Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Cine, Arte 7

Las banales raíces del mal

Esta película se vale de un momento histórico de gran relevancia para ubicar a sus personajes, pero el peso de la Historia se ve poco

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Ambicioso es lo menos que se puede decir de The Childhood of a Leader, el primer largometraje de Brady Corbet, un actor que ha trabajado con Michael Haneke (en la versión americana de Funny Games), con Lars Von Trier (en Melancholia) y en otras excelentes cintas como Force Majeure y Martha Marcy May Marlene. Es un actor muy bueno, que a pesar de su juventud (nació en 1988), ha hecho diversos papeles en los anteriormente mencionados filmes, así como en programas de televisión y otras películas.

Trabajando sobre su propio guion, que toma el título de un cuento de Sartre, que es una parábola de Hitler. Corbet desarrolla una trama en la que se mezclan las teorías de Freud y Wilhelm Reich con las de Hannah Arendt (a quien se incluye en los agradecimientos finales), con un estilo que tiene obvios referentes en Michael Haneke, sobre todo en The White Ribbon y Alexander Sokurov (en su tetralogía del poder). El problema de este filme es que esas influencias no cuajan bien. Resultan en un filme interesante y visualmente cautivador, que no encuentra su brújula en sus dos horas de duración.

Prescott es un niño díscolo, introvertido, con el pelo largo de poco uso en la época, que llega con su padre, un diplomático americano, asesor del secretario de Estado y del presidente Woodrow Wilson, que llega a París para negociar el fin de la Primera Guerra Mundial y finalmente, redactar y firmar el Tratado de Versalles, y con su madre, una mujer fría, hija de un misionero alemán, una políglota que pasó su infancia y su juventud en varios países, entre ellos algunos que entonces eran exóticos.

La familia se asienta en una inmensa casa en una zona rural en las cercanías de París. Ambos padres son fríos y distantes con Prescott, a la vez que estrictos disciplinarios. Nada poco común para la época. Prescott es desafiante y altanero, no sabemos si siempre fue así o su relación con los padres lo convirtió en ese pequeño opositor a la autoridad. A juzgar por lo que acentúa Corbet, es la relación la culpable. El niño no solo es contradictorio, sino que es frío y hasta cruel de forma gratuita.

Dividido en una obertura, en la cual se utiliza material documental para establecer el contexto histórico, subrayado por una bella composición de Scott Walker (un icono de la cultura musical de los sesenta), pero que me parece usada hasta el exceso, tres perretas y un breve epílogo titulado “La nueva era”, se nos muestran tres instantes del breve período que Scott pasó en Francia, en donde tuvo una institutriz de francés, que se insinúa tuvo alguna relación sexual con el diplomático (al menos desde el punto de vista de Prescott), una sirvienta que le malcría por lástima y la frialdad de su madre así como la distancia de su padre. Prescott no se ajusta a su ambiente y utiliza la perreta como forma de expresión rebelde. Por su pelo largo lo confunden frecuentemente con una niña, lo cual lo enfurece y se atreve a tocarle los senos a su institutriz y a la sirvienta, aparte de lanzar piedras contra los feligreses de su iglesia, solamente por placer.

No vale la pena adelantar más. La película se vale de un momento histórico de gran relevancia para ubicar a sus personajes, pero el peso de la Historia se ve poco. Me da la impresión que se emplea para acentuar lo banal de la vida cotidiana y de las influencias que terminan creando un ser icónico. Prescott es un prisionero de la Historia y de su historia, ante las cuales responde con histeria.

No es hasta el final que se entiende el motivo del título, pero ese final es una alegoría que tiene poco que ver con el resto de la película. Corbet masticó más de lo que era capaz de tragar. Sin embargo, en este caso, hay que darle crédito por la osadía. Como director novicio, enseña demasiado las influencias, pero es capaz de componer secuencias que absorben la atención del espectador. También pone a pensar, aunque no mucho.

Ayudado por una excelente fotografía del inglés Lol Crawley (Mandela:Long Walk to Freedom y 45 years), que es capaz de recrear el período con una fidelidad asombrosa y darle al color un tono ominoso que cautiva, Corbet nos mete de lleno en el período y aunque arma su trama usando en demasía una visión de hoy para interpretar el ayer, logra con paso lento pero firme, introducirnos en la mente de Prescott, pero se enreda tratando de justificar las teorías en las que se basa. A veces parece que uno está viendo The White Ribbon y a veces Moloch. Sus referentes resultan muy obvios y explícitos.

Dirige bien a sus actores. No le exige mucho a Tom Sweet en su papel de Prescott, a quien siempre retrata a cierta distancia o entre sombras. El encuadre en muchos casos se vuelve protagonista. Berenice Bejo (The Artist), como la madre, cumple muy bien con su papel. Asimismo Liam Cunnigham (War Horse, The Guard), no tiene fallas en su rol de El Padre. Las sorpresas son, en breves papeles, Stacy Martin, una exmodelo que resultó débil en su trabajo en Nymphomaniac, quien aquí desempeña muy creíblemente su rol de institutriz, y Robert Pattinson (The Twilight Saga, Cosmopolis) quien abandona su perenne personaje de adolescente depravado y aquí hace de un periodista que cubre el evento de Paris, con una madurez que hasta ahora no había mostrado. Yolande Moreau (Seraphine) está muy bien, pero de cierta manera desperdiciada en el papel de La Sirvienta.

Aunque el filme falla, Corbet enseña cualidades, lo que le valió premios por director promisorio en los festivales de Venecia, Lisboa y Estambul. Quizá cuando aprenda a habitar más cómodamente en la forma sin detrimento del contenido, o puede que hasta obviando este, llegue a realizarse como un gran director. También debe dejar de preocuparse por mostrar sus influencias, tanto cinematográficas como teóricas. Debe además dejar de interesarse y proclamar exageradamente su deseo de hacer cine europeo y sencillamente hacer cine. Talento tiene.

The Childhood of a Leader (Gran Bretaña/Francia/Hungría, 2015) Dirección; Brady Corbet. Guion: Brady Corbet y Mona Fastvold. Director de fotografía: Lol Crawley. Con: Liam Cunningham, Berenice Bejo, Robert Pattinson, Tom Sweet y Stacy Martin. De estreno en algunas ciudades de EEUU y en OnDemand.


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