Actualizado: 17/05/2022 17:16
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Sin aplausos cortesanos

Nueva generación de escritores cubanos: La mayoría sabe que un poeta compite con Catulo y Lezama, no con la UNEAC.

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Cuando esta nueva generación comienza a transitar de la adolescencia a la juventud, las nuestras se consuelan ante la evidencia de que no podrá volver el "realismo socialista". La barricada se transforma en almohada, aplaude los mundos interiores mientras no salgan a la calle, una calle donde ya la cultura de la queja y del desencanto es la dueña de exclamaciones y murmullos.

La pubertad les visitó cuando sus padres estábamos "inventando" y "escapando", pero bajo la astucia programada de que mejor era escribir sobre la Condesa de Merlín que sobre la Federación de Mujeres Cubanas y su clan dirigente, que mejor se leía a Mariano Brull que a Nicolás Guillén, cuyos poemas críticos —como Digo que yo no soy un hombre puro— era preferible que yacieran en una página perdida de las obras completas, porque el "hombre nuevo" sólo se había pospuesto.

Ni hablar de "angustia de las influencias" respecto de Vallejo o Neruda, porque enseguida saldrían Paz y Padilla. La revolución en la psique o en la metáfora, nunca denunciando el desplome, porque se hizo axiomático que ningún escritor honrado —aun entre los escasos creyentes— podía alabar los restos inmóviles de lo que fuera un hermoso proyecto social.

Quinquenios de colores

En ese limbo —pantano confuso— que incluye por supuesto los medios académicos, mucho más timoratos que los artísticos, comienza a emborronar cuartillas la generación emergente en este nuevo milenio, la del nuevo siglo XXI que amanece el 11 de septiembre de 2001, bajo el fanatismo terrorista y las pervivencias de crueles desigualdades, asquerosas corrupciones y globales mercadotecnias.

Cada una bien manipulada por el conservatismo "orgánico" y de "izquierda" —la superada manía ortopédica—, como si una hambruna en Etiopía explicara la ausencia de boniato en Santiago de Cuba, un derrumbe en París el hacinamiento en la Habana Vieja; como si un periodista asesinado en Colombia, crimen denunciado por Reporteros Sin Fronteras, justificara los encarcelamientos de disidentes e inhabilitara la condena de la misma organización no gubernamental.

Han crecido junto al padre que maldecía los salarios de miseria, mientras robaba papel de su oficina y lo vendía a los maniseros del barrio; a la madre que abominaba al Señor de las Moscas cuando hablaba seis horas y posponía la telenovela brasileña porque los dos canales de entonces —y aún los de hoy—, como las emisoras de radio, literalmente se encadenaban.

Pero siguen viendo que muchos de esos mismos padres y tíos y abuelos, que en la casa despotrican contra la realidad socialista, les aconsejan silencios, mesuras, aplaudir cuando no quede otro remedio en la asamblea de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media o en la Federación Estudiantil Universitaria. Y hay hasta casos donde la familia militante del Partido —aunque ya no crean ni en los mártires— persuade a la hija a que ingrese en la Unión de Jóvenes Comunistas, coja su carné de corsaria…