueva) del hombre nuevo, Alamar remite, desde su toponimia misma, a la ingeniería social que recorre el siglo como un persistente fantasma: piénsese en el céntrico punto llamado "Onceno Festival"; en la árida playita llena de piedras y erizos conocida como "la playa de los rusos"; en el extremo más oriental e inhóspito, ese "Micro X" popularmente bautizado como "La Siberia".

Pero hoy poco queda de aquellos rusos, poco de aquel lirismo juvenil; poco, en fin, del "hombre nuevo" más que en el cinismo de los discursos oficiales y en las ansias anticapitalistas de algunos intelectuales trasnochados. El sueño de la razón ha producido monstruos. Más de cuatro décadas de socialismo no van dejando sino dictadura y miseria a partes iguales.

Sin remitir ya al futuro paradisíaco por conquistar, e incapaz de evocar un pasado momento de esplendor, como las espléndidas casonas burguesas convertidas en cuarterías, en los tiempos republicanos, o los otrora glamorosos jardines del Vedado sembrados de plátanos, en los años sesenta, Alamar representa entonces, mejor que ningún otro barrio de la capital, un presente de desastre.

En las piezas que conforman el disco Alamar Express, producido por la Oficina Cultural y de Cooperación de la Embajada de España en Cuba, ese desastre se expresa con el estilo radical del hip hop, la poesía experimental, la narrativa sucia y la trova más nueva, esa que poco recuerda a la "nueva trova".

¿Arte revolucionario?

Lejos del lirismo de los cantores de la utopía, los artistas del grupo Omni-Zona Franca y sus invitados muestran la Cuba que no aparece en los periódicos ni en la televisión nacionales. A la risible epicidad de la retórica "batalla de ideas" oponen el registro de la miseria cotidiana: el hambre, el problema de la vivienda, el racismo, la discriminación estatal de los nacionales, las abusivas medidas del gobierno. Todo aquello con lo que el cubano de a pie tiene que lidiar diariamente en esa otra batalla mucho más material que la que tiene su teatro de operaciones en la "mesa redonda" y la "tribuna abierta de la revolución", que es la lucha por la supervivencia.

"Lucha tu yuca" —dice el trovador Raymundo Fernández Moya—. "Lucha tu yuca taíno/ lucha tu yuca/ que el cacique delira/ que está que preocupa/ tú taíno tú lucha tu yuca.// El cacique mandó cantones/ a contar/ a la tribu quiere censar/ el bohío que ocupas/ prepárale un ritual/ no sea que lo declaren ilegal.// La jugada está apretada/ todo el caney lo sabe/ que no abunda el taparrabo/ y no alcanza el casabe/ que está cara la magia y más/ la medicina y que se nos prostituyen/ las taínas.// Trabaja, trabaja, cómo suda el indito/ y la tribu vive al margen del delito/ el Nucay al cacique no le sacia el apetito/ que te está poniendo en fula el areíto".

No menos humor hay en otra de las piezas más llamativas del CD: Ubiku, de Yohamna Depestre Corcho. La narradora confiesa en este breve relato haber asesinado a los demás miembros de su familia por los 845,1 centímetros de losas del minúsculo apartamento familiar. Con magistral ingenio y humor negro, refleja así la desesperante promiscuidad que se vive en Alamar, y la imposibilidad de liberarse de ella por medios más civilizados, como alquilar un piso o siquiera una habitación.

El régimen no produce solidaridad sino violencia. No favorece la realización de los individuos sino su frustración. Como dice Plan económico, de Balesy Rivero: "Economía./ Hemos logrado el plan del año./ Mil cien jineteros,/ dos mil jóvenes prostitutas,/ ocho mil oportunistas, más/ trescientos incapacitados no mentales/ y el síndrome de la mediocridad".

Pero la cita de las letras, facilitada por el folleto que acompaña al CD, no alcanza desde luego a trasmitir el espíritu de un arte esencialmente performático, animado por el propósito de romper las barreras entre el arte y el público, la obra y su contexto. Termino entonces señalando esta extraña paradoja: la impronta vanguardista del arte de los sesenta, al que subyacía el deseo revolucionario de que la palabra y el acto se confundieran, sobreviene ahora desde los márgenes de la ciudad y del Estado.

De vuelta de la utopía, estamos en presencia de un arte revolucionario: el arte de la "revolución antitotalitaria". Revolución que, acaso sin darnos cuenta, ha comenzado desde el momento en que oponemos las necesidades materiales a las sempiternas coartadas ideales o espirituales.