Actualizado: 22/09/2020 8:54
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Urnas, Cementerios, Muertos

Los huesos de personajes históricos (IV)

Última parte de esta serie

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Tanto quiere el diablo al hijo…

La historia de la bella ciudad sureña cubana de Cienfuegos comienza en Louisiana.

Todo parece indicar que la llamada “Perla del Sur” tuvo un autor y protector, un coautor y un fundador, así que fue una concepción tripartita; en ese mismo orden de prelación: José de Cienfuegos y Jovellanos, Gobernador y Capitán General de la Siempre Fiel Isla de la Fernandina de Cuba, el Intendente General Alejandro Ramírez, y el nacido francés colonial y luego súbdito español Louis de Clouet.

Parece que a don Luis le acompaña la suerte de los fundadores, como Rómulo y Remo, ya que tiene orígenes fabulosos, pues nació en dos lugares: en New Orleans (Louisiana) y en Burdeos (Francia), en 1766. También se cree que murió en dos sitios: Madrid y Córdoba, en 1848. Pero supongo que esa incertidumbre gobernó toda su vida, pues lo persiguió hasta después de muerto. Hay una versión que señala que siendo muy joven tuvo que huir de Louisiana, quizá debido a su venta a la naciente Unión Americana, y su firme repulsa para aceptar un sistema republicano.

Como los datos sobre él son tan contradictorios[1], me atengo a lo que informa la Wikipedie (francesa) y lo que reúne Jean Lamore: Louis de Cloeut de Pittre (también se menciona como Juan Luis Lorenzo de Clouet o Louis Brognier de Clouet), nació el 8 de febrero de 1766 en New Orleans (entonces, Louisiana Francesa), y murió el 17 de junio de 1848 en Córdoba (España) a los 82 años. Llegó a Cuba en 1816 como Teniente Coronel de Infantería, agregado al Estado Mayor de La Habana, y propuso la creación de una nueva villa en la Bahía de Jagua, lo que hoy es la ciudad de Cienfuegos, donde lo consideran su fundador. Sus padres fueron el Caballero François Joseph de Clouet, Teniente Coronel del ejército francés, y la Dama Marie Louise de Favrot.

Entre los “Papeles sobre Louisiana” que se conservan en la Biblioteca Nacional de España (Manuscritos, Tomo III), compilados del archivo de Antonio María de Bucarelli y Ursúa (1768-1792), aparece una “Petición de licencia para ir a España, del Coronel Alejandro de Clouet, con una recomendación de Esteban Miró” (h. 99-99v).

Casó el 1º de octubre de 1797 con Clara López de la Peña (4 de enero, 1778-24 de enero de 1855), quien al parecer era una mestiza, cuarterona libre, mezcla de negro y de indio americano, a quien se ha estudiado como un caso de interés especial entre los negros libres de New Orleans[2]. Paradójicamente, un francés casado y con hijos de una mulata aindiada, fundó una ciudad destinada a aumentar la población blanca de Cuba, e ingresó en la aristocracia titulada criolla como sucedió en otros casos de la aristocracia insular, pues varios miembros de ella eran mestizos. Ya viuda, su hijo Alejandro de Clouet, Conde de la Fernandina de Jagua, solicitó para ella en 1831 y 1849, una pensión para reconocer los servicios prestados por su fallecido esposo, dirigido al Ministerio de Hacienda, Gracia, Justicia y Gobernación del Reino.

Jean Lamore dice:

Louis de Clouet de Piettre était d'origine française, selon certains de Bordeaux, selon d'autres de la Nouvelle-Orléans. Dans tous les cas sa famille était bordelaise et ses descendants résident toujours à Bordeaux. On le présente souvent comme un riche colonel français émigré de Louisiane mais les autorités hispaniques l'ont toujours considéré comme espagnol et au service de notre gouvernement. Apparemment il naquit en Louisiane en 1766 et bien qu'au service de l'armée française dans sa prime jeunesse à partir de 1816 on le retrouve à Cuba aux ordres du roi d'Espagne, affecté à l'état major de la Havane. «Je suis un bon espagnol royaliste» dit-il de lui-même en 1826, «et je pense avoir toutes les qualités requises pour ce titre si honorifique». Dôté d'une personnalité difficile et controversée, les témoignages de ses contemporains le décrivent comme autoritaire, souvent colérique et intolérant: «génie pétulant et arrogant; bon gascon, drôle à ses heures et cruel à d'autres; travailleur et avec une grande soif de profit...»[3]

Sospecho por lo anterior que fue poco querido. Lamore también recoge un pasquín, que reproduzco en francés:

Personne ne t'aime

Grossier monstre voleur

On t'abomine avec raison

Car tu gouvernes comme une bête sauvage.

