Actualizado: 15/02/2019 14:21
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Artes Plásticas

Un grito de resistencia

De lo onírico a las tristezas de una demacrada realidad: Una exposición en Barcelona exhibe las últimas creaciones del vídeo cubano.

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Loop, la feria de videoarte que anualmente se organiza en Barcelona, acogió en esta ocasión obras de artistas cubanos como parte de la exposición Asalto al cielo. El proyecto, comisariado por Magali Espinosa, Wendy Navarro y Joaquín Barriendos, incluyó trabajos de ocho artistas —en su mayoría muy jóvenes—, que se exhibieron en distintas sedes institucionales y galerías que participaron en el programa de este festival. También, como parte de este evento, los comisarios de la muestra y los artistas Glenda León y Abel Oliva sostuvieron el pasado 20 mayo una charla sobre las dinámicas de la videocreación en la Isla.

Entre los días 19 y 21 de mayo pasado, los espacios del CCCB, DistritoQuinto, el Instituto Francés de Barcelona, SLDSTR, Miscelänea, la Fundación Caixa Catalunya y la galería Pagès Espai D'Art, acogieron una muestra del vídeo cubano, con ese ánimo de subversión, lirismo, crítica e introspección que caracteriza las poéticas de algunos de los creadores que confluyeron en la exposición, como el dueto Luis o Miguel, o Adonis Flores.

Entre los artitas incluidos en Asalto al cielo sobresalieron Lázaro Saavedra y Juan Carlos Alom, ya reconocidos y que constituyen la referencia a experiencias pioneras en la utilización del vídeo durante la década de los noventa en Cuba.

Saavedra, a través de la documentación de acciones y performances, se adentró en la exploración de las posibilidades del vídeo como lenguaje correlativo al examen del tiempo y a la articulación de mecanismos de representación como instancias ilusorias y falseadas por el poder. Desde el mero uso documental del medio, ha ido transitando hacia la reflexión sobre el propio género del vídeo y lo que éste encarna dentro del abanico de posibilidades tecnológicas de construcción y deconstrucción de los discursos.

La Habana del mito a la ruina

Por su parte, Juan Carlos Alom, cuya obra se asienta en las fronteras difuminadas entre el documental y el cine experimental, y que despliega la maestría y la pericia del fotógrafo nato, llevó a la exposición una pieza ya clásica dentro de su carrera y que, sin lugar a dudas, forma parte de ese diapasón de imágenes emblemáticas de La Habana, que revela el mito de la bella ciudad al tiempo que estremece y sacude la memoria a través de un marcado realismo sin artificios.

Habana Solo (2000-2003) concentra el virtuosismo del ejecutante que rinde tributo a su ciudad, un espacio maltrecho, derruido, lleno de escombros que son vestigios de tiempos de esplendor; pero a la vez se trata del amor por un paisaje donde se imbrican la gente y la arquitectura, en medio de procesos marchitos, para devolvernos sus rostros más amables. Una banda sonora meritoria, en extremo expresiva por el uso de los solos de importantes músicos como José Luis Cortés El Tosco, Frank Emilio, Tata Güines y Pancho Amat, entre otros; y una edición impecable por la consecución del ritmo coherente entre fotografía y música, que posibilita un viaje sensorial desde el más condensado realismo hacia episodios de una visualidad surreal.

También con una propuesta sobre la visión de La Habana, en este caso impregnada de un profundo lirismo, la obra Concierto (2006), de la joven Analía Amaya —quien se está convirtiendo en una de las creadoras más sugerentes de las últimas promociones de egresados del Instituto Superior de Arte—, devolvió al espectador la mirada de una ciudad embelesada en medio de su nocturnidad. El juego acompasado entre destellos lumínicos y música convierten el vídeo de Amaya en una obertura sobre la ilusión. Una ciudad de ensueño, oculta tras las sombras gráciles que deja su arquitectura silueteada en el horizonte. La agonía diaria escapa a estas imágenes que no renuncian a la voluntad de soñar y convocar una cita con la belleza.


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