Actualizado: 24/06/2022 11:47
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Cine, Arte 7

La vida misma

Raras veces estuve de acuerdo con las opiniones de Ebert, sin embargo, siempre procuraba leer sus críticas

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Confieso que raras veces veo documentales. Por lo general, los documentalistas tienen una agenda que incluye exponer su punto de vista sobre un tema y apoyarlo con el filme. La documentación es subjetivamente seleccionada, tendenciosamente editada y presentada con el sesgo que el director tiene con respecto al tema. Por ello me limito a ver aquellos que tratan sobre asuntos que me son familiares o cuya veracidad puedo comprobar por otras vías. Los directores de documentales son lavadores de cerebro frustrados.

Hago una de esas excepciones con Life Itself porque su tema gira alrededor de la figura del crítico de cine Roger Ebert, quien fuera el crítico más prominente en toda la historia de la crítica de cine, no tanto por su calidad, sino porque fue el más conocido de todos. Alcanzó unos niveles de popularidad y por esa razón fue el crítico más influyente en la opinión pública americana.

Cuando llegué a Estados Unidos uno de los primeros programas de televisión que acaparó mi atención y que seguí religiosamente cada semana, fue Sneak Previews un programa en el cual, junto con Gene Siskel, crítico de cine del Chicago Tribune, presentaban los avances de los estrenos de la semana y daban sus opiniones al respecto. Lo interesante y original del programa era que opinaban y discutían acaloradamente sobre los filmes (raras veces estaban de acuerdo), de una manera tan espontánea que parecían dos amigos compartiendo una íntima tertulia y a punto de irse a las manos. Siskel era el más elitario, Ebert el más populachero, pero ninguno fue jamás condescendiente.

Ebert nació en Urbana, en el estado de Illinois, en 1942. En 1966, tras una breve carrera como periodista en los periódicos locales de su pueblo natal, fue aceptado para ingresar en un programa de doctorado en literatura inglesa de la Universidad de Chicago. Ese mismo año, recién llegado a la ciudad, fue contratado como periodista del Chicago Sun-Times, el periódico tradicionalmente sensacionalista de la urbe. Al año siguiente comenzó como crítico de cine del propio diario, puesto que nunca abandonó y que aún ocupaba cuando murió en abril de 2013.

En 1975 se convirtió en el primer crítico de cine en recibir el premio Pulitzer por su labor en ese oficio del siglo veinte. Ese mismo año comenzó como anfitrión del programa Sneak Previews que producía la emisora de televisión pública de Chicago. Siskel, que era el crítico del periódico de la competencia, se le sumó en 1978 y ahí comenzó la magia. Fue una combustión espontánea y sorpresiva, pues en la vida real se tenían animadversión. Esa hostilidad mutua era lo que animaba sus discusiones y probablemente fue la clave de su éxito.

El programa creció y pasó a sindicarse bajo diferentes nombres y lugo a producirse a través de una subsidiaria de la compañía Disney. Cambió de nombre un par de veces, Siskel & Ebert at the Movies primero, y finalmente Siskel and Ebert and the Movies, pero el formato permanecía fundamentalmente sin alterarse. Siskel murió, en 1999, de un fulminante cáncer en el cerebro y aunque Ebert intentó continuar con otros críticos, escogiendo finalmente a Richard Roeper, otro periodista de su propio diario, nunca se logró la misma química ni se pudo mantener el mismo interés. El programa nunca volvió a ser lo mismo, a pesar que se mantuvo en el aire hasta el año 2010. Raras veces estuve de acuerdo con las opiniones de Ebert, sin embargo, siempre procuraba leer sus críticas.

Steve James, quien dirigiera el excelente documental Hoop Dreams (1994), conoció a Ebert cinco meses antes de que este muriera, tras una larga batalla contra un cáncer de tiroides que luego hizo metástasis en la mandíbula. Decidió entonces realizar un documental sobre su vida basado en el libro de memorias escrito por el propio Ebert, y titulado Life Itself, como finalmente se llamó el filme.

