Actualizado: 09/12/2019 13:16
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Las páginas (ocultas) del 'Diario de Mauricio'

El nuevo filme de Manuel Pérez obvia sucesos de la historia cubana como el fusilamiento del general Ochoa o el hundimiento del trasbordador 13 de Marzo.

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Manuel Pérez ( El hombre de Maisinicú, 1973) ha expresado que se siente satisfecho con su último trabajo, el filme de ficción Páginas del Diario de Mauricio, que se estrenó recientemente en La Habana. El director no considera su película perfecta, ni mucho menos, pero le satisface dar a conocer una obra que está muy cercana a su experiencia generacional.

El filme comienza el día en que Mauricio, el protagonista, cumple sesenta años y se despierta muy temprano para ver el juego de béisbol entre Cuba y Estados Unidos en el que disputan la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Sydney, en el otoño del año 2000. Tras la derrota del equipo cubano se sucederán hechos que llevan a Mauricio a recordar eventos de su vida personal, el primero de ellos en 1988. Son doce los años que abarca la narración de una historia íntima que no puede sustraerse a la repercusión de los cambios que ocurrieron con la desaparición de la Unión Soviética y del campo socialista.

Ésta es una película que la crítica oficial se ha apresurado en calificar como valiente y sincera. Porque, sin dudas, hay en ella un reflejo de ese revolucionario que, a pesar de todos los vientos contrarios, se mantiene "contento y obstinado", fiel a los ideales de la revolución, como cuando enfrenta a golpes a uno de los participantes en el "Maleconazo". El mismo que, después, alquila su casa a extranjeros y, a pesar de haber negado rotundamente la entrada de jineteras allí, después, en silencio, lo permite, porque no se vive sólo de ideas.

Es Mauricio uno de estos hombres que alaba una revolución que se hizo para beneficio de los desposeídos. Pero cuando finalmente se encuentra con su hija en México —la cual se marchó a estudiar a la Unión Soviética, allí se graduó y nunca más regresó a Cuba—, le dice: "Allí (en Cuba), con la preparación que tú tienes, escaparías a lo más duro", en un último e inútil esfuerzo de que la muchacha regrese a la patria. Escapar, escapar.

Tras sus palabras se esconde toda una filosofía que podemos escuchar habitualmente en el habla cotidiana: "Ahí vamos, escapando". Porque ni siquiera los revolucionarios más convencidos quieren soplarse lo más duro. No, ellos son confiables: tienen los trabajos que permiten los viajes al extranjero, los autos, las antenas para recibir las señales del satélite, en fin, las mejores oportunidades. La peor parte sigue siendo para los desposeídos.


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