Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Festival del Caribe, Música, Danza

O la Habana o yo

En recuerdo al ensayista, narrador e investigador que creó el Festival del Caribe y fue fundador y director de la Casa del Caribe, así como director de la revista Del Caribe

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Hay un estereotipo sobre los orientales que quieren irse para La Habana; al punto que Castro tuvo que detener con un “decreto” este flujo demográfico. Joel James fue la única persona que conozco que nació en la Habana y se aferró a su querida Santiago de Cuba con uñas y dientes.

No suelo comentar sobre mi vida privada en ninguna parte, ni siquiera paseo mucho por Facebook, pero en esta ocasión tengo que hacerlo para ilustrar lo que afirmo arriba.

Joel y yo tuvimos una relación muy seria; íbamos a casarnos; sus hijas me adoraban y no veían la hora del casamiento. Por cierto, era rarísimo el ver aquellas muchachas que parecían americanitas, una rubia de ojos azules y otra pelirroja de ojos verdes con el más “ortodoxo” acento oriental.[1] Son buenas y de ley como su padre y su madre con quien también tenía una amistad sólida.

Con ese acento oriental y de gente “pesada” que tenía aunque su corazón era de oro, un día me dijo:

—O la Habana o yo.

Se imaginarán cuál fue mi decisión.

Pero de quien quiero hablar aquí es del intelectual y promotor cultural que fue. No voy a extenderme en su extensa obra escrita; eso se puede buscar en Internet.

Ese gran talento creador y crítico solo cursó hasta el tercer año de bachillerato. Ingresó en la lucha clandestina contra Batista muy joven; cuando era un adolescente de catorce años fue detenido y torturado. Dejó inconclusos también sus estudios de Economía en la Universidad de Oriente; no creo que el intelecto de Joel haya tenido mucho que ver con esa materia.

Lo que voy a destacar es su papel como fundador, de uno de los más genuinos[2] festivales del Nuevo Mundo; el Festival del Caribe, auspiciado por la Casa del Caribe y el Ministerio de Cuba; se le llama la Fiesta del Sol, ¡y fiesta del sol es, porque agosto en esa ciudad tan bella y armoniosa con toda la coloratura de una obra sinfónica, muy parecida a San Francisco, en Estados Unidos, es de rompe y raja!

Con esa vocación de lo popular, de la riqueza creadora de los pobres de la tierra, La Casa del Caribe poco a poco fue creando un festival cuyo impacto en América y su genuina diversidad solo se puede comparar con el Festival Cervantino, en Guanajuato, México, y con el Latina American Festival que fue auspiciado por el difunto Joe Papp, productor de los más exitosos musicales de Broadway.

Hay otro festival —no sé si existe aún— el Festival del Caribe de Cancún. Yo iba[3] con mi jefa, bien negra, por lo que en Cancún todos la creían una americana rica y yo no podía salir a la calle con ella porque la acosaban con ofertas de time share, casas, ¡el diablo y la capa!

Joel llevó un grupo de la Sierra Maestra que supongo que nunca habían visto ni un espejo.

Los segurosos estaban muy preocupados y Joel les contestó:

—¿Mariguaneros? Sí, ¿borrachos? Sí, pero todos van a regresar.

La delegación cubana estábamos alojados en el lujoso Fiesta Americana. Un día desayunábamos Vicky (mi jefa) y yo cuando se aparecen en el restaurante todos aquellos prietos ¡en calzoncillos que habían comprado creyendo que eran trajes de baños! Aterrada le dije a mi jefa:

—¡Vicky, no abras la boca, tú eres americana… mira para allá!

Todos los años La Fiesta del Sol era dedicada a un país, y así se pudieron conocer los creadores de islas casi ignotas regadas por todo el Mar Caribe; eso es genuina promoción cultural.

Todos esperábamos con anticipación aquel festival aunque, repito, hay que ser valiente para bailar en agosto en Santiago de Cuba.

Había un problema serio; el evento no seguía las pautas dictadas por el Ministerio de Cultura para festivales genuinos pero elitistas. Los organizadores de aquellos acataban las órdenes de los burócratas de la cultura, pero Joel James no se llevaba por la burocracia; nunca la aceptó, ¡burocracia para Joel James, ni modo! La Casa del Caribe producía cultura, pero no se parecía a ninguna otra institución cultural cubana.

Entonces el Ministerio de Cultura tenía que socavar “La Fiesta del Sol” con artilugios; a veces el entonces director de Relaciones Internacionales del Ministerio de Cultura, usaba un argumento de alguien bien jutía[4], ¡los grupos eran políticamente sospechosos! Yo quisiera saber cuál era la peligrosidad política de artistas populares que apenas podían subsistir porque no tenían dinero, provenientes de países que se pueden circundar en un día o menos.

De dinero se trató el mayor traspié que pudieron usar los burócratas que se asustaban ante aquellos “locos” que no se regían por las reglas pautadas para los obedientes tranquilitos.

James tenía que ir a la Habana todos los años a explicar cómo sería la edición del festival de ese año y saber con qué financiamiento contaría. Joel James ciertamente no se parecía para nada a Alicia Alonso. En el prestigioso Festival Internacional de la Habana no se le decía que no al chorro de dinero que necesitaba la Sra. Alonso. Pero el Festival del Caribe de Santiago de Cuba se pretendía costearlo con la plusvalía de los maniseros en el parque del Prado. Joel, con el encanto de la gente que no se ajustan a las reglas absurdas y con la firmeza de quien cree en lo que está haciendo, and last but not least porque negociaba a lo santiaguero, finalmente lograba todos los años un presupuesto en donde no sobraba un centavo. Yo lo sé de primera mano; participaba en esas negociaciones; trabajaba en el Ministerio de Cultura; no abría la boca; tenía un conflicto de intereses como dirían los abogados.

Contra viento y marea lograban los miembros de la Casa del Caribe un festival maravilloso, nada ortodoxo, popular, culto, dinámico y divertidísimo.

La Casa del Caribe también la fundó Joel; en ella trabajaron algunos de los intelectuales[5] más destacados de Santiago, y de Cuba; no voy a enumerarlos por si acaso se me queda afuera alguien. Uno de ellos, José M. Fernández Pequeño, acaba de publicar un libro de cuentos que resultó premiado en República Dominicana, según un artículo publicado en este sitio. Para la historia de la cultura cubana habría de haber más exégesis sobre la vasta obra de estos creadores.

La Casa del Caribe era un centro de investigación; los burócratas decían que era caótica, indisciplinada, que no se cumplía con un horario de trabajo, pero, ¿saben qué? se regía por las mismas reglas de las corporaciones y Wall Street: no importaba el método, sino el resultado. La revista Del Caribe se publicaba a tiempo y brindaba al lector abundante información sobre temas culturales antes desconocidos. Para ella colaboraban los más destacados autores del Caribe y estudiosos sobre la cultura de la región en otros países; La Fiesta del Sol tenía un prestigio internacional.

Joel James es parte muy importante de la cultura de Cuba.

Creía en el gobierno de Cuba; eso causó grandes diferencias acaloradas ente nosotros; pienso que se debía a que si dejaba de creer se le iba abajo su vida; desde que era un adolescente apenas salido de la infancia dio todo a una causa equivocada.

Lo dejé de ver hace muchos años. No sé si murió, como Sancho Panza, creyendo hasta el final en la “Ínsula Abaratada”.



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