Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Crítica musical, Música, Música cubana

Sintagmas y estribillos: elogio de la belleza

Sobre el libro Un sintagma por aquí, un estribillo por allá, de Carlos Olivares Baró

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Las críticas literarias y musicales de Carlos Olivares Baró, incisivas, minuciosas, pero bellamente escritas, pulcramente bordadas letra por letra: me recuerdan siempre la compra de una pintura que te parece muy cara y, al llevarla al taller para enmarcarla, descubres que el diseño de un buen marco es todavía más caro que la obra.

Porque, a menudo, sus reseñas superan en metáforas, en preocupación por la estética de la palabra escrita, a las propias obras que desmenuzan. Él suele confesar que su secreto está en que no se ocupa de malos libros. Sin embargo, yo creo que su éxito está en su singular generosidad de crítico que regala las uvas, la pulpa toda al lector, y se queda él con las semillas.

Pero cuando se trata de Carlos Olivares Baró es imposible separar sus cualidades como uno de los dos o tres mejores críticos y musicólogos en idioma español, de su personalidad expansiva, exuberantemente caribeña. Porque, se tiene que saber que Carlos Olivares Baró es un caribe nato: nació en Guantánamo, donde late el corazón geográfico de ese mar verdeazul.

Esa mezcla de trabajo excelso y personalidad abarcadora lo convierten en un asunto serio para los editores de un periódico: si Ernest Hemingway entraba a las redacciones con las botas llenas aún de barro de la batalla exigiendo cuatro planas para sus reportajes; Carlos Olivares Baró lo hace cargado de libros y discos para cuyas reseñas reclama lo mismo que Hemingway.

Y, como al autor de Fiesta, hay que hacerle caso: Carlos Olivares Baró entrega siempre una reseña que, más que eso, es una pequeña pieza literaria sobre la obra que da a conocer en sus textos. Es entonces cuando el trabajo de Carlos Olivares Baró me remite otra vez a las artes, a cuando adquieres una pintura que es tan tremendamente buena, que únicamente luce si tiene una pared para ella sola.

Así que los editores acaban rendidos: las reseñas de Carlos Olivares Baró tienen un brillo tan vivo y particular, una calidad literaria tan compleja, que tienen que irse a plana completa a la rotativa. Son fragmentos perfectos, pero también ególatras, soberbios… no soportan como compañeros de espacio a una simple nota sobre un suceso cultural ordinario.

Pero, por algún lugar le entra el agua al coco: Carlos Olivares Baró es hijo de una de las corrientes culturales e intelectuales más activas, chispeantes y sólidas de todas las épocas, que se empezó a gestar en Cuba casi desde su surgimiento como nación cuando, por su posición geográfica, la Isla se convirtió en el lugar donde anclaba el poder de la metrópoli española en el continente americano.

Debido a que durante siglos concentró las riquezas del imperio para que desde la isla fueran enviadas a España, Cuba fue una encrucijada marítima donde confluían dos abundancias: la de las ideas y las corrientes de pensamiento más ilustrado, que los vientos llevaban de un continente a otro; y las mercancías preciosas del pillaje español en América. Es decir, cultura y recursos económicos para expandir el conocimiento.

En el cenit de aquel cocimiento cultural que se extendió por más de tres siglos, nació y se formó intelectualmente Carlos Olivares Baró, con tanta suerte que se cultivó directamente de las enseñanzas de los creadores de la revista Orígenes, fundada en 1939, pero cuyos miembros se encontraban en la flor de su talento al momento en que él llegó a frecuentarlos: José Lezama Lima, Eliseo Diego, Virgilio Piñera.

Es posible entender entonces de dónde procede la solidez intelectual que convierte a Carlos Olivares Baró en uno de los dos o tres mejores críticos literarios y musicólogos en idioma español. Pero tengo que agregar algo que es igual de importante en este mulato cubano de pura cepa: su inabarcable capacidad para transmitir amor, y su absoluta incapacidad para vivir sin recibir amor.

Y la pregunta es lógica: ¿Que tiene que ver el amor con la crítica literaria? Pues este caso, mucho. Porque Carlos Olivares Baró ama los libros, ama la música. Y, por encima del saber, los placeres, la vida que transmiten, todo lo que necesitan los libros y los discos es amor. El amor que les da Carlos Olivares Baró en Un sintagma por aquí, un estribillo por allá (Editorial Libros del Dinosaurio, México, 2017).


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