Actualizado: 14/12/2018 10:51
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Welles, Cine, Arte 7

La última carcajada del hechicero

Con The Other Side of the Wind, Orson Welles decidió burlarse de los productores, los estudios, los críticos y los directores que más detestaba

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Un director de cine en el ocaso de su carrera que está tratando de completar lo que va a ser su última película, hace una fiesta (¿o se la hacen?) en su casa para convencer a los productores de que terminen de finalizar el financiamiento de la misma. Al festejo, que coincide con su setenta cumpleaños, está invitada la prensa, así como críticos de cine, otros cineastas, actores, extras, saltimbanquis y toda una tropa variopinta, a la vez que varias cámaras filman su rutina del día y se filman entre ellos. El ambiente es casi circense y muy cercano a un espectáculo de prestidigitación en el cual se venden sueños, temores e ilusiones.

Jake Hannaford, que así se llama el director, planea exhibir lo que tiene acabado del filme que, según él, es casi todo. Esto se va a convertir en un filme dentro del filme. Lo que se muestra de esa obra inacabada, es una película incoherente en la cual una mujer se pasea, por lo general completamente desnuda, por paisajes desérticos, mientras es ¿perseguida? por un joven motociclista. Hannaford no sabe que al final de la noche morirá en un accidente automovilístico, ni sabe que nunca conocerá lo que pasará con su película.

The Other Side of the Wind es el filme de Orson Welles en el cual todo esto, y más, sucede. Se estuvo filmando y editando entre 1970 y 1976. Por falta de apoyo monetario, la película quedó guardada y fue exhibida a varios productores. Entre los múltiples enredos, hubo uno con el hermano del Sah de Irán, que aportó algún capital y terminó con la película en sus manos, la cual fue depositada en una bóveda en un banco de Paris y aunque Orson Welles ganó un juicio sobre la propiedad del material sin acabar (o supuestamente casi acabado), las cortes francesas forzaron otro pleito y no fue hasta después de entrar los ayatolas en Irán que se resolvió la disputa, ya con la familia real en el exilio.

Welles murió en 1985 y dejó el proyecto inacabado. Su compañera de entonces, Oja Kodar, parece haber puesto algún financiamiento para rescatar The Other Side of the Wind y tras muchas disputas, cuestionamientos, batallas legales y leyendas, Netflix asumió los costos de distribución en su plataforma y tras exhibirla en varios festivales, fue estrenada el 2 de noviembre. La exhibición viene acompañada de un interesantísimo documental (que no se necesita ver), en el cual se narran todos los obstáculos y vicisitudes por las cuales pasó la producción del filme, titulado They’ll Love Me When I’m Dead, dirigido por Morgan Neville.

Orson Welles dirigió, incuestionablemente, veintiún largometrajes entre los que se encuentran El ciudadano, Soberbia, Raíces en el fango, La dama de Shanghai, El proceso, Campanadas a medianoche, y Sombras del mal entre muchas otras, aparte de documentales, cortos para la televisión y fragmentos de películas en las cuales dirigió las partes en las que actuaba. Escribió casi todas las obras que dirigió. Es probable que haya dirigido más obras maestras que ningún otro director y se le considera casi unánimemente uno de los directores más grandes de todos los tiempos.

Se consideraba a sí mismo un artista, un creador y aunque trabajó como actor en más de un centenar de cintas, consideraba que lo hacía para financiar su trabajo creativo. Era un devoto de la nigromancia y la ambigüedad y en 1973 dirigió un documental sobre las falsificaciones en arte y la magia, centrado en la vida de Elmyr de Hory, un famoso falsificador, escrita a su vez por otro falsificador, Clifford Irving, quien había escrito la falsa autobiografía de Howard Hughes. O sea, una mirada a la farsa, enfocada en un farsante y escrita por otro. El propio Welles empezó su carrera en la radio, con un currículo falso y creando un programa que hizo creer a millones que los marcianos invadían la tierra. Tan verídico era su embuste y su ilusionismo, que muchos se suicidaron aterrorizados.

