Actualizado: 20/10/2021 13:39
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Literatura, Teatro

Recordatorio merecido

Los Camejo (Pepe y Carucha), así como Pepe Carril, lograron a través de mucho trabajo, esfuerzo e invenciones de todo tipo, brindar un mundo de ilusiones que los niños necesitaban

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Al fin se publicó lo que ocurrió antes y después en nuestro Teatro Nacional de Guiñol. Para ello, los autores, Rubén Darío Salazar y Norge Espinosa Mendoza, realizaron una ardua pesquisa, cuyos resultados los encontramos en este Mito, verdad y retablo: el Guiñol de los hermanos Camejo y Pepe Carril, ediciones UNION, 2012, La Habana.

En él hallamos el génesis de los que emprendieron este empeño cultural, que fructificó y casi sucumbió en los años setenta, y que hasta la actualidad no ha sido superado.

La riqueza de aquellas puestas en escena, la armonía comunicativa conseguida principalmente para el público infantil, consiguieron un sello debido al esfuerzo de estas tres figuras anteriormente mencionadas, que junto a otros ilusionados por este quehacer nada fácil lograron que el Teatro para Niños alcanzara el alto nivel obtenido, desde la década de 1960 en que el grupo recibió el local que mantiene en la actualidad, en los bajos del edificio FOCSA, en El Vedado, La Habana.

Los Camejo (Pepe y Carucha) y Pepe Carril lograron a través de mucho trabajo, esfuerzo e invenciones de todo tipo, brindar un mundo de ilusiones que aquellos niños necesitaban, mediante la fantasía, la risa y la música, junto a un engranaje con otras acciones que algunos todavía recuerdan. Hoy en día apenas queda copia, a no ser el recuerdo, de todo lo que lograron estas figuras, hasta ahora casi olvidadas, con su mínima cuota de añoranza para aquellos que pueden cerrar los ojos y volver a esos años, cuando el personaje de Pelusín nos hacía reír a pesar de nuestras.

La perfección de sus puestas en escena, en sus funciones para adultos (¡oh, cómo olvidar el Don Juan Tenorio y La corte del Faraón! ), hacía que para ver estas representaciones a veces había que hacer antes una cola en la entrada, algo que en la actualidad, eso no sucede tan a menudo.

Sin embargo, como en la mayoría de las ocasiones en Cuba, esa posición que no era contraria pero sí más humana que otra cualquier otra en el ámbito nacional, se vio en medio de una confrontación en el año setenta, cuando la cultura nacional sufrió no sólo un estancamiento artístico, sino un retroceso que aunque parezca insólito, no ha sido posible superarlo.

Resultado, el Trío (Pepe, Carucha y el otro Pepe), fueron las clásicas víctimas que en esta edición se relata tristemente el final de sus proyectos teatrales, cayendo el Guiñol Nacional en un hueco, que hasta hoy no se ha podido evitar.

Además, para ser justo, no solo en dicho Teatro fueron víctimas los mencionados. Hay otros que sufrieron también, aunque quizá no con tanta repercusión en sus vidas. Pero, eso sí, unos por esto y otros por aquello, no resultaron inmunes. Y el dolor fue (o quizá se mantiene todavía), que muchos evitan hablar del asunto, como si no quisieran que se nombrara.

De todos modos, Espinosa y Darío Salazar, hurgaron con el cincel del dolor para que anécdotas lo mismo de risas y tristezas, ponen en el lector páginas que nadie podrá borrar aunque casi ni se nombre, y todo parezca no solo como cosa del pasado, sino lo peor, que no sucedió.

De todos modos, cuando este comentarista pasa por frente al Guiñol Nacional, no puede evitar recordar, aunque sea fugazmente, momentos o segundos, cuando visitaba esa pequeña sala, y ruega a quien tenga que rogar, para darle a Pepe y Carucha Camejo, y a Pepe Carril, un beso y un fraternal abrazo póstumo por todo lo que contra viento y marea lograron para que nuestro Guiñol Nacional alcanzara el nivel conseguido.

Y por supuesto, para los autores de esta obra el agradecimiento por el hecho de que Mito, verdad y retablo: de los hermanos Camejo y Pepe Carril haya aparecido en nuestras librerías.


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