Actualizado: 16/08/2019 16:52
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Tarantino IX

A este filme lo lastran los esfuerzos por darle veracidad y credibilidad a quienes representan personas del mundo cinematográfico de la época

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Once Upon a Time… in Hollywood es el noveno filme escrito y dirigido por Quentin Tarantino. Eso es si uno cuenta Kill Bill como dos filmes diferentes (en realidad fueron realizados como una sola obra, pero la distribuidora lo obligó a dividirlo en dos y a estrenarlos por separado), e ignora su primer y desconocido largometraje, My Best Friend’s Birthday, hecho en 1987 con un presupuesto de cinco mil dólares.

Con esa relativamente corta producción (aunque muchas otras películas en las que trabajó como guionista, llevan su marca distintiva, como True Romance y Natural Born Killers), Tarantino es uno de los directores más influyentes en el cine contemporáneo. Su prestigio va mucho más allá de las fronteras del cine americano.

Su nuevo filme gira alrededor de las figuras de Rick Dalton y Cliff Booth, interpretados por Leonardo DiCaprio y Brad Pitt respectivamente, y su posible protagonismo en los asesinatos que la banda de Charles Manson cometió el 9 de agosto de 1969 en la propiedad que alquilaba Roman Polanski, en Cielo Drive, una zona de Beverly Hills.

Dalton es un actor aun no venido, pero sí viniendo a menos. Sus oportunidades se van reduciendo y los roles que le ofrecen son muy limitados. Booth es su doble en las películas, pero a la vez actúa como su sirviente, “más que un hermano y menos que una esposa”, como se dice en el filme. Ambos son personajes ficticios, pero Tarantino se ocupa de insertarlos en un mundo muy real, rodeados de personajes reales y aquí reside uno de los problemas del filme. Hay una insistencia por parte del realizador de convencernos, con afán casi de documentalista, de la realidad de los otros personajes y de las filmaciones a las cuales se presentan Dalton y Booth. Para ello se vuelve excesivamente reiterativo y explicativo, algo no común en los filmes de Tarantino.

Dalton trabaja con James Stacy y Sam Wanamaker, mientras en un momento de descanso de un rodaje, Booth vence en una trifulca a Bruce Lee. Pero para que no dudemos de su realidad (para quienes no conocen a estos actores y directores), Tarantino se prolija en datos y detalles que, a la no muy larga, aburren. Es una cuestionable concesión al público, un deseo de ser entendido por todos.

Por otra parte, Dalton es vecino de Polanski y Sharon Tate. Ellos viven en la misma calle, un poco más arriba, pero su entrada privada está al lado de la casa de Dalton. Era la casa donde alquilaron Cary Grant, Henry Fonda y finalmente Terry Melcher (hijo de Doris Day) y su novia Candice Bergen. Manson visitó la casa invitado por Dennis Wilson, para que Melcher, que era un conocido productor musical, escuchara algo de su producción, pero fue rechazado bruscamente y de ahí se especula surgió su odio y su deseo de matar a quien residiera en la mansión.

En una secuencia Manson deambula por el área, entra en la residencia de Polanski y allí le pregunta a Jay Sebring (un famoso peluquero de las estrellas, exnovio de Tate y uno de los individuos en los que se basa el personaje de Warren Beatty en Shampoo) por Melcher y Sebring le informa que ya no residen ahí.

Por su parte, Booth tiene un encuentro casual con una de las “chicas Manson” y la lleva hasta el Spahn Ranch, donde conoce a Tex Watson, uno de los que en la fatídica noche asesinó a Tate y a Sebring (Polanski estaba filmando en Londres). Todo queda obviamente dispuesto para que sepamos que las historias van a confluir.

Los esfuerzos por darle veracidad y credibilidad a los personajes reales en realidad lastran el filme. Tarantino siempre ha usado referencias, alusiones y guiños en su cine, pero sin explicaciones, las conexiones intertextuales siempre las da con fluidez, muy integrada a la forma y el fondo de la obra, pero aquí la repetición que a veces tiene intenciones humorísticas que no logra, resultan condescendientes y el arte se vuelve artificio por su superficialidad y ramplonería.

Me pasé 130 minutos esperando por ver la garra de Tarantino. Finalmente, como hizo en Inglorious Basterds, rescribe la historia y la convierte en un cuento de hadas violento, víctimas y victimarios se intercambian y nada es como fue, sino como quizá pudo ser, algo cercano a un final feliz. Es en estos últimos treinta minutos donde aparece Tarantino en plena forma. Aunque ya es un poco tarde, nos ha aletargado innecesariamente durante mas de dos horas, logra que uno se vaya con una buena impresión de una película frustrante.

A mi no me gusta Leonardo DiCaprio. Me parece un actor que no se ha desarrollado. Empezó muy bien en What’s Eating Gilbert Grape, pero a partir de ahí en lugar de acercarse a los personajes para interpretarlos, lo único que ha hecho es acercar a los personajes a DiCaprio. Se ha vuelto personaje y no actor. Aquí está un poco mejor que en otros filmes, resulta algo más convincente. En eso lo ayuda la extraordinaria actuación de Brad Pitt, que encarna el papel de segundón muy bien y prácticamente se roba el filme. Margot Robbie interpreta a Sharon Tate muy bien, tal y como la escribe Tarantino, una seso hueco sin maldad, encantada de estar entre famosos. Destacan también Timothy Oliphant como James Stacy, Emile Hirsch como Jay Sebring y Margaret Qualley como Pussycat.

En una breve actuación, Al Pacino interpreta a Marvin Schwartz (Schwarzs insiste él mismo en la cinta), un productor que en realidad existió y que le ofrece a Dalton la posibilidad de trabajar en unos spaghetti westerns en Italia, con Sergio Corbucci. “El otro Sergio”, como dice Schwarzs en la película, en homenaje a Sergio Leone, a quien también el título del filme homenajea.

Con conocimiento enciclopédico de autodidacta obsesivo, la banda sonora que escoge Tarantino es perfecta para representar la época y los detalles. Escoge canciones no muy famosas de grupos icónicos de la contracultura. Va de Paul Revere and The Raiders, Joe Cocker, Deep Purple y Rolling Stones, a The Box Tops, Bob Seger, Neil Diamond. Simon and Garfunkel y Mitch Ryder, hasta Los Bravos y José Feliciano. Su eclecticismo es original.

La fotografía del veterano Robert Richardson capta bien el tono de la época, apoyado en un excelente trabajo de los diseñadores y vestuaristas, Arianne Phillips, Barbara Ling y John Dexter.

Es, en definitiva, un filme malo de un gran director. ¿Será que, como el personaje de Dalton, Tarantino se está viniendo a menos?

Once Upon a Time… in Hollywood (Estados Unidos/Gran Bretaña/China, 2019). Guion y dirección: Quentin Tarantino. Director de fotografía: Robert Richardson. Con: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Margaret Qualley, Timothy Oliphant y Emile Hirsch.

De estreno amplio en todo Estados Unidos.


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