Actualizado: 06/12/2019 17:18
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Mirando atrás sin ira

Alfonso Cuarón escoge un momento bien convulso de la historia de México para situar el cuadro de su drama familiar, lo cual lo ubica como narrador en un tema de muchos riesgos argumentales

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Guillermo del Toro (1964), Alejandro González Iñárritu (1963) y Alfonso Cuarón (1961) son los Tres Ungidos del cine mexicano, porque Hollywood y el azar lo decidieron así. No fue idea de ellos, son simples beneficiarios. Los tres irrumpieron en el escenario mundial casi a la vez, con los filmes Amores perros (2000), El espinazo del diablo (2001) y Y tu mamá también (2001), todas estrenadas entre abril de 2001 y abril de 2002. Tres excelentes filmes que mostraban creatividad, innovación y atrevimiento.

Amores perros fue el primer largometraje de González Iñárritu. Guillermo del Toro ya había filmado en México la excelente y prometedora Cronos (1993) y ya había saltado a Hollywood con Mimic (1997). El caso de Cuarón es un poco diferente. A partir de ese momento, los tres se convirtieron no solo en el rostro del cine mexicano, sino en EL cine mexicano. Por muchos años quedó así a pesar de que ninguno ha vuelto a hacer cine en México y los tres se han mantenido, con mucho éxito, dentro de la élite hollywoodense. Pienso que en ese tiempo, directores mexicanos un poco más jóvenes como Carlos Reygadas y Amat Escalante, han producido obras artísticamente muy superiores pero no han conseguido la difusión merecida.

Tras dos décadas de producción hollywoodense, numerosos premios y embadurnados de oropel, Guillermo del Toro se ha convertido en una especie de Spielberg del pobre, mientras González Iñárritu ha devenido en el Pensador Existencial de la Academia, produciendo filmes solemnes, con temas de supuesta gran complejidad, pero con la garra y pegada de un peso mosca.

Cuarón es el artesano del grupo. Antes de Y tu mamá también, había dirigido la olvidable comedia Solo con tu pareja (1991). Luego se insertó en Hollywood y dirigió A Little Princess (1995) y Great Expectations (1998). Tras su gran éxito, se dedicó a hacer divertimentos convencionales como Harry Potter and the Prisoner of Azkaban (2004), Children of Men (2006) y finalmente su mayor logro: Gravity (2013), con la cual arrasó en los óscares. Ha demostrado ser un buen director que se mueve cómodamente dentro de los límites del cine comercial, con gran dignidad creativa.

Roma es el intento de Cuarón de regresar a un cine más imaginativo, más personal y más alejado de los patrones del cine convencional. Es quizá, su decisión de retomar el tipo de arte que dejó cuando finalizó Y tu mamá también. Puede que sea un compromiso consigo mismo.

El título del filme se refiere a la Colonia Roma, donde Cuarón vivió su infancia. Narra la historia de una familia de clase media alta, durante el convulso periodo de 1970 y 1971, cuando Luis Echeverría, un populista de izquierda, asumió el poder y ocurrieron disturbios estudiantiles, como la matanza de Corpus Christi y los sucesos del festival de rock de Avándaro en 1971, tras el cual el presidente suprimió los grupos organizados por los jipitecas (como bautizaron a los hippies mexicanos) y llegó a prohibir la difusión de la música rock. En 1970 México también acababa de organizar la Copa Mundial de Fútbol de ese año. Echeverría fue considerado el responsable de la Matanza de Tlatelolco de 1968, cuando era ministro del interior. Todo esto y menos, es parte del filme.

Cuarón escoge un momento bien convulso de la historia de México para situar el cuadro de su drama familiar, lo cual lo ubica como narrador en un tema de muchos riesgos argumentales. Pero el realizador está decidido a no caer en ninguna de las trampas. Su foco es el drama de su familia, en un momento en que el padre ha decidido abandonar el hogar para irse con otra mujer.

Como un recurso inteligente para evitar caer en lo didáctico o sermonear sobre la situación sociopolítica mexicana, Cuarón escoge contar el filme desde el punto de vista de la criada de la casa, una muchachita mixteca que está culturalmente distante de los valores de la familia y de la sociedad, aunque está pasivamente integrada. Esto le da a la narración el deslinde brechtiano que Cuarón busca.

Mucho se narra, pero poco sucede. La narración se toma su tiempo y se va dando a través de los detalles, que van desde los diferentes juegos de los niños, las conversaciones caseras, las salidas de la criadita y su amiga con sus respectivos novios, todos principalmente presentados a través de lo que la cámara nos muestra. El montaje visual es extremadamente cuidadoso y cubre desde gestos, palabras y pequeñas acciones, hasta las plastas del perro de la casa. La lentitud está muy bien pensada y hecha con gran equilibrio.

La fotografía del propio Cuarón es extraordinaria. Escoge un tono de blanco y negro que hace lucir cada encuadre como una postal de época, pero sin lustre. Resulta hermosa, pero a veces se regodea un poquito demasiado en ello. La fotografía es probablemente el actor principal del filme. La secuencia de casi al final, en la playa, es de una belleza sobrecogedora y crea por si misma el drama, sin que el desenlace argumental pese mucho en ello.

La familia resuelve todos sus problemas de una manera sencilla, reforzando la unión entre los miembros, con un nivel de comprensión, sobre todo por parte de la madre y la abuela, que a veces parece un poco simplificado, pero es efectivo. No hay odio en esta familia, Los personajes son tan blanquinegrinos como la fotografía. La violencia social se muestra en unas manifestaciones estudiantiles, pero la familia las sufre solamente a nivel personal y lo sentimos a través de la visión de Cleo.

Hay pequeñas cosas que no están a tono con el resto de la narración. La historia del drama personal de Cleo, que tiene un desenlace abrupto en la secuencia de la mueblería, huele un poco a telenovela barata, a pesar de que Cuarón lo trata con sobriedad y un mínimo de emocionalidad.

El personaje del padre suena demasiado caricaturesco y no encaja bien tampoco en la narración.

Por lo demás, el filme es impecable, todos los actores cumplen sus papeles como se les exige, que es prácticamente en función de la fotografía y Cuarón trata un drama típico de Ozu, con los recursos de un Robbe-Grillet y la mezcla le sale muy bien. También fue muy cuidadoso con los afiches, discos y otros elementos de la época. Roma ha sido categorizada como una obra maestra. No creo que llegue a tanto. Es una buena película que lleva la firma de un excelente artesano que está tratando de hacer arte trascendente. Pero a mi se me olvidó media hora después que la vi.

Roma (México-EEUU, 2018). Guion, dirección y fotografía: Alfonso Cuarón. Con: Yalitza Aparicio, Marina de Távira y Diego Cortina Autrey. De estreno limitado en casi todas las ciudades estadounidenses y disponible a su vez en la plataforma streaming de Netflix.


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