Todo alrededor de Welles, de su obra y su vida, es objeto de leyenda, chismes y equívocos, algo que él alimentaba. Antes que el término se pusiera de moda, fue considerado repetidamente como un “disidente”, por su lucha y su cinismo contra el sistema de estudios hollywoodense, por sus opiniones controversiales sobre otros cineastas y quizá porque a pesar de que muchas veces le fue bien en la taquilla, fue progresivamente marginado de Hollywood y terminó en un exilio voluntario en España e Italia. No se debe olvidar tampoco que durante muchos años estuvo involucrado en problemas con sus impuestos.

Con The Other Side of the Wind, según él su filme más personal, decidió burlarse de los productores, los estudios, los críticos y los directores que más detestaba. En la trama, el filme dentro del filme parece una parodia de Zabriskie Point del italiano Michelangelo Antonioni, uno de los directores que más despreciaba por considerarlo el padre del aburrimiento en el cine. Es un filme que Welles jamás hubiera hecho, pero lo deja filtrar en manos de su alter ego Hannaford. Este es a su vez acosado por varios críticos documentalistas y directores de cine en un montaje que se asemeja mucho al de 81/2 de Fellini, un director al cual admiraba con condescendencia. Predomina la presencia de una agresiva critica de cine, llamada en la película Julie Rich y excepcionalmente interpretada por Susan Strasberg, que caricaturiza la figura de Pauline Kael, quien escribiera con acerbo un ensayo sobre El ciudadano titulado “Raising Kane”, primero publicado en The New Yorker en 1971 y luego en forma de libro.

Casi todos los actores del filme han muerto ya hace años, entre ellos el gran director John Huston, que interpreta a Hannaford. Mercedes McCambridge, Edmond O’Brien, Lili Palmer, Norman Foster y Cameron Mitchell, para citar solo algunos. Huston interpreta el personaje de Hannaford, era la idea de Welles, como un machista envejecido, nostálgico de su virilidad y con fuertes tendencias homosexuales hacia el joven motociclista, algo que Welles había escrito muchos años atrás, un guion concebido como una burla a Hemingway, a quien invitaba a salir del clóset, en el cual un envejecido y machista escritor, nostálgico de su virilidad perdida, se obsesiona con un joven torero. La mujer que se pasea desnuda por el filme dentro del filme es Oja Kodar, su compañera de entonces y coproductora del filme.

Entre los directores presentes en la fiesta se encuentran Claude Chabrol, Gary Garver, Henry Jaglom y Peter Bogdanovich. En otro giro ambivalente, no se sabrá nunca si a propósito o no, Bogdanovich, con quien Welles tuvo una relación caótica y bipolar, parece haber sido el encargado de restaurar y editar el material, junto con Gary Garver, un realizador menos conocido pero que había trabajado varias veces con Welles como director de fotografía y como codirector. Los créditos no aclaran quién se encargó de qué. Un indicador de responsabilidades es que Bogdanovich narra la introducción, muy wellesiana, pero añade algo que me molestó, menciona que: “Esto fue antes de los teléfonos celulares…” lo cual le da un toque post-mortem contemporáneo, a un filme hecho en los años setenta. Esto suena a un intento de apropiarse de la paternidad final de la película y me sonó como una violación intelectual. La música, añadida recientemente en la edición final, es un excelente aporte de Michel Legrand.

En fin, Welles el hechicero, con su incompleto guion, su prodigiosa y sincopada edición, su ausencia de la pantalla y sus juegos de espejos, nos suelta su última carcajada a todos, productores, actores, cineastas y espectadores, desde la tumba o, quizás nunca lo sabremos, desde mucho antes.

The Other Side of the Wind (Francia/Irán/Estados Unidos, 1970-2018). Dirección: Orson Welles. Guion: Orson Welles y Oja Kodar (y Dios sabe cuantas otras manos a posteriori). Director de fotografía: Gary Graver. Con: John Huston, Lili Palmer, Susan Strasberg y Cameron Mitchell.

Estrenado por Netflix, en streaming.


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