Actualizado: 26/11/2020 16:04
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Un regalo de cumpleaños

'Viaje a los frutos', un texto laudatorio sobre Fidel Castro que manipula a conveniencia a quienes desprecia.

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Entusiasmo breve

Aparte del texto de Mañach, prólogo a la edición clandestina de La historia me absolverá, fechada en 1954, donde efectivamente Mañach hace una apasionada defensa de Fidel Castro (se citan otros dos textos semejantes publicados por Mañach en la misma época, y se publica otro artículo periodístico suyo aparecido en el Diario de la Marina en abril de 1959), a la vez que reconoce que "un grupo de intelectuales" trabajaron con el manuscrito para añadir las fuentes de los textos citados, los textos de Piñera y Sarduy son los siguientes: de Piñera, una carta a Fidel Castro, publicada el 14 de marzo de 1959, en Diario Libre, donde además de anunciarle una mesa redonda con el tema "Posición del escritor en Cuba", e insistir en las condiciones deplorables en que se encontraban los escritores en la República, le dice: "Queremos cooperar hombro con hombro con la Revolución, mas para ello es preciso que nos saque del estado miserable en que nos debatimos".

A continuación, se trascriben los textos de la mesa redonda, efectuada el 14 de abril de 1959, en el canal 6 del circuito CMQ, moderada por Luis Gómez-Wangüemert, y publicados en el periódico Combate, órgano del Directorio Revolucionario, entre abril y mayo de 1959, según una nota editorial. Tanto la intervención de Piñera como la de Sarduy (y otras dos de José Rodríguez Feo y Nivaria Tejera) insisten prolijamente en la precaria situación del escritor en la República y esperan que esa situación sea corregida por la revolución triunfante, en la que ponen todas sus esperanzas. Son ciertamente estos textos muy interesantes por su alto valor testimonial y por revelar la expectativa que existía por la recién estrenada revolución.

Ahora bien, estos textos —como otros que pudieran recopilarse de otros muchos escritores y artistas— ¿qué tienen de singular? Fueron escritos en 1959, en los mismos albores de la revolución, cuando todo estaba por realizarse, cuando la propia revolución era en sí misma un proyecto, más que una realidad, toda futuro. Esas posiciones de Piñera y Sarduy, esgrimidas por Acosta como una refutación de no se sabe bien qué, no eran para nada desemejantes a la de la mayoría de la intelectualidad cubana. Pero a Acosta no le interesa reconocer lo poco que duró ese entusiasmo para muchos de estos escritores, ni mucho menos por qué.

Mañach murió exiliado en Puerto Rico, desencantado del rumbo socialista de la revolución. No atendió al pedido del propio Fidel Castro —a través de Marinello— de regresar a Cuba. Sarduy, homosexual confeso, si bien nunca practicó un enfrentamiento político directo con la revolución, conoció un largo exilio en Francia, donde nunca apoyó el proceso revolucionario.

El caso de Piñera fue el más trágico. Como se sabe, poco tiempo después de esa mesa redonda, fue apresado por homosexual. Luego, fue interrogado por el propio Fidel Castro en una de las sesiones conocidas como "Palabras a los intelectuales", publicada recientemente por la revista Encuentro No. 43, que trajo como una de sus consecuencias inmediatas la disolución de Lunes de Revolución, semanario donde publicaba asiduamente Piñera.

A partir de entonces, todo le fue cada vez más adverso a Piñera, hasta que, finalmente, como Lezama y otros muchos escritores y artistas, conoció de un verdadero ostracismo desde 1971 hasta su muerte, en 1979, vigilado por la Seguridad del Estado y considerado un homosexual y un contrarrevolucionario.

Manipulación teatral

La historia es conocida. Pero resulta de un cinismo increíble o de un infantilismo político, o ambas cosas, derivar de aquellas iniciales y sinceras palabras de estos u otros escritores, un apoyo eterno a la revolución (pues sólo muestran un lado de la luna) o una suerte de morbosa indiferencia ante las humillaciones a que fueron sometidos con posterioridad, además de eludir el desencanto ideológico de estos u otros escritores a tenor con el rumbo posterior de la revolución o, sencillamente, no contextualizar adecuadamente esos escritos.

Pero lo que hace más patética esta elemental manipulación casi teatral de Eliades Acosta, es comprobar cómo el mismo director de esta puesta en escena (ya adelantada por La Jiribilla) no dudó, en un artículo publicado en la década de los ochenta, en proferir las más severas y dogmáticas descalificaciones, hijas del más burdo realismo socialista, contra Virgilio Piñera, cuando se publicó póstumamente su libro Un fogonazo.

Algunos de estos textos no tienen nada, o muy poco que ver, con el tema central del libro —Fidel Castro—, más allá de ser cartas dirigidas al Líder Máximo, o comentarios sobre sus expectativas para con los escritores y artistas dentro de un proceso revolucionario futuro. Y, por cierto, esas cartas, ¿a quién sino a él iban a ser dirigidas? Quiero decir que algunos de los textos aquí incluidos no abordan directamente la figura de Fidel Castro. Pero acaso como se parte del presupuesto que Fidel Castro es Cuba, la Patria, la Revolución, etcétera, entonces todo puede tener cabida.

Y acaso lo más enervante —algo a lo que nos tiene ya acostumbrados La Jiribilla— es cuando se rescatan juicios de algunos escritores cubanos a favor de la incipiente revolución, como si se sacara un "trapo sucio", o algo que los convertiría luego en traidores, como si la historia y los contextos y las personas no continuaran y cambiaran…

Lo único que pueden demostrar estos documentos de esperanza en la revolución triunfante es que, con más o menos celeridad, según el caso, estos y otros escritores consideraron extraviada o fallida esa esperanza, como otros se mantuvieron fieles a la misma. Mañach no volvió a ser publicado en Cuba hasta la década de los años noventa. Nivaria Tejera nunca más. Severo Sarduy, sólo una novela en la década de los noventa. Pero el caso de Piñera fue peor. Fue sepultado en vida en su propio país. Pero ¿habrá que recordar lo que todo el mundo sabe? ¿Cómo puede un instante borrar toda una historia?

En el caso de Mañach, ¿por qué han esperado hasta 2006 para reconocer su defensa de Fidel Castro cuando estaba preso, luego del asalto al Cuartel Moncada, y su importante papel en la redacción de La historia me absolverá, y su apasionado prólogo? Todo huele a un oportunismo entre cínico y… desesperado, a una grosera y conveniente manipulación, a una falta de ética elemental, pues utilizan a su conveniencia a quienes a la misma vez desprecian.


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