El crítico, quien nunca llegó a ver el documental terminado, fue no solamente el sujeto de la obra, sino que se convirtió en coautor y tuvo mucho que decir con respecto a la edición y la inclusión de materiales. Gran parte de lo que se convirtió en el guión, es el resultado de las respuestas de Ebert a unas preguntas que James le enviaba a través de correos electrónicos. Aunque la película abarca casi toda la vida del crítico, en realidad más que tratarse sobre su vida, se centra en la actitud que mantuvo durante su batalla final contra el cáncer y la forma en que enfrentó la muerte, que Ebert consideraba como parte de la vida misma. Esta actitud, razona el documentalista sin decirlo con palabras, es la clave del éxito del crítico.

La narrativa no se ciñe estrictamente a una cronología lineal y salta en pinceladas que se mueven entre el aterrador presente que enfrenta Ebert, su vida profesional y algunos aspectos de su vida íntima. Abunda en su relación con Siskel y con su esposa Chaz, con quien se casó a los cincuenta años. Tiene momentos típicos, y a veces inevitables, de este tipo de documental, en el cual aparecen colegas, artistas, expertos y otras cabezas parlantes, que relatan sus impresiones sobre el sujeto de la pieza. Así escuchamos a Martin Scorsese (quien produjo el documental), a Werner Herzog y al crítico de cine del New York Times, A. O. Scott, entre otros, relatando la influencia que la crítica de Ebert tuvo en sus vidas. James editó con mucho cuidado y evitó discursos con tufo a sermón. La narrativa fluye y lo que al principio confunde, esos saltos elípticos y a veces desordenados, termina siendo su mayor virtud, dando un toque original al filme.

La película es, a ratos difícil de ver. Fiel a los deseos de Ebert, quien no quería ocultar nada de su lucha contra la enfermedad, nos muestra primeros planos del dilapidado rostro de Ebert, quien tras múltiples operaciones presenta una cara mutilada, sin mandíbula, con una quijada colgante, sin sostén, que asemeja una máscara macabra. Es el crítico interpretándose a si mismo en todo su dolor, actuando su batalla final, seguro de su derrota, pero siempre disfrutando cada segundo que le roba a la muerte y que le permite seguir haciendo lo que más desea, escribir sobre cine.

El melodrama surge de manera orgánica y la película es emotiva sin ser sentimentaloide. No se regodea en los elementos dramáticos, pero no teme mostrarlos con crudeza y mezclarlos a la vez con imágenes o sonidos musicales de belleza contrastante. No hay mensaje. Ebert dice que su momento literario favorito es la página final de El gran Gatsby, que un amigo conoce de memoria y le recita complaciendo sus peticiones (algo que según nos informa su amigo, ha hecho toda su vida cada vez que se despedían en un bar). Es realmente uno de los momentos más bellos de la narrativa americana y retratan la visión de la vida que tuvo Ebert y el filme nos tata de dar. No tengo una traducción de la obra al español a mi alcance, pero sus últimos renglones podrían traducirse así: “Gatsby creía en la luz verde, en el orgiástico futuro que año tras año se retira ante nosotros. Nos eludía entonces, pero eso no importa, mañana correremos más rápido y estiraremos nuestros brazos más lejos, hasta que una buena mañana… Seguimos latiendo como botes contra la corriente, llevados incesantemente de vuelta hacia el pasado”.

Life Itself (EEUU, 2014). Dirección: Steve James. Guión: Steve James y Roger Ebert, basado en las memorias de Ebert tituladas “Life Itself”. Director de fotografía: Dana Kupper. Con: (Apareciendo como ellos mismos) Roger Ebert, Chaz Ebert, Errol Morris, Gene Ssikel, Martin Scorsese, A.O. Scott, Werner Herzog, Rahmin Bahrani y Ana DuVernay. De estreno en algunas ciudades de Estados Unidos y disponible en OnDemand a través de los servicios de cable locales.


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