Actualizado: 22/11/2017 12:21
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Lyceum, Cuba, Literatura

Lo que leían las cubanas entre 1931 y 1953

Un libro que servirá de referencia para posteriores revisiones relacionadas con la historia de la cultura de la Isla en la etapa republicana, así como ofrece una refrescante lectura

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“Vivir sin leer es peligroso, porque obliga a conformarse con la vida”
Michael Houellebecq

Conocer lo que se leía en el pasado no es determinante pero sí de alguna manera instructivo e iluminador para el presente.

Y aunque existen muchas formas y maneras de saber lo que se leía en una determinada época histórica: viejas bibliotecas públicas o privadas, referencias personales, catálogos de publicación, programas escolares de estudio, reseñas críticas, periodísticas, crónicas de época, polémicas literarias, listas e índices de censura (lamentablemente, estas listas e índices han sido largas, relativamente frecuentes y muy puntillosas) y otras muchas, pocas veces contamos con una cronología ordenada de lecturas que, además, sabemos que han sido leídas porque se han discutido públicamente y ha quedado constancia escrita del hecho.

Ese es el caso de una investigación recientemente publicada por la editorial miamense Unos y Otros que nos ha resultado de mucho interés como base referencial para posteriores revisiones relacionadas con la historia de la cultura de la Isla en la etapa republicana y también, que eso se agradece, un refrescante paréntesis de agradable lectura. Se trata del libro El Lyceum y Lawn Tennis Club: su huella en la cultura cubana del joven historiador y profesor universitario cubano Whigman Montoya Deler. Y es dentro de esta obra (en el capítulo 11: «Otros proyectos culturales» que nos topamos con la relación de libros comentados en sesiones plenarias por las socias (e invitados) del muy respetado Lyceum habanero entre 1931 y 1953.

Estamos conscientes que las damas, generalmente de clase media y alta, socias de un Lyceum en la capital de la república no son una representación equilibrada de toda la población femenina de la Isla. Sabemos también que había grandes sectores de la población cubana en la primera mitad del siglo XX que tenían poco, o ningún acceso a la cultura libresca (campesinos, grupos de escasos recursos, analfabetos o todos juntos) aunque tampoco podemos absolutizar esto, pues colectivos bastante nutridos, como los obreros tabaqueros, por ejemplo, recibían, de oídas (mediante los llamados lectores de tabaquería) buena literatura.

Dejando claro que la lectura completa del estudio ofrece una visión mucho más clara de las corrientes culturales de la época, nos limitaremos aquí a un breve recorrido cronológico por la susodicha lista de lecturas y a comentar, en algunos casos ciertos aspectos que nos llamaron la atención.

Veamos:

Los tres primeros años reportados corresponden a 1931, 1932 y 1933. Se leyeron y discutieron en foro abierto once libros: Guía de la Mujer Inteligente para el conocimiento del Capitalismo y el Socialismo del dramaturgo y polemista irlandés George Bernard Shaw; Ingleses, francesesyespañoles del político y escritor liberal español Salvador de Madariaga y Rojo; El temperamentoy sus trastornos del poco conocido, por lo menos en la actualidad, filólogo español Leopoldo Levy; la novela Babbit del escritor norteamericano Sinclair Lewis; La Mujer Nueva y la Moral Sexual de la militante comunista y funcionaria rusa Aleksandra Kolontái; La Joven India del pacifista y político hindú Mahatma Gandhi; La Mujer ante la República Española de la feminista y política socialista María Martínez Sierra (su verdadero nombre era María de la O Lejárraga García); Los caminos de la libertad. Anarquismo, Comunismo y Sindicalismo del filósofo, matemático y Premio Nobel de Literatura británico Bertrand Arthur Russell; La Tragedia Biológicade la Mujer del especialista en educación ruso Antón Nemilov (un libro hoy olvidado pero muy en boga en aquel momento); el ensayo D. H. Lawrence. A professional study de la escritora franco-norteamericana (hija del músico cubano-español Joaquín Nin Castellanos) Anaís Nin Culmell y Mujeres en transición (existen varias obras, en diferentes idiomas, con este mismo título), un libro que se le atribuye a Beatriz Forbes, una escritora de la que no hemos podido encontrar hasta ahora información útil.

Llaman la atención la ausencia de libros de autores cubanos y el marcado sesgo hacia la izquierda de la literatura estudiada, que salta a la vista solo de mirar los títulos. Parece un anacronismo, pero no lo es tanto si nos ubicamos en la época. La Unión Soviética mantiene todavía cierto halo de democracia popular (las grandes purgas de comunistas aún están por llegar y se desconocen en el exterior las gigantescas hambrunas producto de la colectivización forzada y los desplazamientos poblacionales), están de moda en Europa los «frentes populares», la Segunda República Española acaba de llegar al poder, Cuba sufre la dictadura de Gerardo Machado y son fundamentalmente los intelectuales de izquierda, los estudiantes y los comunistas los que se le enfrentan y en el Lyceum abundan las socias, sin importar su nivel económico, que son proclives a estas ideas por entonces avanzadas.

No puede pasarse por alto tampoco la gran influencia que las mujeres, tanto las directoras como las socias de número, del Lyceum de Madrid, fundado en 1926, aún tenían sobre las organizadoras cubanas de la primera hornada.

