Actualizado: 24/09/2021 16:37
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Lucha de clases, lucha de razas

Nuevo orden es un excelente filme que expone las diversas capas del odio racial, la manipulación del poder y las diferencias de clases, así como la indiferencia de las clases

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Nuevo orden comienza con la fiesta de una boda que va a tener lugar en una lujosa mansión de una zona residencial en la Ciudad de México, donde los invitados se mueven entre una gran variedad de aperitivos exquisitos, todo tipo de bebidas y un ejército de camareros, guardaespaldas y sirvientes. De ahí corta a un hospital público, en donde un populacho entra arrasador y a la fuerza retira a los pacientes de sus camas para ubicar a sus heridos y exigir atención médica con violencia. En la fiesta todo es orden, en el hospital todo es caos.

Son dos mundos que coexisten mientras el orden pueda ignorar al caos. Los de la fiesta todos son de rasgos caucásicos, mientras sus criados y los que habitan el caos son aindiados. Pero el caos está al invadir al orden. Pronto van a colisionar.

La fiesta continúa de espaldas a las protestas que tienen lugar en la calle. Los invitados se tratan con hipocresía, buenos modales y arrogancia, disfrutando su burbuja opulenta, pero las noticias de la revuelta comienzan a filtrarse y algunos invitados deciden irse en sus Suburbans blindados, sin hacer mucha bulla, para no interrumpir el discreto encanto de la velada.

Finalmente, los revoltosos saltan los muros y comienzan a entrar en la casa. Vienen con rencor y envidia, disparan indiscriminadamente y explota una matanza. Los sirvientes de la casa se unen (o estaban unidos de antemano) a la revuelta y despojan a los invitados de sus posesiones y saquean la residencia. El caos lo domina todo.

En Nuevo orden no se explican las causas del alzamiento popular, pero de la forma que Michel Franco, el director y guionista, lo presenta, está claro que es debido a la miseria, al deseo de satisfacción inmediata que solamente se consigue mediante el atraco y la malversación, y también el odio racial. Con la excepción de Marianne, la novia, y de Cristian, uno de los criados que se mantiene fiel a la familia, que son personajes ingenuos, atrapados en creencias de buenismo, el resto de los protagonistas son todos malos de distintos matices, pero sin bondad inherente.

El racismo es un mal imperante en (casi) todos los países del mundo. La tez más clara se asocia con la riqueza y el poder, con los cánones de belleza imperantes, mientras que la más oscura se asocia con la pobreza, la ignorancia y la fealdad. En México en particular, esas discrepancias son notables.

El filme no favorece ninguna ideología, ofende por igual a todos los bandos. Franco tuvo muchos problemas por declarar que en su filme también se presenta el “racismo a la inversa”, proclamando que no sólo son los blancos ricos los racistas, sino también los pobres mestizos los que lo practican. Como en el filme no da las razones, aunque son obvias, tuvo que enfrentarse de forma muy defensiva a los ataques de los “políticamente correctos”, pese a que la película está hecha para provocar la discusión y poner a reflexionar al espectador, pero ya sabemos que los militantes no quieren discutir, sino adherencia a sus principios.

El aspecto de odio racial se ejemplifica bien en una secuencia en la cual Marianne conduce su carro por las calles bloqueada por militares en unos sectores y por revoltosos en otros. Va con Cristian quien, cuando llegan a la zona de los alzados, le pide que lo deje manejar y que ella se esconda, ya que su aspecto aindiado le permitirá pasar sin levantar la ira de estos.

En un guion lleno de sorpresas, quizá Franco recarga demasiado la trama. Sin llegar al tremendismo, aunque con escenas violentas y sobrecogedoras, el argumento se complica tanto que a la hora de resolverlo algunas cosas quedan en el aire y otras soluciones parecen traídas por los pelos, pero logra intensidad dramática.

Michel Franco (Ciudad de México, 1979), ganó dos premios en la sección Un Certain Regard del festival de Cannes con sus filmes Después de Lucía (2012) y Las hijas de abril (2017), así como el de mejor guion, también en Cannes, con Crónica (2015). Con Nuevo orden ganó el León de Plata (Gran Premio del Jurado) y el Leoncito de Oro (Premio Agiscuola), ambos en el Festival de Venecia de 2020.

Las secuencias de caos y muchedumbres están bien coreografiadas y dirigidas. Las actuaciones individuales son buenas pero limitadas, casi nadie tiene un rol protagónico destacado, pero todos cumplen con sus roles a la perfección. Franco juega con los estereotipos sin dejar que las actuaciones se vuelvan estereotipadas. No hay manifiesto político, es una película que se centra en el horror de las situaciones extremas, en las cuales la masa tiene poco control sobre lo que sucede, son manipulados por fuerzas ocultas y sacan lo peor de si mismos. En la lucha por la sobrevivencia no se confía en nadie, todos son enemigos potenciales, lo que desborda los peores instintos humanos. La salvación no está en manos de nadie. La represión brutal es la única forma de control.

La fotografía del veterano Yves Cape (Bélgica, 1960), quien ha trabajado con Leos Carax y Claire Denis, así como en las anteriores cintas de Franco, utiliza unos tonos y unos encuadres que muestran el horror en toda su intensidad. Maneja los contrastes con maestría y sin efectismo.

Nuevo orden es un excelente filme que expone las diversas capas del odio racial, la manipulación del poder y las diferencias de clases (así como la indiferencia de las clases). Expone asuntos importantes sin solemnidad ni didactismo.

Nuevo orden (México/Francia, 2020). Guion y dirección: Michel Franco. Director de fotografía: Yves Cape. Con: Naian González Norvind, Fernando Cuautle, Diego Boneta y Patricia Bernal. Disponible en Amazon Prime.


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