Actualizado: 29/06/2022 10:50
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Con ojos de lector

Más Lennon que Lenin (II)

Camisetas, llaveros, maracas, chocolates, souvenirs para turistas: el Che ha devenido en los últimos años un logotipo comercial como Marilyn Monroe, Mickey Mouse, Humprey Bogart y Tarzán.

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En 1981, la célebre imagen de Alberto Korda mereció el inusual reconocimiento de servir de tema al documental Una foto recorre el mundo, realizado en Cuba por el chileno Pedro Chaskel. La cinta, que se proyecta en una pequeña pantalla en la exposición del Internacional Center of Photography, muestra cómo la foto fue convirtiéndose "en símbolo de las protestas y ansias de cambio, justicia y libertad de toda una generación en todo el mundo".

Pero junto a ese empleo perfectamente coherente con las ideas políticas defendidas por el Che, para entonces Guerrillero Heroico había empezado a incorporar otras interpretaciones no recogidas en el documental, de acuerdo a esa infinita maleabilidad comentada por Trisha Ziff. En 1969, por ejemplo, su rostro apareció en un cartel, Liberating the Church, que también sirvió de portada a la revista satírica alemana Pardon (es otra de las piezas que se pueden apreciar en la muestra que aquí se reseña). Se trata de una foto en la cual se ve a una glamorosa joven vestida de monja, que se abre el hábito para revelar que lo que realmente lleva en su corazón es la imagen del Che que se ha hecho tatuar en el pecho. En su gesto se mezclan la libertad sexual que muchos jóvenes defendían en esos años, y la crítica a las normas y convenciones más retrógradas de la iglesia católica, que un sector de los curas y monjas alentaba. Además de Pardon, en Che! Revolution and Commerce figuran versiones en plan humorístico de la foto del Che publicadas en National Lampoon y Pocho!

De los primeros años de la década de los setenta es el cartel Che Gay, que también forma parte de la muestra del International Center of Photography. El anónimo creador no pretende sugerir que el Che fuese homosexual, lo cual sería absolutamente descabellado (tenía, por el contrario, fama de ser homofóbico). Su intención al realizar el afiche era vincular su lucha a favor de los explotados y oprimidos con la que en esos años había iniciado esa comunidad discriminada y marginada para conseguir la reivindicación de sus derechos sociales.

No forma parte de la exposición un afiche de 1973, en el que la cara del Che está formada con el texto de la cuarta estrofa de Che Comandante, el poema que le dedicó Nicolás Guillén. Sí se incluye, en cambio, una obra gráfica perteneciente a Patrick Thomas. En la misma, el elemento empleado para configurar el retrato son siglas y logotipos de firmas comerciales. He escogido esos dos ejemplos antitéticos (pueden encontrarse otros) para ilustrar el patético destino que ha tenido el Che, quien de ser uno de los emblemas de la lucha contra el capitalismo, terminó siendo fagocitado y asimilado por éste. Y lo peor es que de ese modo lo ha despojado de su mensaje ideológico y ha hecho de él una más de sus marcas. Esa metamorfosis la ha resumido acertadamente Sean O'Hagan, al decir que el Che ha devenido más Lennon que Lenin.

La muestra más visible y cotidiana de esa comercialización es la proliferación en camisetas (polos, remeras o pullovers, de acuerdo al país) de la imagen tomada por Korda. Eso no quiere decir, por supuesto, que quienes la lleven en el pecho compartan o simpaticen con su ideología, la cual en muchos casos desconocen. Días después de haber visto la exposición del International Center of Photography me fui de vacaciones por algunas ciudades de la zona andina del Perú, las mismas, por cierto, que el Che recorrió en motocicleta en su juventud. En varias ocasiones me crucé en las calles con jóvenes que usaban camisetas diseñadas con el Guerrillero Heroico. En una oportunidad logré vencer mi timidez en casos como ése, y le pregunté a un chico por qué portaba el rostro del Che. Su respuesta: por ninguna razón especial. Insistí: ¿no lo hacía para expresar su simpatía por sus ideas políticas? No, nada que ver con la política. Una vez más, pues, se cumple el viejo refrán de que el hábito no hace el monje.

Las camisetas representan la expresión gráfica más omnipresente de este uso del Che como logotipo comercial. Son, sin embargo, sólo uno de los productos de un catálogo que numéricamente es mucho más amplio. En Che! Revolution and Commerce se pueden apreciar cajas de cigarros y fósforos, tazas, pantalones vaqueros, estuches de tabacos, billeteras, bolsas de tela, fosforeras, servilletas de papel, etiquetas de refrescos y vinos, muñecos y ¡hasta unas prendas de ropa interior femenina! El antes citado Sean O'Hagan afirma que existe un detergente que tiene el nombre del Che y cuyo reclamo para atraer compradores es "Che washes whiter". El retrato de Korda sirvió también de motivo para el anuncio de unas gafas del diseñador francés Jean-Paul Gaultier. En el año 2002 salió al mercado norteamericano Cherry Guevara, un helado de chocolate elaborado con crema de cereza. En la envoltura se le presentaba así: "The revolutionary struggle of the cherries was squashed as they were hopped between two layers of chocolate. May their memory live on your mouth".


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