Actualizado: 17/05/2022 17:16
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“No me quieras matar, corazón”, de Ricardo Riverón Rojas

No me quieras matar, corazón es una antología realizada a partir de nueve poemarios escritos a lo largo de más de treinta años

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Un acierto y un acto de justicia de Ediciones Unión (Cuba) ha sido la publicación, por su colección Contemporáneos, de No me quieras matar, corazón, una selección de la poesía publicada por Ricardo Riverón Rojas a lo largo de sus tres décadas creadoras. Hace algo más de 20 años publiqué en La Gaceta de Cuba el artículo “El próximo Riverón”, en el que daba fe del intenso trabajo, dedicación y consecuciones hasta aquel momento del poeta nacido en Zuluetas, Las Villas, en 1949.

Uno no deja de asombrarse cuando lee una selección, realizada por el propio autor, de poemarios que antes leímos por separados de acuerdo con su orden de salida; cuando esto ocurre, entre otras ponderaciones, tenemos una idea del gusto del poeta, pero, sobre todo, de su imparcialidad consigo mismo. Lo del asombro que anunciaba al inicio de este párrafo ocurre cuando esa selección, precisamente, abandona obsesiones personales y otros prejuicios y perjuicios y muestra un libro compacto, una suma de calidades que aspiran a mantener la línea estable en un gráfico.

No me quieras matar, corazón (título del cancionero que no me parece muy dador del Todo de la obra) toma de nueve poemarios escritos a lo largo de más de treinta años y reúne distintos moldes estróficos, amén del verso libre. Son 245 páginas que uno por momentos lee con cierta premura, digamos, en búsqueda de la propuesta del asunto siguiente, puesto que este libro, en lo que a contenido se refiere, se destaca por su humanismo, la intención reflexiva y la delicadeza puesta en función de la sentencia fina. Veamos “Más allá de la muerte”: habito en las palabras y el murmullo/ con que el viento y el agua me hacen suyos,/ existo en cierta paz de ojos muy lacios. “O todo el mar”: Pero quiero salvarla, porque habito/ en la costa inundada de murmullos./ El mar ya me prestó los ojos suyos/ y el hombre frente al mar es infinito. Y sirva además para ilustrar lo dicho “Países de mi país”: Yo quiero que me nombren timonel de mi gente:/ guiarlos por las calles, en contra o a favor de la brújula;/ pasmado sobre el lomo de un corcel/ edénico y audaz, para entender su historia.

Como he avisado antes, No me quieras matar, corazón contiene diferentes moldes estróficos, algo que Riverón Rojas, amante de la métrica desde sus primeros versos, ha dominado con calidad ascendente a lo largo de su carrea poética. De modo que, como conozco su obra, no me sobrecogí cuando comencé a releer las décimas que antaño había degustado. Pues sucede que esta estrofa, la décima, ha sufrido sobremanera cuando la crítica o los “guías” culturales de Cuba han tratado de convertir una estrofa en género, lo que consta en diferentes concursos, foros y publicaciones de la Isla; una aberración que se ha enfocado a escindir a la décima, sobreprotegiéndola, del resto de la poesía. Poetas que escriban décimas, como escriben sonetos o silvas, puede haber y no pocos hay; pero poetas que dominen —sobre todo— la décima con alcances altamente literarios, son excepciones.

Las décimas de Riverón Rojas clasifican junto a las de los poetas que, que yo sepa, han sido varios de los cultores sobresalientes de esta modalidad en Cuba en los últimos tiempos. Osvaldo Navarro (1946-2008), Efraín Riverón (1942), o Waldo Leyva (1942); y de promociones más cercanas o menos lejanas, también que yo sepa, Yamil Díaz Gómez, Jesús David Curbelo, Jorge Luis Mederos, José Luis Serrano o Carlos Pintado.

De las décimas en No me quieras matar, corazón: “Que me tenga cuidado el amor”: Claudia de todos los coches/ donde hoy no viajo. Sombrero/ para mi sed de viajero./ Escafandra para el ruido/ de la tristeza. Latido/ de la canción donde muero. O en “Viejo”, dedicada al padre: Canciones para vencer/ no tuve en tu voz abierta:/ nunca franqueaste mi puerta/ con árboles y batallas,/ y hoy yo callo, porque callas/ desde una ventana muerta. Como en otros poetas que se han dedicado con éxito a la décima, creo que las ganancias en las de Riverón Rojas se deben, en buena medida, a que si bien incorpora en ellas elementos de la naturaleza, del paisaje y del entorno en general, no va a dar en el pintoresquismo, la andanada de animales, trinos, pejes y pozas que tantas décimas trilladas nos han ofrecido.

El diseño y la ilustración de No me quieras matar, corazón, a cargo de Giysy Duque-Estrada y Juan Ramón Gómez, respectivamente, funcionan perfectamente en apego del contenido, alejados a su vez de esa profusión de colorines —el diseño por el diseño, diríamos— y brillos insulsos que abundan hoy en día.

Termino con estos versos del libro que nos ocupa:

Hay puentes con aire prehistórico que nadie
ha podido predecir cómo se salvan del cansancio:
los viejos puentes sobre todo: los pintados
del color de una alondra.


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