Ah, Vampire, qui pourrait

Exprimer devant le Roi

Combien ta volonté absolue.

opprime notre groupe)?

Pour l'or, l'argent et la pute

Tu cesses d'appliquer la loi.

Confirmé lo anterior cuando encontré en los fondos digitalizados del Archivo General de Indias en Sevilla, un dibujo infamante que lo prueba, donde le dedican conceptos muy fuertes. Aunque aparece clasificado como “pasquín”, y sin duda lo es, también observo algunos elementos los cuales me permiten suponer se trató de un “daño” o “bilongo”, pues supuestamente se le dedica en vida (1833) y le desea la muerte, pero además en el dibujo —que acompaño ilustrando estas líneas— aparecen algunas suertes de “maldiciones”, como escribir sobre su zona pélvica la palabra “ladillas”, sobre un pie, “podrido” y en un brazo, “balazo”. Es una especie de exvoto, pero en sentido contrario, deseándole el mal. Algo muy terrible debió cometer Clouet para que alguien (o algunos) lo odiara tanto.

De acuerdo ya con el Capitán General José Cienfuegos y Jovellanos, y el Intendente General Alejandro Ramírez, Clouet parte desde Batabanó hacia la Bahía de Jagua con 46 colonos franceses (de Burdeos) y de New Orleans. Al llegar se establecieron brevemente en los restos de un antiguo poblado indígena, a las orillas del río Saladito, pero en pocos días aceptaron la invitación de Agustín de Santa Cruz, rico propietario de la zona, quien les sugirió y ofreció instalarse en la península de Majagua, donde finalmente el 22 de abril de 1819 realizaron el acto formal de fundación de la Colonia de la Fernandina de Jagua, con una ceremonia algo peculiar que incluyó el sacrificio de unas palomas y la elaboración con ellas de un caldo consumido por los presentes. Algunos dijeron que era parte de un rito masónico, y otros que, por provenir Clouet de New Orleans, tenía algo de brujería y hechicería. Además, sospecho que su mestiza mujer también pudo despertar suspicacias.

Muchos coinciden en señalar al Coronel Clouet como un hombre severo, rígido, autoritario, y quizá hasta un poco violento y soberbio, pero se explica por las circunstancias de su encomienda. Procedió de forma cuidadosa, casi milimétrica para cumplir su encargo. Además del acto de fundación del que se levantó el acta correspondiente, encargó también a un ingeniero, el Alférez Félix Bouyón, que trazara el plano del poblado, y nació así desde su mismo origen ordenado y bien distribuido, rasgo que hoy se aprecia en la ciudad, con calles amplias, derechas, cortadas en ángulo recto y con sus sitios principales reservados para las construcciones que después se levantarían. Cada colono recibió su parcela, con el cuidado de construir hacia el fondo del lote su primera vivienda provisional (de yaguas y guano), para que después las definitivas se alinearan al frente: muy bien pensando.

Una vez ejecutadas estas provisiones, Clouet fue promovido a Brigadier y entregó el gobierno de la colonia a su hijo Alejandro, Capitán de Lanceros. Por los servicios prestados, la reina Isabel II le otorgó el título de Conde de la Fernandina de Jagua para él y sus herederos, y el Ayuntamiento o Cabildo dispuso que en el Salón de Sesiones se colocaran frente al de los reyes, los retratos del prócer y de su esposa, la creole de New Orleans; de esta manera, en un lugar de homenaje oficial y de alto honor en la Cuba colonial, se reverenció la imagen de una mulata con algo de sangre apache.

Pero quizá lo más sorprendente de la vida de Louis de Clouet ocurrió cuando ésta terminó. Según la versión más documentada, falleció por una pleuresía en Córdoba (1848), Andalucía, y allí quedó hasta que en 1956 los emprendedores cienfuegueros quisieron recordar su origen como ciudad, y decidieron traer los restos desde España para honrarlos con un monumento digno de la memoria del ilustre fundador.