A partir de 1934 y hasta 1936 el espectro literario cambia en alguna medida. Comienzan a leerse y discutirse autores cubanos: Losdiscursos de José Martí en el Primer Congreso Panamericano, Bolívary las Antillas Hispanas del periodista e historiador pinareño Emeterio Santovenia Echaide, Leyendo y comentando la Dorotea del pedagogo camagüeyano Raimundo Lazo y Baryolo y la biografía de Ignacio Agramonte titulada El Bayardo de la Revolución Cubana del historiador y político, también camagüeyano, Carlos Márquez Sterling.

Entre los 16 libros estudiados en este período se cuentan algunos que continúan siendo clásicos hasta hoy, como UnMundo Feliz la distopia del británico-norteamericano Aldous Leonard Huxley y la novela de tinte político ElAlma Encantada del Premio Nobel de Literatura francés Romain Rolland. En una ocasión el poeta español Felipe Camino de la Rosa, conocido internacionalmente como León Felipe, recitó y comentó con el público reunido en el Lyceum sus propios poemas.

De 1937 a 1941 se leyeron y comentaron once obras. Algunas de ellas se siguen leyendo hoy en día: Lo que el Viento se Llevó de la norteamericana Margaret Mitchell, La Joven Parca del francés Paul Valery, Juan Cristóbal quizás la mejor serie novelística de Romain Rolland y, el bestseller de entonces, La Importancia de Vivir escrito en inglés por el chino trotamundos Lin Yutang.

El único libro de autor cubano, autora en este caso, leído y discutido en estos años, resulta hoy una rareza incontable, incluso en internet: se trata de Estampas de la Cárcel de la expresidiaria Edelmira González. Esta obra, aunque desconocemos su calidad literaria, bien merece un estudio aparte.

Durante los años de la Segunda Guerra Mundial se repasan solo siete obras y cuatro de ellas son cubanas: Contrapunteo Cubanodel Tabaco y el Azúcar del antropólogo Fernando Ortiz Fernández, uno de los libros más conocidos de este prolífico autor, justamente en el que se introduce el importantísimo concepto de transculturación. Este volumen había salido de la imprenta en 1940 (Editorial Jesús Montero, La Habana) y contaba con el polémico prólogo del historiador cubano Herminio Portell Vilá que sería retirado en posteriores ediciones (quizás un buen tema para un estudio posterior). Le siguen Arquitectura Colonial Cubana del arquitecto y profesor de la Universidad de La Habana Joaquín Emilio Weiss y Sánchez, La Escultura en Cuba de los profesores María del Rosario Novoa Luís y Luis de Soto y Sagarra (nacido en Ponce, Puerto Rico) y cerrando el ciclo con La Edad de Oro de José Martí, el único libro de este autor que aparece en los 22 años estudiados.

Interesante y muy enriquecedora debe haber sido la lectura de La CulturadelRenacimiento en Italia del historiador suizo Carl Jacob Burckhardt. Un libro, un clásico, para hablar con propiedad, publicado en 1860 pero que en algunos aspectos no había sido aún superado.

De 1945 a 1949 no se efectúan estos eventos, pero regresan en el año 1949 y se continuarán (o esas son las referencias que tenemos) hasta 1953.

En estos casi cinco años se estudian trece libros. Algunos, como el Hamlet de Shakespeare no requieren comentarios. Sí resultan polémicos, sobre todo para la época, El Segundo Sexo (1949) de la escritora francesa Simone de Beauvoir, la inefable compañera de Sartre y, algo menos, Experiencia y Educación del pedagogo estadounidense John Dewey. Vuelven a estudiar una obra del cubano Emeterio Santovenia: Lincolnen Martí, la única de esta nacionalidad junto a los otros libros revisados. Y también hacen descender algo (o bastante) el nivel literario con un par de libros de autoayuda (aún no se le denominaba así a este tipo de fácil literatura) de la escritora norteamericana Marie B. Reid.

Estamos seguros que las conferencias, debates y conversatorios dictados a través de los años en el Lyceum por personalidades cubanas e internacionales de las artes y la cultura como Renée Méndez Capote, Rómulo Gallegos, Camila y Max Henríquez Ureña, Federico García Lorca, Pablo Neruda, Jorge Mañach, Gabriela Mistral, Medardo Vitier, Alejo Carpentier, Virgilio Piñera, Salvador de Madariaga, María Zambrano, Eduardo Abela, Félix Lizaso, Alfonso Hernández Catá, Alejandro García Caturla, José Lezama Lima, Fernando Ortíz, José Vasconcelos, Luis Cernuda, Mariano Brull, Rafael Alberti, Eugenio Florit, José Ardévol, Salvador Bueno, Mercedes García Tudurí, Eliseo Diego, Juan Marinello, Emilio Ballagas, Cintio Vitier, Hortensia Pichardo, Alejandro Casona, Aaron Copland, Rafael Marquina, Graziella Pogolotti, María Teresa Linares, Rita Longa, Manuel Bisbé, José Luciano Franco, Guy Pérez Cisneros, Angel Arturo Aballí, Ramiro Guerra, Gastón Baquero, José María Chacón y Calvo, Gustavo Pittaluga, José Ferrater Mora, Lino Novás Calvo, Rafael Esténger, Lorenzo García Vega y decenas más fueron mucho más interesantes y enriquecedoras que la simple lectura de libros, por muy buenos que estos sean, pero siempre algo nos deja recordar esas citas bibliográficas.

Acérquese a este nuevo libro y descubrirá vericuetos fascinantes de nuestra cultura y múltiples caminos a recorrer para el interesado en nuestra historia. No lo dude.


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El Lyceum y Lawn Tennis Club: su huella en la cultura cubana, de Whigman Montoya DelerFoto

El Lyceum y Lawn Tennis Club: su huella en la cultura cubana, de Whigman Montoya Deler.