Actualizado: 28/10/2021 12:35
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Un Titón demediado

El documental sobre la vida de Tomás Gutiérrez Alea omite detalles importantes: sus enemigos, los proyectos rechazados o los burócratas que lo ignoraron.

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El reciente documental sobre la vida de Tomás Gutiérrez Alea, Titón: de La Habana a Guantanamera, ha emprendido su camino por el mundo y ahora da vueltas por los festivales de cine. Hace pocos días fue presentado en el Chicago Latino Film Festival, que abre la primavera en la Ciudad de los Vientos. Aunque con una asistencia de público más bien baja, la proyección de la película hizo posible que los amantes del cine cubano echaran un vistazo a la intimidad del aclamado director isleño. La presencia de Mirta Ibarra, esposa y directora del documental, añadió detalles y algo de emoción para un público que, sin duda, se quedó con muchas preguntas que no tendrán una respuesta clara por el momento.

Los que han visto todas las películas de Gutiérrez Alea, siempre han intuido que hay cierta relación entre su obra artística y sus vivencias personales, pero, a falta de información, se hacía imposible apuntar detalles específicos. Quizás la temprana preferencia del director en ciernes por el estilo neorrealista italiano ya denotaba la tendencia a la identificación entre cine y vida. Tampoco hay duda de que las frustraciones provocadas por la burocracia prevalente en Muerte de un burócrata y Guantanamera nacieron del mundo cotidiano del socialismo que Gutiérrez Alea no podía darse el lujo de ignorar como ciudadano de un país donde todo debe llevar el sello de aprobación de alguien que obedece "órdenes superiores".

Pero en Memorias del subdesarrollo se hace más aparente que el director habla de un ambiente social que conoce muy bien. El protagonista, cuya familia se largó en masa hacia Miami en la década de los sesenta, contempla con escepticismo cómo la Isla, y sus espacios vitales más íntimos, se ven invadidos por los gritos y aspavientos de los recién llegados a la "buena vida" de La Habana. De ahí que el título del documental aluda a una especie de viaje vital que comienza en la cuna burguesa de la capital, revelada en el documental, y termina en una especie de caos o gritería con tragedia, una "Guantanamera", al igual que en los programas radiales en los que se escuchaba esta famosa y melancólica canción al momento de cerrar.

Solamente alguien que se hubiera criado en el mismo ambiente del protagonista de Memorias… podría describir con tanto detalle su postura y reacciones, su exclusivismo y frialdad calculadora, su elegancia de cuna. Confirmar esa sospecha constituye el aporte principal de Titón: de La Habana a Guantanamera.

El material biográfico se cuenta en orden cronológico, con fotos de familia y testimonios de la hermana que se largó de Cuba con sus hijos bastante temprano y ahora vive en Puerto Rico. El padre era un abogado de patentes, ocupación esencial en el sistema capitalista y que dejó de existir en la Cuba castrista. También aparecen varias fotos y fragmentos de vídeos tomados en momentos diferentes de la vida compartida con su esposa, la directora del filme. A cada momento, la "vida real" se intercala con escenas de sus películas, detalle que parece mostrar la intención de mantener "realidad" y "arte" enlazados por una misma preocupación.

Viniendo de alguien que estaba tan ligada a la persona y obra del director, la cinta logra comunicar algo de su personalidad, con su carácter tierno y juguetón, pues se trata sobre todo de un homenaje a la fructífera y larga relación de amor y trabajo entre el director y su esposa. Vemos el interior de su casa, su oficina y sus libros, aunque no se puedan leer los títulos. Hay voces de amigos que lo recuerdan con gran admiración, aunque con un lenguaje algo superficial: Évora, Fernando Pérez, Lisandro Otero, pero faltan otros detalles importantes. Nunca se mencionan sus enemigos, o los proyectos que le rechazaron, o los burócratas que lo ignoraban porque desconfiaban de su habilidad para crear una película que se les fuera de las manos y dijera más de lo necesario.

Habrá que seguir esperando, entresacar observaciones dejadas en sus cartas, o esperar a que surjan nuevos testimonios. Por ahora, Titón… nos ha permitido aprender algo acerca de un miembro de aquella generación cubana de clase media, nacida para el éxito material, que entregó lo mejor de su juventud a una utopía aunque, en el caso de Gutiérrez Alea, dejara una obra artística de mérito.


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Tomás Gutiérrez AleaFoto

Tomás Gutiérrez Alea, durante el rodaje de una de sus películas.

Titón, De La Habana a Guantamera, Mirta Ibarra, documental, Cuba, cine

Al habla con Titón

De documental 'Titón, De La Habana a Guantamera', dirigido por Mirtha Ibarra.

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