El 22 de abril de 1956, en el acto de conmemoración de la fundación de la ciudad, el presidente del Ateneo de Cienfuegos propuso traer los restos y construir un magnífico monumento a su memoria, iniciativa que contó de inmediato con el apoyo del alcalde Don Reinaldo Pino Varas, un médico muy querido en la ciudad por sus numerosas obras sociales, buen carácter y empeño benefactor, quien logró que el 3 de agosto de 1958 llegaran por avión a la ciudad los restos de Don Louis. En el recibimiento estuvieron, además del Alcalde, el presidente del Ateneo y el obispo de la ciudad. La urna con los restos fue colocada sobre un armón de artillería, como un héroe, y llevada hasta el parque “José Martí”, donde se pronunciaron varios discursos ante una gran multitud encabezada por las autoridades.

Cienfuegos ya era una ciudad muy próspera, con un puerto sumamente activo y una industria floreciente, que casi la convertían en la segunda ciudad de la Isla, bien urbanizada y en crecimiento constante, con edificios nuevos como el Hotel Jagua y el plan de convertir en un casino internacional el asombroso Palacio del Valle (construido por el enigmático Don Acisclo del Valle, quien ostentaba en su escudo familiar el mote: “El que más vale no vale lo que Valle vale”). Había familias prominentes de la alta burguesía como los Dorticós y los Terry, uno de esos, Tomas Terry IV, protagonista de la curiosa historia del “Cohete Postal Cubano”. Los cienfuegueros que podían, se reunían en el Club Náutico, donde se encontraban bellas embarcaciones deportivas. La ciudad ya contaba con unos de los cementerios más hermosos de la Isla, el “Tomás Acea”, con un sorprendente pórtico imitando el Partenón en medio de la exuberante naturaleza tropical.

Era el más firme propósito de los cienfuegueros, encabezados por su alcalde, construir un gran monumento en homenaje a Don Louis de Clouet… pero no contaron que apenas unos meses después de recibir sus restos tan solemnemente, la vida de ellos y de todos los cubanos iba a cambiar profundamente. En primer lugar, la del mismo alcalde, que en 1959 fue condenado por un “Tribunal Revolucionario” a 20 años de cárcel por sus vínculos con el régimen anterior.

Durante muchos años, los restos del fundador, que habían realizado un viaje tan largo, estuvieron guardados en una caja de seguridad de un banco cienfueguero, y en los últimos años, fueron trasladados hasta el Museo Provincial. En 1999 se convocó a un concurso para elegir el monumento correspondiente, y fue seleccionado uno presentado por un equipo multidisciplinario.

Pero finalmente, después de tan dilatada espera, el 22 de abril de 2019, a los 190 años de fundación de Cienfuegos y a 171 años de su muerte, los gloriosos restos fueron definitivamente instalados en un sobrio mausoleo en el Cementerio “Tomás Acea”, donde ahora se encuentran. Finalizaba así la azarosa odisea de Don Louis de Clouet.

El día de la inauguración, el enardecido conservador de Cienfuegos, el arquitecto Irán Millán Cuétara, poseído por la musa elegíaca, cerró su discurso con palabras retumbantes: “Este pueblo que hoy está junto a ti, te dice: ¡Hasta siempre, De Clouet! ¡Cienfuegos nunca te fallará!”

Por supuesto, con ese nunca te fallará se olvidaba piadosamente la larga espera que padeció el preclaro y muy paciente fundador: Sic transit gloriae mundi.


[1] Vid. Esther Castiñeyra y Rangel, Historia local de Cienfuegos (La Habana, Cultural, 1932), y Luis E. Bustamante, Diccionario biográfico de Cienfuegos (Cienfuegos, Imprenta de Bustamante, 1931).

[2] Kimberley S. Hanger, “Coping in a Complex World. Free Black Women in Colonial New Orleans”, The Devil’s Lane. Ed. by Catherine Clinton and Michele Gillespie. New York, Oxford University Press, 1997.

[3] Jean Lamore et Annette Llouquet, Cienfuegos: una ville française à Cuba. Trad. Asunción García-Pardo. Puede consultarse en español: Historias 16, Nº 40, 1979. pp. 91-98.