Actualizado: 17/08/2018 22:24
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Literatura cubana, Periodismo, Novás Calvo

Lino, uno, grande y libre

La recopilación de las crónicas sobre la Guerra Civil española es un libro perturbador. De fácil lectura por la maña del autor para contar historias; pero inquietante, conmovedor

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Con Un escritor en el frente republicano (Fondo de Cultura Económica-Consejo de la Cultura Gallega, Madrid, 2018, 658 páginas), historiadores y lectores tienen la Guerra Civil española contada por el escritor y periodista Lino Novás Calvo, gallego en origen, cubano en sus insoslayables letras, y exiliado.

Las dos instituciones a las que se debe su publicación han unido esfuerzos para coronar el trabajo acucioso, anónimo y coherente del compilador Carlos Espinosa Domínguez, cubano en origen, iluminador de zonas poco transitadas de la literatura y el teatro, y exiliado.

Novás Calvo cubrió toda la Guerra Civil española, recorriendo diferentes frentes de combate y escribiendo una crónica diaria, o dos, bajo el ruido de los morterazos, la tragedia de trincheras y el dolor por los caídos, como su amigo Pablo de la Torriente Brau, de quien hace una crónica espléndida contando su entierro en el entonces cementerio de Chamartín (Madrid); bajo la aparición fugaz en un cerro cercano de “Campesino”, quizá el jefe republicano más polémico.

El cronista no rehúye el lenguaje del militante comunista a la hora de elogiar a las mujeres que trabajan en la Retaguardia haciendo prendas de corte ruso, de comentar las decisiones del Gobierno republicano y trazar las personalidades de jefes, oficiales y soldados. Pero el narrador no oculta las contradicciones de los suyos, el pesar por noticias falsas que provocan rabia en los soldados, aunque les favorezcan.

Y, sobre todo, la barbarie que vive cotidianamente no mata al narrador que —entre balaceras y arengas— consigue ver y contar como una parte de los vecinos de Madrid viven aletargados en “su caracol de neutralidad”, o a una madre angustiada ante la probable evacuación de los niños: “Me muero si mando mi hijo fuera” y el retrato que traza del poeta Pérez Bojart, al que confiere la emotividad de Miró, el humor de France y de Eça de Queiroz y que habría pasado del “señoritismo a la bohemia”, aunque más humanizado por la adopción casual de un adolescente campesino, que marcará a su padre adoptivo, tras morir de un balazo en la cabeza y larga agonía.

La geografía de este libro recorre casi todos los frentes de batalla, desde Melilla hasta Euskadi, pero Novás Calvo no puede evitar dejar aflorar su admiración por el frente de Madrid (5to. Regimiento), donde compartió batallas con Miguel Hernández y por las Brigadas Internacionales, de los que cuenta profusos detalles con datos exactos sobre composición, origen geográfico e ideológico; al tiempo que aprovecha para elogiar a su República por la protección brindada a los intelectuales.

Las crónicas de combate contienen el lado humano de cada episodio, incluidos fusilados y los que salvaron su vida milagrosamente por confusión y torpeza del enemigo; pero también hay espacio para el color de los ambientes: “En este valle no ha rugido la guerra. Una luna grande se levanta sobre él, dándole todavía un silencio más profundo. Las caballerías gatean por los vericuetos con la lenta pesadez de la vida misma de los campos aislados”.

Para Lino Novás Calvo el fin de la contienda, con la victoria franquista no significa el fin de sus crónicas ni de su preocupación por los cubanos que permanecen aún en campos de concentración o que han huido a Francia (1939), esperando una repatriación que se habría hecho mal e incompleta. Alude incluso a un supuesto mal manejo de los fondos usados en aquella operación retorno.

Al cerrar el libro, el lector aplaudirá la capacidad de Novás Calvo para contar la guerra civil española como él la vivió y padeció y tendrá un pequeño sobresalto al constatar que este mismo hombre inflamado con la pasión comunista, haya cambiado La Habana por Nueva York en el segundo año de revolución castrista, que lo borró de la literatura cubana hasta el derrumbe de los años 90, cuando comenzó a practicar la arqueología cultural con figuras como el propio Lino o Gastón Baquero.

Nada de esto habría sido posible sin la labor anónima y rigurosa de Carlos Espinosa Domínguez, quizá el investigador más comprometido con la cultura cubana y que no dudó en transcribir, primero a mano y luego en ordenador cientos de páginas consultadas en las bibliotecas nacionales de España y Cuba.

Con la honestidad que preside su trabajo, Espinosa avisa al lector que no ha podido incluir algunas crónicas guerreras de Novás Calvo porque fue imposible descifrar el contenido o porque los periódicos originales donde fueron publicados aparecían espacios en blancos, defectos de impresión o deterioro, que hacían incomprensible el texto.

Quizá solo un emigrante haya podido releer a otro emigrante con la pasión y la honestidad que ha hecho Carlos Espinosa Domínguez con la bitácora bélica y española de Lino Novás Calvo, donde abundan las claves humanas de entrecruzamientos cuando los hombres andan en dos bandos enfrentados.

Un joven que va a ser fusilado rechaza la pretensión de un cura de confesarlo antes de morir y avisa que le gustaría despedirse de su madre; pero el sacerdote, subido a lomos del camión que traslada a los que van a morir, improvisa una parábola perturbadora: “Paciencia, hermano; tampoco la Virgen vio a su hijo, y sin embargo tuvo conformidad”.

Y allí estaba Lino Novás Calvo, un periodista de raza para contarlo. Estamos, por tanto, ante un libro perturbador. De fácil lectura por la maña del autor para contar historias; pero inquietante, conmovedor y que intenta reparar el silencio ominoso que el castrismo propinó a un intelectual honesto que —antes de brillante narrador— fue boxeador, carbonero, empleado, comunista y emigrante. Entre emigrantes anda este juego.


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