Actualizado: 10/04/2020 14:03
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Mendes, Cine, Arte 7

Misión imposible

La primera hora de 1917 es impecable; pero tras ello, aunque no se vuelve una mala película, pierde bastante del ritmo inicial

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1917 sorprendió hace unos días cuando ganó el Globo de Oro en la categoría de filme dramático y Sam Mendes lo recibió por mejor dirección. No solo superaron a filmes favoritos como Marriage Story, The Irishman, Joker y The Two Popes, sino a directores como Martin Scorsese, Bong Joon Ho y Quentin Tarantino. De 1917 hasta el momento se había hablado poco. Se estrenó brevemente en un par de salas de Nueva York y Los Angeles a finales de noviembre y fue reseñada en términos bien tibios por la mayoría de los principales críticos americanos. Se ha venido a estrenar más extensamente ahora en enero.

El filme transcurre durante unas doce horas que van del atardecer del 6 de abril de 1917, no casualmente el día que Estados Unidos oficialmente entró en la Primera Guerra Mundial tras haberse declarado neutral por más de dos años, hasta el amanecer del día siguiente.

Los soldados de primera clase Blake y Schofield, estacionados en el Frente Occidental en Francia, son llamados ante el general Erinmore. Este les explica que un batallón británico está listo a atacar a los alemanes que están en retirada. Pero Erinmore les advierte que es una trampa urdida por los alemanes y que la vida de 1.600 soldados está en peligro, entre ellos el hermano de Blake, que es teniente de uno de los regimientos. Debido a la ubicación de las tropas, que quedan al otro lado de las líneas alemanas, no hay posibilidad de comunicación radial, pues sería interferida. El general les asigna la tarea de caminar, en unas nueve horas, a través del territorio dominado por los alemanes, sin ningún tipo de apoyo, para llegar hasta el batallón comandado por el coronel MacKenzie y darle el mensaje personalmente a este, quien no sabe del truco alemán. Del resultado de esta misión suicida depende la vida de los hombres del batallón.

De la mano de la cámara, que nunca abandona a los personajes, asistimos a sus desventuras en su esfuerzo por atravesar las líneas alemanas para llegar a tiempo al contingente británico, ayudados solamente por su astucia, sus instintos y la precariedad de la suerte.

1917 es un filme que sucede durante la guerra, pero no es estrictamente hablando, un filme de guerra. A Mendes no le interesa contextualizar ni mostrar batallas. Su enfoque es el avatar de dos hombres comunes enfrentados a una situación extraordinaria, riesgosa y casi imposible, que exige esfuerzo continuo sin garantía de éxito. Lo otro que le interesa al director es mostrar la miseria individual de la conflagración. Blake y Schofield tienen que enfrentar, campos enfangados, cadáveres que alimentan ratas, el mal olor de la destrucción, poblados en ruinas donde acecha el peligro enemigo y también a las propias tropas hostiles. Junto con ellos va el espectador, que no se va a perder ninguna de esas miserias. Es sentir la guerra a nivel molecular.

La película está fotografiada de manera que luzca como un solo plano-secuencia, pero no es así. Los cortes no se notan, pero suceden en los momentos en los cuales los protagonistas atraviesan al otro lado de una pared o la luz disminuye. Esto aumenta el sentimiento agónico de personajes y espectador, ya que al poco tiempo uno se da cuenta de la imposibilidad de liberarse del desastre humano del cual se es testigo. El recurso funciona. Ha sido utilizado por directores como Miklos Jancso y también John Sayles. En algunos casos se recurría al plano-secuencia largo por motivos financieros cuando se filmaba en celuloide, aquí se filmó digital, así que es una decisión puramente artística.

La primera hora de la película es impecable. Es una narrativa que no descansa, apenas tiene diálogos, ahorra sentimentalismos o exaltaciones de las cualidades de los personajes. Son lo que vemos y oímos, son a veces nuestros propios temores, nuestro propio horror. Pero la gasolina se le acaba y en la última media hora recurre a recursos melodramáticos que han sido visitantes demasiado frecuentes en el cine comercial y aunque no se vuelve una mala película, pierde bastante del ritmo inicial.

Sam Mendes (Inglaterra 1965), tiene en su haber un destacado currículo. American Beauty y Revolutionary Road cuentan entre sus aciertos, pero también tiene Skyfall y Spectre dos filmes de la serie de James Bond protagonizados por Daniel Craig, que están entre los más melosos de la franquicia. Aquí hay un poco de todo de esas películas anteriores. Esta es la primera vez que escribe su propio guion (en conjunto con Krysty Wilson-Cairns, también primeriza en largometrajes). La narración es intensa y bien desarrollada, es ágil y agobiante a la vez, se desvía poco de sus objetivos, pero fluye bien.

George MacKay, en su papel de Schofield, aparece en todos y cada uno de los encuadres del filme. Gran parte de lo mejor del filme se debe a su actuación. Es un actor con una veintena de largometrajes, premiado en Cannes como revelación en 2017 y anteriormente ganador del BATA, a quien jamás he visto o notado. Sin embargo, nadie lo ha nominado a ningún premio por este papel. Es tan perfecta su interpretación de un hombre ordinario, que no llama la atención. Interpreta con veracidad a un hombre sin atributos que se descubre a si mismo al enfrentar lo que jamás imaginó y una misión que no tenía interés en hacer. No hay solemnidad ni grandilocuencia, es simplemente un actor magistral inmerso en su personaje.

Sam Mendes se arriesgó a hacer una película con actores desconocidos sobre personajes indistinguibles. Valió la pena. Asoman brevemente Colin Firth, Mark Strong y Benedict Cumberbatch, pero sus papeles, muy a propósito, no tienen peso en la trama.

La fotografía de Roger Deakins, uno de los mejores fotógrafos contemporáneos, que ha trabajado con los hermanos Coen, con Denis Vileneuve y también anteriormente con Mendes, entre otros, es sobrecogedora. Su uso del color y del encuadre se mueve entre el realismo y el surrealismo y convierte a la cámara probablemente en el personaje mas importante del filme. Un personaje que además nos hace mirones cómplices.

Aunque basada en historias reales que le contaba a Mendes su abuelo, quien fue encargado de una misión similar en la Primera Guerra Mundial, todos los personajes y situaciones son ficticios. Es un filme muy interesante a pesar de su relativa caída al final.

1917 (Gran Bretaña/EEUU, 2019). Dirección: Sam Mendes. Guion: Sam Mendes y Krysty Wilson-Cairns. Director de Fotografía: Roger Deakins. Con: George MacKay y Dean-Charles Chapman. De estreno amplio en todo Estados Unidos.


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