Actualizado: 21/04/2019 15:40
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Cine, Cine polaco, Arte 7

Totalitarismo, arte y amor

Este filme está lleno de elipsis que están bien calculadas para evitar el didactismo y bajar el nivel de solemnidad histórica

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Irena y Wiktor son dos músicos que andan de gira por la campiña polaca buscando temas y talentos de la música folcrórica polaca. Buscan intérpretes bien crudos, tanto que Kaczmarek, quien les maneja y les supervisa, les dice: “De donde yo vengo todos los borrachos cantan así”. Corre el año 1949, la guerra apenas ha acabado y los soviéticos recién se han posesionado del país.

Las primeras imágenes que nos muestra el filme Cold War son de esos intérpretes rurales y las canciones en su expresión melódica más pura. Luego de hacer su selección, Irena, Wiktor y los elegidos van a una mansión campestre abandonada, ahora propiedad del Estado, e inmediatamente Kaczmarek comienza a inculcarles el evangelio partidista y a ensalzar el rol que ellos van a jugar en la promoción de la ideología reinante y les promete viajes a las capitales de los países recién ocupados por la Unión Soviética.

A medida que se entrenan bajo el ojo crítico de Irena y Wiktor se les va exigiendo que cambien las letras de algunas de las canciones para que expresen las ideas de los “nuevos representantes del pueblo polaco” y el filme va mostrando con gran sutileza como las cadencias y las coreografías van cambiando para resultar más atractivas a una mayor cantidad de público.

Entre los talentos descubiertos se encuentra Zula, una joven decidida a triunfar y a sobrepasar sus límites. Tiene presencia escénica, una voz excelente y gran expresividad interpretativa. Wiktor se enamora de ella y comienzan la relación que durante quince años va a ser el centro de la trama de la película. Un posible amor imposible.

Tras presentar el primer espectáculo, para la cual se han hecho cambios a las coreografías y a los números musicales que ensalzan las ideas del partido y muestran su vinculación con las bases populares, hecho que Kaczmarek, como vocero oficial destaca en la presentación, Irena, asqueada, decide abandonar su trabajo. Wiktor, en parte por su relación con Zula y en parte por otros planes secretos que tiene, decide continuar como director musical del espectáculo.

Primero, Zula le confiesa que le han pedido que informe sobre él, pero ella no revelará nada importante. Lego, cuando el conjunto es llevado a Berlín, Wiktor decide escapar a la zona francesa y de ahí a Paris y aunque se pone de acuerdo con Zula, esta no se decide a partir. Mientras Wiktor es un hombre educado y cosmopolita, Zula no deja de ser una campesina ignorante. A partir de este momento comienzan los altibajos de la relación. Se convierte en una relación irracional en la cual ambos se unen y se desunen a raíz de lo mejor y lo peor de sus personalidades.

Los protagonistas no solamente son víctimas de sus diferencias personales, sino que también quedan aplastados por el peso de la política en una nación en la cual el Estado se ha convertido en un monstruo omnívoro y omnipresente que se inmiscuye en las actividades más íntimas de cada ciudadano. Wiktor y Zula son dos seres ordinarios viviendo bajo condiciones extraordinarias, en un país que sale de la represión del nazismo para caer en la represión del comunismo soviético, con el estalinismo en plena ascensión. Es la Historia atomizando a la historia. Los seres humanos como mero sujetos históricos. El ciudadano como extensión del estado.

Pawel Pawlikowski (Varsovia, 1957), se fue de Polonia, con su madre, a los 14 años. Llegó a Londres creyendo que iba de vacaciones y allí se quedó hasta graduarse en estudios de literatura alemana en la universidad de Oxford. Muchos años después se mudó a Paris y hace poco tiempo regresó a Polonia, donde se ha establecido. Debutó como cineasta en la televisión británica y sus primeros largometrajes los realizó como un director británico, tanto en temática como en estilo. Su segundo largometraje, Last Resort (2000) sobre una joven rusa que llega a Londres y pide asilo político, le dio reconocimiento internacional. Su siguiente largometraje fue My Summer of Love (2004), que lo reafirmó como cineasta y nos introdujo a Emily Blunt. No realizó ningún otro filme hasta siete años después, ya radicado en Paris y tras enviudar, luego de que su esposa sufriera por largo tiempo. Ese filme fue The Woman in the Fifth (2011), con Ethan Hawke y Kristin Scott-Thomas, también sobre una relación tormentosa, pero un filme errático. En 2013 realizó la extraordinaria película Ida, en la cual el personaje central, una novicia de 18 años que nunca ha salido del convento, y a la cual se le da la oportunidad de experimentar brevemente la vida fuera del claustro, se entera de su ascendencia judía, algo que también le pasó a Pawlikowski, quien a los 17 años se enteró de sus antepasados judíos.

En Cold War no solamente retoma la temática polaca, sino que adopta un estilo (ya lo había hecho en Ida), que lo acerca a la visión de la época que proyectaron entonces Wajzda, Kawalerowickz, Has, Munk y el primer Polanski, en filmes como Eroica, Manuscripto encontrado en Zaragoza, Cenizas y diamantes y Cuchillo en el agua, entre otros. Pawlowski vuelve a filmar en blanco y negro con una tonalidad que asemeja en encuadre e iluminación al cine de aquella época. Tanto es así que el grano es apenas distinguible del de una cinta italiana de los años cincuenta al cual Wiktor le está poniendo música. Para ello contó con la colaboración de Lukasz Zal, el extraordinario fotógrafo polaco con quien ya había trabajado en Ida. Zal cuenta también en su haber con la excelente fotografía de Dovlatov (2018).

Tomasz Kot como Wiktor y Joanna Kulig como Zula se desempeñan con gran comedimiento, asumiendo dos personajes trágicos que pudieran prestarse a la exageración y el sentimentalismo. Borys Szyc como el funcionario Kaczmarek y Agata Kulesza en su breve aparición como Irena, están también excelentes.

Pawlikowski, como siempre hace, trabaja su propio guion. El filme está lleno de elipsis que están bien calculadas para evitar el didactismo y bajar el nivel de solemnidad histórica del filme. Es una narrativa artísticamente inteligente. No hace falta más. Aunque la mayoría de los críticos americanos parecen molestos con eso. Muchos no parecen haber entendido nada, a pesar de que las opiniones son extremadamente favorables al filme. Parecen querer más “contenidismo”, algo que está muy de moda, o más explicaciones pedagógicas sobre la época, quizá por su ignorancia sobre el tema del totalitarismo.

Cold War ya ha ganado innumerables premios, entre ellos el de mejor director e Cannes y la mejor película europea en los recientes Goya. Ahora está nominada para varios óscares, que incluyen mejor filme en lengua extranjera, mejor dirección y mejor fotografía. Es una obra maestra que no debe dejar de verse y que está realizada en solamente 89 minutos.

Cold War (Polonia/Gran Bretaña/Francia, 2018). Dirección: Pawel Pawlikoski. Guion: Pawel Pawlikowski, Janusz Glowacki y Piotr Borkowski. Director de fotografía: Lukasz Zal. Con: Tomasz Kot, Joanna Kulig, Borys Szyc y Agata Kulesza. De estreno amplio en todas las ciudades americanas. El 22 de marzo estará disponible en Amazon.


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