Actualizado: 14/12/2018 10:51
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Películas biográficas

Dos películas recientes ejemplifican los problemas que enfrentan los directores y actores que se lanzan al género biográfico

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Las películas biográficas siempre navegan en aguas turbias. No es fácil crear una narrativa alrededor de personajes que, por una parte forman parte de la historia, la cultura popular, el folclore o la política y que, sobre todo en el caso de los personajes contemporáneos, han estado presentes en la prensa y los medios audiovisuales con una asiduidad que convierten sus vidas públicas casi en actividades cotidianas que sus seguidores, estudiosos o fanáticos tienden a observarlos como parte de sus vidas privadas y los confunden en objeto de idolatría o desprecio. También hay que considerar el interés de los realizadores en el tipo de obra que quieren crear. Unos apuestan por un enfoque artístico, creativo, estando dispuestos a correr riesgos con sus interpretaciones de la vida íntima de los personajes escogidos. Otros se limitan a una obra informativa, comercial, quizá con algún mensaje inspiracional.

Dos películas recientes ejemplifican los problemas que enfrentan los directores y actores que se lanzan al género biográfico, quizá porque se sienten más cómodos transitando por un tema conocido, que creando un argumento alrededor de un personaje ficticio.

A Private War está centrada en aspectos significativos de la vida de la periodista americana Marie Colvin, quien como corresponsal de guerra y de asuntos extranjeros para el periódico británico The Sunday Times cubrió los conflictos en Kosovo, Chechenia, Sierra Leona, Sri Lanka y principalmente los sucesos en Siria y en todo el Medio Oriente.

Matthew Heineman dirige su primer largometraje de ficción con soltura, sin mucho esfuerzo. Con el ojo del documentalista que es, va narrando como Colvin perdió un ojo cubriendo la guerra de los tamiles en Sri Lanka, ganó numerosos premios internacionales por su coraje y talento, perdió relaciones íntimas por su entrega al oficio periodístico y en medio de ello era una mujer que, debajo de su ropa de campaña, vestía ropa interior de diseñadores porque, según ella, no quería que cuando encontraran su cadáver en alguna zona de guerra, pensaran que era una mujer de mal gusto.

Este tema, que en los días que corren pudo haber resultado una entusiasta glorificación del oficio del periodista y la exaltación desmesurada de la figura de Colvin, se va dando —de la mano de Heineman y con la eficiente y comedida actuación de Rosamund Pike (Beirut, Gone Girl), una actriz que jamás se repite— sin mucha fanfarria con los elementos del cine comercial utilizados con eficiencia y sin estridencia, con un enfoque lineal y una narrativa clara que salta de 2001 a 2010, con algunas escenas de pesadilla, resultando en un filme que se deja ver bien, al cual no hay que exigirle mucho, pero que cumple con su cometido.

Basada en un artículo de Arash Amel aparecido en la revista Vanity Fair, la trama nos lleva de Sri Lanka, donde Colvin perdió parte de un ojo, tras lo cual comenzó a usar un parche que la hacía lucir una pirata, a Homs, Siria, donde perdió su vida en 2010 tratando de informar al mundo sobre una cruel guerra en la cual miles de civiles morían atrozmente a manos de las fuerzas del presidente sirio Bashar Assad. El dramatismo y la emotividad están bien controlados. También contiene escenas de una violencia perturbadoramente realista, gracias a la excelente fotografía del gran Robert Richardson. Sin ser la obra maestra que nunca se propuso ser, es un filme muy bien actuado, bien dirigido y sin muchas sorpresas, pero bien logrado.

Más efectista y con el ojo bien puesto en la taquilla, resulta ser Bohemian Rhapsody, basado en el surgimiento y desarrollo del icónico grupo de rock Queen, pero centrándose mayormente en la figura carismática de su cantante Freddie Mercury.

Más allá de una insistencia en los orígenes farsi de Freddie y una políticamente correcta explicación de ciertos detalles de dicha cultura, el filme no ofrece una gota de información que cualquier fanático ordinario del grupo no sepa y, de hecho, cambia bastantes cosas para disgusto de los mismos. Personajes y situaciones son caricaturescos, simplistas y demasiado prefabricados, siempre en busca de punch-lines que se vuelven excesivos, aburridos y previsibles. El filme es un gran concierto de Queen, eso sí, muy bien montado en todos sus aspectos y como la producción contó con la bendición de los miembros del grupo, pues utilizó toda la música original del mismo, incluyendo cinco grabaciones inéditas. O sea, lo que lo deja uno con ganas de seguir viendo la película, es la música de Queen, así que a quienes no les gusta el grupo, ni se molesten en ir a verla.

Rami Malek, el joven actor que ha sido lanzado a la fama por su rol en la serie televisiva Mr. Robot, ha realizado un extraordinario trabajo y ha personificado a Freddie con fidelidad compulsiva, sin embargo, la construcción del personaje en su totalidad es débil, porque no hay diferenciación entre el Freddie público y el Freddie privado. Su vulnerabilidad íntima es esporádica y lacrimógena.

El director Bryan Singer ha degenerado tanto como artista, de The Usual Suspects a los X-Men, que parece un director ausente. El filme parece construido por una computadora a la cual se le alimentaron todos los datos de lo peor del melodrama biográfico.

El guion de Anthony McCarten (Darkest Hour) y Peter Morgan (Frost/Nixon) es tan conservador, para un tema supuestamente atrevido, que enfocan con sordidez las relaciones homosexuales orgiásticas, mientras que purifican las relaciones homosexuales monogámicas. De la misma manera que los filmes comerciales más conservadores enfocan las relaciones heterosexuales.

Lo mejor de Bohemian Rhapsody, para quienes disfrutan de Queen, y me cuento entre ellos, es que uno puede disfrutar de las canciones completas con los extraordinarios sistemas de audio de los cines ultramodernos. El resto es utilería barata.

A Private War (Gran Bretaña/Estados Unidos, 2018). Dirección: Matthew Heineman. Guion: Marie Brenner y Arash Amel. Director de fotografía: Rober Richardson. Con: Rosamund Pike, Tom Hollander, Jamie Dornan y Stanley Tucci.

Bohemian Rhapsody (Gran Bretaña/Estados Unidos, 2018). Dirección: Bryan Singer. Guion: Anthony McCarten y Peter Morgan. Director de fotografía: Newton Thomas Sigel. Con: Rami Malek, Tom Hollander, Lucy Boynton y Gwilym Lee.

Ambos filmes se exhiben ampliamente en todas las ciudades importantes de Estados Unidos.


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